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jueves, 3 de septiembre de 2026

Amelia

Tengo una hija que se llama Amelia. Es chiquitita, no solo porque tiene tres años, sino por su tamaño. A lo mejor es porque se adelantó tres semanas, o quizá porque sus padres tampoco son tan grandes, quién sabe.

Amelia tiene la cara redondita y rizos castaños que en verano se vuelven rubios como el trigo, y le gusta sonreír y dar besos, pero también correr y andar en patinete. Y jugar a la pelota, le encanta jugar a la pelota. Ya sea al fútbol, al baloncesto o a las palas de playa, puede tirarse horas. Cuando hay niños mayores jugando al fútbol se acerca y se queda absorta en el partido; a veces la invitan a unirse y luego se sorprenden de lo bien que se maneja. Es una niña de pelotas.

Amelia era un bebé muy tranquilo, no lloraba casi nada y dormía mucho rato. Estuvimos valorando cambiarle el nombre a Mari Paz. Pero eso fue antes de empezar a andar, y a correr, y a caerse de puro intrépida. Tiene ya varias cicatrices de esas que tienes que explicar a tus compañeros de universidad o de trabajo: un tajo en la oreja, que casi se la parte entera, recuerdo de nuestra mesa de centro; tres puntos en la frente al mero día siguiente, con la de mis padres; y dos puntos en la sien con una tumbona del patio de mis suegros. Por ahora no tenemos que lamentar nada más importante; toco madera.

Amelia es testaruda e independiente, como muchas mujeres de su familia, pero también empática y cariñosa. Le gusta mucho estar con sus abuelos, y con sus papás, claro, pero yo creo que lo que más le gusta es estar con su hermano. Como supongo que les pasa a todos los hermanos pequeños, tiene auténtica fascinación por él e imita sus comportamientos constantemente. Y él siente una mezcla de orgullo y celos: a veces la protege gallardamente y le enseña a dibujar o a bailar; a veces se pone nervioso porque ella se inmiscuye en su Dibujo de Dinosaurios Número 159. Pero claro, ¿cómo no va a querer participar de algo tan guay, Eneas?

Amelia es un sol que nos calienta cada día con su espontaneidad y su alegría. Cuando vamos a hacer un recado, la gente nos trata mejor, porque claro, quieren quedar bien con ella, quién no querría. Las vecinas en edad de ser abuelas, o el portero del edificio, se deshacen en carantoñas y zalamerías. Ella dice hola, Jojje, o adiós, Jojje, pero yo sé que en el fondo está pensando "vamos a ver, ¿dónde está la pelota?"

Ayer estábamos en el supermercado, cada uno con su carro de compra, y me dio la manita. Y yo pensé que poco más le puedo pedir a la vida, la verdad.





1 comentario:

  1. Muy bonito y muy real. A mi, me encanta Amelia, es tan alegre, curiosa, graciosa.....
    Una niña preciosa!

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