domingo, 26 de febrero de 2017

Indian wedding

Hace una semana y media estábamos Iris y yo, de nuevo, en India. Sí, somos algo monotemáticos, lo reconozco. Pero en este caso la razón del viaje era la boda de Akanksha, la que fue compañera de Iris en el primer estudio en el que trabajó cuando vivió en Ahmedabad. Nos invitó a nosotros y a otros dos chicos españoles que estuvieron en dicho estudio por aquella época, Kepa y Fernando, pamplonica y bilbaíno y muy salaos.

Aprovechando el viaje pero sin ánimo de complicarnos la existencia con una visita elaborada, decidimos pasar unos días en Goa, haciendo algo de turismo y mucho de playa, para además coger algo de color de cara a la boda. Luego volamos a Pune, Maharashtra, como señores, nada de coger trenes ahora que somos DINKs. Hay que gastar.

En Pune nos recibió la familia de Akanksha como huéspedes de honor: nos dieron alojamiento en un hotel de la familia (una habitación enorme para los cuatro), nos dieron de comer y cenar a diario, nos llevaron en coche a todas partes hasta extremos absurdos como cruzar la calle, y nos hicieron partícipes de todas las celebraciones, incluyendo las privadas que tienen lugar únicamente con los familiares de la novia y algunos pocos amigos cercanos.

Como la ceremonia de untarse en cúrcuma la cara...
...o la de la jena en las manos
Eso de la jena es muy curioso. Se trata de un pigmento vegetal con la consistencia de una pomada, que se aplica mediante una especie de manga pastelera. Luego se deja secar durante dos horas, tiempo en el que no puedes tocar el diseño sin estropearlo. A partir de ahí, otras veintipico horas en las que no has de tener cuidado, pero tampoco lavarlo, porque está impregnando la piel. Luego se cae o se retira como una costra y queda el diseño durante una semana larga. Es divertido. Al parecer es una cosa de chicas, pero nos hicimos uno cada uno.

El primer día de celebraciones consistió en estas ceremonias privadas, y nosotros también tuvimos que practicar nuestro baile de Bollywood para la boda en sí, ya que nuestro intento de colar la Macarena como baile regional no pasó los exigentes filtros de Akanksha, que nos mandó a su coreógrafo. Acabamos preparando una coreografía con la canción Señorita de la película Zindagi Na Milegi Dobara (que trata de tres indios de despedida de soltero en España), que aunque ni de lejos tan elaborado como el baile de la peli, causó sensación al día siguiente, el Sangeet.

video

El Sangeet ocurre antes de la boda propiamente dicha y es una fiesta de noche en la que (al menos en nuestro caso) los amigos de los novios, y algunos familiares, y los novios mismos. bailan, cantan o de otro modo actúan para solaz del resto de invitados. Y mientras tanto hay de comer, y luego pincharon un poco de dance indio e internacional y la chavalada se volvió medio loca bailando.

De acuerdo con la fascinación india con las fotos, nos sacamos cientos de las omnipresentes selfies aquella noche:
Rahul, Enzo, Rahul, Iris, Kepa y Fernando preparados para la acción
con Rahul y Akanksha

aquí con Pulak, el fotógrafo,  y Tysia
Total que una sudada considerable (no olvidemos que es clima tropical y que los kurtas son calurosos), al igual que la diversión. Además, le pedimos a Chinu (Shashank, el hermano de Akanksha) el favor de conseguir unas cervezas para tomarnos discretamente en la habitación (ya que en esta boda no hubo ni alcohol ni carne) y el muchacho se presentó con un cargamento de birras, una botella de vodka y cuatro botellitas de whisky. Debió pensar que como occidentales, seríamos bebedores consumados. Por supuesto le pedimos que él y sus amigos (incluyendo el coreógrafo) nos acompañaran, lo cual fue genial porque nos contaron sus aspiraciones y sus intereses, que incluyen la serie de Narcos... Chinu y su amigo Omkar se saben varias frases de la serie en castellano y las soltaban de cuando en cuando, para nuestro deleite.

El día siguiente era el de la ceremonia propiamente dicha, que tuvo lugar en un hotel de cinco estrellas a cierta distancia del nuestro, a lo largo de toda la mañana del día 15. Akanksha y Ojas estuvieron varias horas bajo un palio, haciendo las ofrendas de rigor mientras un par de brahmines recitaban los salmos. Alrededor de este palio, y curiosamente agolpados en la sala del hotel, se encontraban los asistentes, esforzándose por ver los detalles del rito. Mucha otra gente rondaba la terraza donde por la mañana nos pusieron algo de desayunar y a mediodía de comer...

sí, llevo cera en el bigote. Cortesía de Chinu
Los novios vestían el traje tradicional marathi, se regalaron unos anillos gordísimos y en un momento dado quemaron coco o algo similar que levantó una humareda preocupante y que yo no pude menos que ver como una oportunidad de negocio para los purificadores de aire de Dyson.



La boda se prolongó, como he dicho, varias horas, mucho más que una ceremonia cristiana. Sin embargo, esto no era todo, pues aún quedaba la Reception por la tarde-noche. Esta se trata de una celebración abierta al público, en un campo con un gran escenario en el que están los esposos y sus madres, por el cual pasan los invitados a presentar sus respetos y ofrecer los regalos (a Akanksha y Ojas les encantó la fuente de Sargadelos que les regalamos, traída desde el fin del mundo para ellos; nos escribieron unos pocos días después deshaciéndose en agradecimientos...), y sacarse una foto, claro. Además de eso, había un enorme bufé con platos 100 % veg pero también 100% non veg, para los amantes de la carne que sea pollo. 

Teniendo en cuenta que eran 800 invitados, a los que sumar los eventuales que se acercaran a última hora, estuvimos poco con Akanksha y Ojas en ese momento. Pasamos más tiempo con el resto de amigos y familiares, hasta que Akhilesh, el coreógrafo, nos llevó al hotel en su coche; al día siguiente partíamos temprano para Bombay.

La experiencia, en resumen, fue impresionante. Tanto la caleidoscopia propia de este país en sus vestidos, comida y decoración, como el impresionante y edificante trato que nos dieron los Mishra, que no nos dejaron pagar una comida, ni el hotel, ni el transporte; que se preocuparon hasta extremos insospechados de nuestro bienestar, que, en suma, nos dieron el trato de huéspedes de honor, nos dejaron a los cuatro sorprendidos y encantados. Además, pudimos ver muchos detalles desde dentro, que de otro modo nos hubiéramos perdido. Como lo de que te estampen cúrcuma en la cara.

PLAF

martes, 17 de enero de 2017

Año nuevo en Malmesbury

Después de pasar unas navidades espléndidas, rodeado de familiares y amigos, héteme aquí en el frío y húmedo condado de Wiltshire. La vuelta ha sido agradable y gradual, gracias a una gran sesión formativa el lunes nueve de enero, amén de haber pasado el día anterior entre escalada y cena en sociedad (malmsbrileña). Esta semana y media, en el trabajo, ha sido bastante intensa, pero satisfactoria. Estoy trabajando en dos proyectos y cada vez Stu (al que, por cierto, acaban de ascender a senior) me deja más autonomía y confía más en mi criterio. Ambos proyectos han alcanzado bastante inercia ya, y creo que están bastante bien encaminados.

Además, el pasado jueves por la noche nevó un poco, y por la mañana aún conservábamos un manto blanco frente a Seedwood Cottage:


el cementerio de camino al trabajo
Es una pena que a las doce ya no quedase nieve en ningún sitio. Pero por lo menos me ha dado para disfrutarla un poquito, y con algo de suerte ¡vuelve a nevar en febrero!

El fin de semana pasado fue muy entretenido. El sábado fui con la pandilla de españoles al lasertag (eso de dispararse con láser en un laberinto) de Swindon, por iniciativa de Fon, el primo de Iris. Jugamos tres partidas de quince minutos, con varios descansos entre medias, en las cuales combatimos entre nosotros, contra una pandilla de niños de diez años y contra otro grupo algo más heterogéneo. En este último había un tipo que debía ser ex militar o algo así: obtuvo el doble de puntos que el segundo mejor, y cada vez que te veía te eliminaba. A mí me "mató" 26 veces...

Esa noche, después de que Carlos (un chico muy majo de Madrid que trabaja en los cabezales) me dejara en Malmesbury de camino a Chippenham, pasé un rato en casa de Tom, que es otro tipo muy majo que sale con Juliet, que es una chica muy maja que vivió con Ben y Gareth hasta antes del verano. Tom y Juliet son más buenos que el pan, y a la sazón estaban con unos amigos, incluido Gareth, celebrando un poco el cumpleaños de Tom, que en realidad es el día 7, igual que Constanza. ¡Solo que Tom es un año menor que mi hermana pequeña! Me hago mayor.

En esa velada se gestó el plan del domingo, que incluía desayunar en un bistrot llamado Amanda's que hay en el centro de Malmesbury, y dar un paseo por los  alrededores del pueblo. Resulta que a Tom le encanta caminar, hasta un punto rayano en la adicción, y si puede tomar un camino más largo, probablemente lo haga. El caso es que dimos una buena vuelta por las verdes veredas que veréis a continuación, verdaderamente embarradas, menos mal que llevamos botas de monte.

Tom, Gareth de espaldas, Juliet, Dave de lado, Cecilia de espaldas
Total que estuvimos de promenade un par de horas y pico, nos pusimos bonitos de barro los bajos de los pantalones, y vivimos emocionantes aventuras bajo la espesura, buscando el mejor camino, o en su defecto el más largo. Y al retornar a Malmesbury, nos tomamos un smoothie en otro sitio del centro del pueblo, que como véis da mucho juego.

Tom insistía en usar todo árbol caído como puente
Y por último, planché una tonelada de ropa con mi plancha nueva. 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Morri Crismas

En fechas tan señaladas, me dirijo a vosotros, mis lectores, con el fin de divagar sobre el sentido, la función y el significado de estas festividades. Ya desde que comienza diciembre y nos acercamos a las fechas, se leen mensajes en las redes (que no dejan de ser una pequeña burbuja muy centrada en sí misma, pero que por una cosa u otra coinciden también con una gran parte de mis relaciones sociales e intereses en España) de todo tipo: desde los que denostan la Navidad por ser un constructo cristiano hasta los que aceptan que lo sea y reprochan sardónicamente a la izquierda laica por disfrutar, hipócritamente, los festivos. Yo creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Como todo el mundo sabe, celebramos (en casi todo el planeta) el nacimiento de Jesucristo nuestro señor el 25 de diciembre, aunque eso de que naciera el 25 de diciembre no está muy claro desde un punto de vista histórico (al contrario que en el caso de Newton). También celebramos sus dos semanas de bebé hasta que llegan los Reyes Magos el día 6, La Epifanía Del Señor. Resulta que por el medio está el Año Nuevo, ¿casualidad? No lo creo.

La Navidad, en mi opinión, tiene sus raíces en festividades paganas anteriores al cristianismo, basadas en los ciclos de las cosechas y el de las estaciones, que son poco más o menos el mismo. Así, cuando la noche más larga del invierno ha pasado, se celebra la llegada de la nueva luz, de un año nuevo. Las familias se reúnen a buen cobijo del frío y festejan con grandes banquetes, que es de lo menos cristiano que hay. Las costumbres del árbol de navidad, el acebo o el muérdago (esto último en países diferentes a España) me parecen una vociferante evidencia de una festividad previa (los celtas, germanos y nórdicos adoraban a los árboles en mayor o menor medida, como símbolos de Tor o del dios que fuese). También me parece interesante que el solsticio de invierno se celebraba en las comunidades precolombinas… en junio,en el hemisferio sur.

Por tanto, la misma Navidad se sostiene sobre celebraciones que son comunes a toda la humanidad, ya no de hecho sino en sí mismas: la gloria de estar vivos, de compartir el pan con los seres queridos, de ayudarse los unos a los otros a pasar la larga noche. Es, consecuentemente, la época de la caridad, de los regalos, del cariño y del amor. Y todo ello no es monopolio cristiano.

Obviamente, es una tradición que a mí me ha llegado como europeo del siglo XX, especialmente como uno cuyos padres fueron criados en un entorno y un país católico. Sin embargo, la Navidad significa más que la alegría por el nacimiento de Cristo. De hecho, lo que para mí, personalmente, significan estas fechas que me llenan de satisfacción si no de orgullo, es la ocasión de pasarlas con mi familia, con mis amigos de la infancia; de visitar los sitios en los que crecí y de repartir cariño y alegría. Puedo ser ateo, que lo soy (y no es algo de lo que haga bandera, simplemente es así), pero no estoy desprovisto de emociones. No creo que mi disfrute de la Navidad suponga más apropiación cultural que la que hizo la Iglesia con la Saturnalia, ni que haya algo malo en ninguna de ellas.

Asimismo, no creo que mi celebración personal esté reñida con el laicismo institucional: el Estado no debe posicionarse a favor de una religión, en tanto y cuanto tiene que ser representativo de todos los individuos que lo componen. Sin embargo, tampoco es lógico negar la evidencia de que esta festividad es parte inequívoca, al menos en el presente, de la cultura de España. Como yo, miles de no practicantes, agnósticos o ateos celebran la Navidad, apuesto a que por razones similares a las mías. Despojarnos de esos motivos emotivos porque no somos creyentes, aduciendo que sólo nos interesa el no trabajar, es un error.

¿Creo que los festivos nacionales podrían laicizarse? Sí. ¿Que podríamos en lugar de tener festivos nacionales, otorgar 12 o 14 días de vacaciones más al año, a la libre disposición del trabajador? Quizá, aunque desde un punto de vista puramente práctico sería interesante saber qué le supone al Estado la previsibilidad que otorgan los festivos nacionales (es decir, que la gran mayoría de trabajadores esté descansando a la vez). Pero ¿es necesario? ¿Es realmente una batalla que queramos librar el hecho de que el 25 de diciembre sea festivo? Yo creo que no. Aleguemos razones históricas o culturales para escoger la mera fecha de la festividad (ya que el disfrutar de ese tiempo, dondequiera que se situase en el año, es una cuestión de derechos sociales de los trabajadores. Si no hubiera ese festivo, habría que inventarlo), que en sí mismas, las fechas no tienen maldad o bondad. Y si, el día de mañana, la comunidad musulmana de España quiere celebrar el su propia fiesta, ¡bienvenida sea! De hecho, pienso que tener festivos que se deban a una minoría aumenta el reconocimiento de esa minoría en la sociedad, la acerca y la hace menos extraña, reduciendo la xenofobia y la hostilidad hacia ella. Y por tener un festivo más no iba a pasar nada (y si pasase, quitamos el día ese de agosto que no vale para nada porque todo el mundo está de vacaciones de todos modos).

No puedo terminar la entrada sin hablar de consumismo, que es otro de los males que aquejan y se le achacan a la Navidad actual. Pero dejadme que sea escéptico al respecto. No es que la Navidad no sea consumista, es que ¡todo es consumista! Hay rebajas en enero, en verano, en otoño y todo el resto del año, iPhone n cada año, Black Friday, el día del padre y de la madre (yo a mis padres los quiero todo el año, gracias), San Valentín, las súpervacaciones de verano y las de Semana Santa, teles de plasma, enormes centros comerciales como templos al consumo, mil mierdas que no necesitas… El consumismo navideño no es el problema, es un síntoma más de la sociedad capitalista en la que vivimos. Sin embargo, todo el consumo no es consumismo. No caigamos en la represión y en la tristeza, no nos neguemos las alegrías que proporcionan las cenas en familia, las fiestas, los regalos. La clave no consiste en prescindir de esas cosas, consiste en tomarlas en su justa medida. La templanza y la mesura son virtud, pero la obsesión puritana hace tanto bien al ser humano como el despilfarro decadente.

Feliz Navidad a todos. Que disfrutéis de vuestros seres queridos, que bebáis y comáis hasta hartaros, que riáis, que améis. No importa vuestro credo, esta es vuestra fiesta.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La vida en Wiltshire


Este año estoy poco escritor, la verdad. Pero aquí sigo en la casa ("Seedwood Cottage") de Malmesbury, con Ben, Gareth, Farai y el gato Arkham. Farai se ha doctorado y se ha sacado el carnet, Ben me ha robado un calcetín sin darse cuenta y a Gareth, que es un robusto doctor de espesa barba roja, resulta que le dan miedo las pelis de miedo. Que se niega a verlas, vamos.

Además de esa gente, también congenio bastante con Good Tom Middleton y Jolly Juliet Luff, que vienen de cuando en cuando a jugar a juegos de mesa los martes por la noche (Aquí le llaman noche a lo que nosotros diríamos tarde, pero tiene sentido porque es de noche). Las dos últimas veces jugamos a uno que no es muy conocido, Cornish Smuggler, en el que tratas de pasar contrabando en Cornualles sin que te pillen las autoridades. Es un juego buenísimo y estoy pensando en adaptarlo a Galicia dalgún xeito; además, la última vez gané yo.

Luego está el grupo de escalada, que es bastante amplio (eso sí, 95% Dyson), y que está en constante expansión. Casi todos los miércoleas vamos a rocódromos en Bristol (y ocasionalmente a Swindon) y escalamos durante un par de horas. Además, con mi equipo de compañeros de trabajo he ido un par de veces. Cosas que organiza mi jefe de team building. Yo no me voy a quejar.

La semana pasada vino a visitarme Iris durante cuatro días, con eso del puente de diciembre. También se acercaron Elena Lledó y su novio Draz. Elena es compañera de la carrera de Iris, y estuvo trabaja ndo en Holanda y ahora vive en Londres con Draz, que es serbocroata holandés. La historia de Draz es bastante impresionante: entre otras cosas, acabó en Holanda porque su familia tuvo que huir de Yugoslavia durante la guerra de los Balcanes.

Con la agradable pareja y con un coche alquilado nos dimos otra vuelta por los alrededores, incluyendo las termas romanas de Bath. Estas constituyen un museo muy recomendable por lo detallado de las explicaciones además de por la propia arquitectura. Al contrario de lo que pensábamos, no se puede bañar uno. Si lo quieres hacer, has de hacerlo en otros establecimientos que, eso sí, usan la misma agua, al parecer.



El domingo estuvimos de visita por Malmesbury y otros pueblos de alrededor, como Tetbury o Nailsworth. Resulta que Malmesbury, como he descubierto recientemente, está dentro de una reserva natural (más bien un área de "Outstanding Natural Beauty"), llamada los Cotswolds. Es básicamente un conjunto de paisajes verdosos, pueblos de piedra y carreteras horribles. En Nailsworth había estado una vez con Gareth, que me llevó en coche para practicar (resulta que se sacó el carnet hace quince años y no se acordaba de conducir y ha tenido que ir a clases y todo) pero luego resulto ser una treta para llevarme a una pescadería buena y compró mejillones y los hizo para que cenásemos los dos. En Tetbury había estado en el Tesco.

Creo que ya he dicho alguna vez que los cementerios en este país son... diferentes

Jardín de la Iglesia de Tetbury. Hacía cerca de 0 grados...

...así que nos pasamos bastante tiempo en los pubs (The Old Bell, "el hotel más antiguo de Inglaterra")
El lunes trabajé, e Iris me esperó en casa para ir a escalar conmigo a Swindon. Allá nos fuimos (los dos solos, porque mis compañeros no se apuntaron) en nuestro coche alquilado por la carretera oscura como boca de lobo, tardando muchísimo por tal motivo. Pero luego escalamos unas cuantas paredes, e Iris comprendió que esté tan enganchado.

la seguridad es importante y por eso hay un extintor


Al día siguiente la llevé al aeropuerto de Bristol en el coche alquilado (que devolví en el aeropuerto también), y nos separamos con un nudo en la garganta. Aunque la Navidad ya está encima y me pasaré en Vigo de Nochebuena a Reyes, pero cada vez cuesta más la separación, ay...

Al llegar a casa después del largo retruécano necesario para venir de Bristol, me encontré con un inesperado regalo de Abel desde Budapest: un libro llamado What If? que responde a preguntas absurdas con gran rigor científico y una buena dosis de humor. Y me lo he terminado en cuatro días, y os lo recomiendo para pedir a los Reyes. 

Y por último, hoy me ha visitado Cerrolaza, amigo de la Escuela, que está trabajando en Bournemouth esta semana. Se ha cogido el coche desde allí vía Salisbury y Stonehenge y hemos comido juntos, tras un agradable y exhaustivo paseo por Malmesbury.

¡Otro día más!

P.D.: 

hay un señor que hace estas fotos en Malmesbury, al parecer

lunes, 17 de octubre de 2016

Whatever happened?

¡Hola! Sucede que llevo sin internet una buena temporada. Allá por el 26 de septiembre nos mudamos de casa: a mí me llevó dos horas, a Gareth dos días y a Ben una semana. Ahora vivimos en Seedwood Cottage, una casa preciosa, igual de venerable que la anterior y mucho más nueva en el interior. En esta, incluso tengo una habitación.

Además, en septiembre estuve lleno de eventos. El fin de semana del 9 estuve en Vigo para celebrar el sexagésimo cumpleaños de mi madre, el siguiente estuve en Birmingham con los covarrubios Diego (que vive allí) y Artista; el siguiente a este fui de viaje a Bélgica con los compañeros de la universidad. Y el fin de semana anterior al pasado vinieron Iris y su hermana a Mamsbri.

El cumpleaños de mi madre fue excepcional. Tuve que hacer una filigrana para llegar a Vigo, llegando a Madrid el viernes por la noche después de 7 horas de viaje (con numerosas esperas). Dormí en casa del inefable tío Cal por su cercanía al aeropuerto, aunque lo que se dice dormir dormí una hora, porque el resto de la noche la pasamos jugando a juegos viejos de la NES, bendito sea Cal. En Vigo estaban ya mi abuela Mimí y mis tías Lucía y Selica, que se quedaron hasta el lunes. El sábado aproveché para ver a los amigos y el domingo tuvimos el gran festín, con cientos de camarones, percebes, quesos asturianos y la de mi ma. Y la mi ma sopló las sesenta velas de un soplido y nos dejó a todos con la boca abierta. Mi madre es puro rock.

ojo a mi abuela grabando la jugada
ZAS
si no os digo que son sesenta...
El fin de semana en Birmingham estuvo muy bien. Lo pasamos jugando a juegos de mesa sin cesar, que es lo mejor que se puede hacer. También nos comimos una señora fabada el domingo, además de bebernos media botella de whisky escocés que tenía yo de una fiesta anterior. Además, paseamos un poco por Birmingham, que resultó tener bastante más encanto del que yo pensaba. Tanto Diego como mi padre (que estuvo hace 30 años, bien es cierto) me lo habían pintado horrible, ¡y no lo es tanto! Podría ser peor, podría ser Swindon. O Getafe.

os prometo que ni son novios ni nada

arriba: no Getafe

Me encantó ver a Diego y a Jaime y espero que puedan venir a Malmesbury a repetir, al igual que el resto de covarrubios. A Diego lo vi anteayer sábado en Bath con Zsofi y su madre (de él), aprovechando que estaban de visita; este año nos vamos a ver mucho, estoy seguro...

Lo de Bélgica fue un plan propuesto por Cristóbal allá por abril, que se encargó de organizar él solito. Se trató de viajar a las Ardenas, alojarnos en una casa rural, hacer turismo de la Segunda Guerra Mundial, beber cerveza belga y hasta hacer deporte. En mi caso, debido a que había comprado el billete antes de saber que estaría en Reino Unido, tuve que cogerme un par de días de vacaciones para viajar a Madrid y luego a Bruselas. No pasa nada, así Iris y yo fuimos a cenar el jueves.

El plan salió a pedir de boca. La casa era estupenda, la compañía excelente y de buen humor, el tiempo sorprendentemente bueno y la zona preciosa. El museo de la guerra de Bastogne resultó ser muy interesante y extenso, visitamos una abadía donde se hacía la cerveza Leffe (el museo era un poco reducido, pero las cervezas y el Chester donde nos sentamos eran tope de gama), nos montamos una cata de quesos y cervezas belgas y el domingo bajamos unos cuantos kilómetros en piragua. Incluso, algunas personas se mantuvieron cobardemente sobrias todo el rato. Es la mejor experiencia que he vivido con esta pandilla, y tengo muchas ganas de repetir el año que viene...


escondido entre los quesos protestantes hay un San Simón ahumado

Mira qué diazo 
El finde con las Astor fue genial también. Belén estuvo hasta el domingo e Iris hasta el martes, y yo me cogí dos días de vacaciones. Alquilamos un coche para poder movernos por la zona, y vaya si lo hicimos. Visitamos Bristol con el primo de ellas, Fon, que es Dysoneer también; estuvimos con Gareth y sus padres en Westonbirt Arboretum, un bosque protegido precioso; visitamos las construcciones neolíticas de Avebury y Stonehenge, que no sólo son interesantes en sí sino que están en sendas áreas naturales preciosas; seguimos el río Avon hasta Salisbury de maravillosa catedral y medievales casas y hasta la hermosa Bath; amén de pasear por el bonito Malmesbury. Para colmo, nos hizo un tiempo tan bueno como lo tuve en Bélgica, o mejor.

viendo Bristol desde lo alto con Fon

en Stonehenge de guiris 
y para que veáis que en este país hay sol. A veces.
Así que eso. Por lo demás, en el trabajo bien, ya asentado y en mitad de mi tercer y último mes de prueba. Echo de menos a Iris un montón, como era de esperar; mis compañeros de casa son geniales y gracias a ellos tengo muchos conocidos y planes de ocio; este jueves la gente de mi equipo vamos a escalar todos juntos y me estoy acostumbrando a cenar pronto. Un besote.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Dyson (II)

El viernes terminé mi cuarta semana en Dyson y no podría estar más contento. Estoy participando en varios proyectos, hasta que terminen mis primeros tres meses de "induction", y aún familiarizándome con ensayos, gente a la que pedirle las cosas, productos...

En mi equipo  somos cinco personas: Misael y Matty, de los que ya os he hablado un poco, Andy, Stu y yo mismo. Andy es el jefe del equipo y lleva dieciséis años en la empresa, nada menos. Stuart es como Misael, ingeniero "avanzado" (o sea un rango más que yo). Andy y Stu me entrevistaron en primavera, tanto por Skype como cuando vine a Malmesbury en persona. En ambas ocasiones Andy llevó el peso de la conversación y Stuart no abrió la boca... pues ahora no la cierra. Habla muchísimo y a toda velocidad, es muy amistoso y dicharachero y me está ayudando muchísimo. Me da un montón de información, me explica cómo funcionan los tests y se asegura de que tenga todo claro. Además lo hace siendo cercano, no como si fuera simplemente su tarea. Es un gran tipo.

En cuanto a Andy, que tiene 38 años y dos hijas gemelas de cinco, es muy jovial y relajado. Es casi como si no fuera un jefe. Al principio me costaba horrores entenderlo, porque habla para el cuello de la camisa, y como todos los británicos y al contrario que los andaluces, se salta la mitad de las vocales. O bien he mejorado mucho o se dio cuenta de que no me enteraba de la misa la media y se esfuerza más, pero el caso es que ya me aclaro con él. Excepto cuando vamos a comer y se pone a contar anécdotas y ya renuncio a entenderlo, macho.

Siento que he aprendido ya mucho en este mes escaso. Los procesos de ensayo, por ejemplo, están estandarizados. Típicamente, los ingenieros piden un hueco en el laboratorio y un técnico para que los realice varias veces. El primer test lo supervisamos, para asegurarnos de que lo hacen bien pero también de que no hay ningún problema con el prototipo o cosas del estilo. Yo en concreto me quedé un día entero con Paul, un técnico cincuentón que lleva la tira en Dyson y que se va a jubilar en Murcia, para enterarme mejor de los detalles del proceso. Hay que aprender mucho de los técnicos. Además es bueno ser cercano y ganarse su confianza, como bien nos contaba Pablo Rodríguez de Francisco en la asignatura de Sistemas de Producción, ya que el característico aire de superioridad de los ingenieros puede granjearte enemistades con ellos y con eso no gana nadie.

También me ha tocado hacer bastante trabajo de escritorio. En concreto, un estudio sobre una de las aseveraciones sobre productos Dyson que lanza el equipo de Marketing. Se trataba de comprobar cuán veraz era esa afirmación, para lo que tuve que bucear tanto en internet como en los archivos de la empresa minando datos que nos proporcionasen contexto y pruebas. Y luego explicarlo en una presentación de Power Point, que gracias a mi experiencia como consultor me granjeó la enhorabuena de mis compañeros y de Jess Middlemiss (por cierto que es un apellido divertidísimo. Hay también un Hardyman y un Tom Middleton), la jefa de Andy. Ahora habrá que ver cómo lo entienden la gente de Marketing y Legal, que al no ser ingenieros, pues son semipersonas.

Empiezo a comprobar lo que me había contado Fon, el primo de Iris que también trabaja en Dyson, de que aquí (en Inglaterra) se trabaja de forma distinta: si eres un vago, puedes seguir siéndolo tranquilamente, pero sin ascender. Ahora, si quieres llegar a algo, prácticamente tienes que ir pidiendo el trabajo, demostrar muchíiiisima más iniciativa que en España. Es decir: puedes estar en un par de reuniones sobre un tema, te piden algo al respecto y ya piensas que estás metido en el proyecto, y de repente te enteras de que ha habido otras tres reuniones y no te han avisado. Y sin embargo, si pides asistir a la reunión, no te dicen "no estás convocado" (a no ser que sea uno de los proyectos secretos), te dejan ir, no vaya a ser que puedas ser de ayuda. O si te acercas a un equipo y les dices "no tengo mucho curro, deja que te ayude" pues no te miran como si fueras de Marte. Te explican educadamente e incluso te sientes como si te estuvieran pidiendo responsabilidades. Pero luego no, si lo quieres lo haces y si no no pasa nada. Es algo extraño, pero divertido.

Ah, por cierto que lo del caza en la cafetería es verdad. La última vez alguno no se lo creía:

imagen de http://gizmos.androidomg.com/2016/05/our-hq-in-malmesbury-uk-has-been.html

sábado, 20 de agosto de 2016


Hoy, a mediodía, ha fallecido mi abuela paterna, Antonia Cuadrado. Cumplió 91 años el pasado 4 de agosto, cumpleaños en el que no pude estar, así como tampoco podré asistir a su funeral. Me queda el agridulce recuerdo de este julio de hospital y estos años de residencia... Pero no, me niego a acordarme sólo de eso, me obligo a pensar en la inefable señora de la calle Camelias, en la dicharachera profesora de literatura que estudió con Lázaro Carreter en los tiempos en que las mujeres se dedicaban a sus labores, en la elegante viuda que me paseaba por Vigo y por Samil hace cinco lustros . En la cariñosa abuela que preparaba estupendas meriendas para sus nietos, incluso cuando su salud ya no le permitía degustar los manjares de su Salamanca natal. En el cuchillo del pan, el Trinaranjus, las dedicatorias de Camilo José Cela, en los regalos de Navidad escondidos bajo la mesa camilla, el agua helada, las lentillas de cerca y las de lejos sobre unos inquisitivos ojos color turquesa, el sentido del humor, los cigarrillos Fortuna, todos los pequeños detalles de su vida. En el tremendo orgullo que siempre sintió por su familia, carnal y política; la confianza ciega en que todo lo que hiciésemos estaría bien para nosotros y la insólita tolerancia que demostró con todos nosotros.

Descansa en paz, abuela.