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domingo, 13 de enero de 2013

CATIA loading

El martes tengo examen de CATIA. He estado practicando ensamblaje de productos:


Primero tengo que hacer las piezas una a una, cosa que en este caso no resultó difícil, salvo unas medidas de la base del conjunto. A continuación se les da unas restricciones para que encajen correctamente (concentricidad de ejes y contactos):

voilá

Y la anterior, que resultó un poco más complicada por ese tramo en U:

 



Actualización post examen: saqué un 10, jojojo.

miércoles, 9 de enero de 2013

India (5, Jodhpur)

Ha pasado una cantidad absurda de tiempo, lo suficiente para que hiciera un año de mi viaje a la India con mi hermana. Pero más vale tarde que nunca, ¿no?

El día que os contaba acabó con los hermanos Garabatos en un tren Ahmedabad-Jodhpur. Esta última ciudad, de tan sólo 300.000 habitantes, está situada en la región de Rajastán, que es bastante desértica y famosa por sus fortalezas (de los rajás, se conoce). Iris no vino con nosotros porque tenía una semana pletórica de trabajo. El tren era nocturno, nos valió ocho euros de nada y se dormía en literas de las cuales el compartimento tenía seis, ocupadas, además de por nosotros, por indios que se tiraron miles de pedos sonoros.

Llegamos a Jodhpur al alba, y en el sucio caos que era la calle de la estación acordamos con el conductor de un rickshaw un precio para que nos llevara al centro de la ciudad, concretamente a un restaurante recomendado por la Lonely Planet sito en lo alto de una azotea. Las vistas eran éstas:

el fuerte de Mehrangarth al amanecer
Pedimos el desayuno continental, que resultó ser bastante malo (mermeladas industriales, pan malo, etc) pero por lo menos no nos morimos de picor. Estuvimos un buen rato, prácticamente solos, tomando fotos Constanza y dibujando el fuerte yo.

Cogimos una habitación en un hotel de los alrededores, en el cual nos atendió un muchacho de unos doce años que apenas hablaba inglés. La puerta se cerraba no con llave sino con un candado, lo que al parecer es costumbre bastante extendida.

Ya serían cerca de las 9 cuando nos dirigimos a la plaza del Reloj, que es donde está el mercado en este sitio. Por el camino unos cuantos niños nos pidieron foto, por supuesto, aunque en este caso un zagal sí que nos intentó sablar unas rupias por sus royalties. También vimos un carro tirado por un camello, unas cuantas vacas a su aire y la curiosa señalización bicolor que hacía las veces de límite entre la calzada y la acera (inexistente).



Jodhpur se notaba mucho más acostumbrada al turismo que Ahmedabad, y fuimos acosados por vendedores que intentaban que compráramos sus productos, que por supuesto eran mejores que los del resto de la ciudad. Sin embargo, si la memoria no me falla, lo primero que hicimos fue subir hasta el fuerte de Mehrangarth, conviniendo con el taxista (o sea el conductor de rickshaw) en que nos esperaría en el aparcamiento hasta que terminásemos la visita (y el tío, con tal de ganarse sus rupias, se pasó allí las dos horas o así que estuvimos en ello).
desde el fuerte se ve esta "ciudad azul," consecuencia de una pintura antimosquitos de hace algunos siglos, que sale en la última peli de Batman. Si vierais qué sorpresa me llevé en el cine...
El fuerte era bastante interesante, aunque para hacer fotos necesitabas comprar un permiso que valía más que la entrada normal, con lo que decidimos echarle morro y hacer las fotos destrangis. Ahora me arrepiento, porque tenían bastante vigilancia y merecía bastante la pena el asunto, pero en fin. A un grupo de músicos vestidos con turbantes les saqué un boceto cuando comenzábamos la visita, y cuando ya nos íbamos volvimos a pasar delante de ellos. Pues ni corto ni perezoso, viene uno y me dice que le enseñe el dibujo que les había hecho, cosa que hice gustoso, y me dijo sus nombres para que los apuntara al lado.
Total que visitamos el fuerte en cuestión, dibujé bastante y luego el taxista, haciendo las veces de guía, nos llevó al mausoleo de los maharajás de Jodhpur, que está en la misma colina. El edificio era bastante bonito; para acceder a él había que descalzarse y quemarse los pies en las baldosas, que menos mal que eran blancas. En este sitio había mucho turista indio con pasta, y algún occidental solitario. En el paseíllo de acceso, un hombre vendía sitars artesanales.






A todo esto eran las dos o tres de la tarde y pegaba un solazo como si fuera Madrid en agosto, pero con más humedad. Sin embargo, no paramos a comer ya que el plan era valernos de nuestro abundante (si bien soso) desayuno y alargar la hora de comer hasta casi la de cenar.

Después del santuario fuimos a un palacio construido en el siglo XX, cuando los maharajás ya eran súbditos del Imperio Británico, pero aún eran caciques locales y exprimían a su pueblo para disfrutar de todo tipo de lujos. Este palacio quedaba bastante a desmano, y la verdad es que fue una gran idea fiarnos del conductor en cuestión, con el cual habíamos pactado antes el precio del trayecto del fuerte al palacio y de éste al centro urbano. La verdad es que no tenía mucho interés antropológico, puesto que los ricos de 1920 tenían gustos bastante parecidos en India y el Reino Unido. Desde luego, era grandioso, pero no tan apasionante como el caos de la ciudad en sí.

Nuestro guía, después de asegurarse de que comprásemos el billete de autobús para Udaipur (nuestro destino del día siguiente) en un sitio "de confianza" (donde, en confianza, nos clavaron), nos llevó a la tienda de especias "de su hermano", el cual no sólo era claramente musulmán, en contraste con el hinduismo del taxista, sino que no le hizo ni caso, ni lo saludó ni nada. Lo más raro es que después, el tipo este de las especias nos mandó a otra tienda, en este caso de textiles (que al parecer son muy famosos en Jodhpur), que era de otro familiar suyo... hindú.

el moro de las especias me recuerda a Juancho
Si aún no os ha explotado el cerebro os explicaré que existe el hábito entre el sector turístico del país de rularse los clientes como si fueran cigarrillos, con el fin de llevarse comisión. El tío que recibe a los clientes les cobra un poquillo más y se reparte el extra con el que los trae. La gracia es que no tienen que conocerse entre sí, ni nada. No te llevan a un sitio que conozcan, o uno de buena fama. Te llevan a un sitio prácticamente al azar y por eso se llevan comisión.

Otro día ya seguiré con más historias, y menos densidad de fotos.

domingo, 6 de enero de 2013

Día 6, hora 7

Anoche llegué a casa a las siete y media acompañado de Pedrito, con el que compartí ron toda la noche hasta el punto de comprarnos a medias el último cubata de la sesión. También estuvo Abel, y Diego, que se fue a casa después de darme un abrazo en el Habana 20.

A Iris le gustó la chaqueta de lana que le compré, y ¡uf!, qué alivio. La tensión de todas las navidades buscando el regalo apropiado se desvaneció. Y ella me regaló ¡una cometa! Una cometa azul, en forma de delta de estas modernas, a la cual ya le sacaré fotos para que la veáis, cuando la haga volar por los parques de Madrid.

En el roscón de mi casa me tocó la figura, con lo que me puse la corona, y en el de casa de Iris el haba... Por suerte, su madre tuvo misericordia y proclamó "¡Ya está pagado!", y salí indemne. Una amiga de mi cuñada Belén, una taiwanesa muy maja llamada Yu Fon, se puso a su vez la corona de ese roscón y la llevó toda la tarde, al parecer, causando el regocijo de los familiares de Iris.

Visité a la abuela Toni, que se vino arriba conforme iba pasando el rato, y parecía una persona diferente cuando, al cabo de hora y media, llegaron mi padre, mi tía Cris y mi prima Ana. Hasta hablaba con más fuerza. No hay nada como darle a la cabeza para mantenerse en buenas condiciones, y no hay nada como Telecinco para volverte gilipollas.

Feliz 2013, gente.

(A la gente le encanta la chaqueta de lana heredada de mi padre, quien por razones insondables ya no la usa. Que se vuelvan a llevar las grecas navideñas y la lana, ayuda.)

lunes, 3 de diciembre de 2012

Que estaba tocando palmas


Tengo el ordenador en el servicio técnico, por eso no estoy dando muchas señales de vida por aquí. Para amenizar un poco el inicio del mes de diciembre voy a colgar unas fotos con sus escuetas explicaciones.


Gambas rebozadas con salsa de cilantro, también del libro de Maca Feijóo (que me regaló, no  que escribiera). La salsa sabía a mojo picón y el ajo nos repitió todo el día, así que exquisito. Y sí, las serví con unas rodajas de naranja, y no, no fue idea mía, pero queda muy mono, no?


Esto es una receta de arroz "mexicano" de Ferrán Adriá, que le gusta mucho a Denis. Lleva cebolla batida, cilantro (otra vez), maíz y ajo. Lo usamos para acompañar unas pechugas de pollo y estas no le llegaban a la suela de los zapatos.


Y ayer cenamos una patatada bastarda, como dicen estos. Con toda la grasa que pudimos encontrar, porque, por Santiago, hace más frío en Madrid que en la comunión de Pingu, y en Churruca 3 no tenemos calefacción. Bueno, tenemos unos radiadores eléctricos, de esos que calentar no calientan y consumir consumen como si fuera su último día en la Tierra.

Conste que estoy muy a gusto con el frío, sobre todo porque se exagera muchísimo con la calefacción en España en general y en Madrid en particular. No sólo es irresponsabilísimo desde el punto de vista ecológico; también es un coñazo entrar en una tienda y asarte de calor, y estoy convencido (al igual que Denis) de que tanto radiador encendido nos hace débiles y más propensos a los catarros. Yo por ahora estoy mejor que nunca en estas fechas, entre esta casa y sentarme al lado de la ventana en clase. Ventana que abro, por supuesto.


También ayer, por la mañana, fuimos Iris y yo al parque Juan Carlos I, que está en Campo de las Naciones, tan al nordeste de Madrid que se ven los aviones aterrizar en Barajas. El parque es bastante grande y bastante nuevo; los arbustos son muy bajos todavía, aunque tiene árboles ya crecidos y presumiblemente trasplantados. Mención especial merece un olivar precioso por el que es una gozada pasear. Asimismo, hay numerosas obras de arte (esculturas y tal) salpicadas por el área, y si bien las hay mejores y peores, en lo que coincidimos es que las cartelas explicativas eran lo más cursi, ñoño y vomitivo que pudieran haber escrito.

Vimos un montón de perros siendo paseados, muy riquiños, y no pasamos nada de frío porque daba el solete. Comimos unos bocatas, leímos nuestros libros libres y pasamos una buena mañana dominguera.

pese a la nefanda amenaza de las profundidades

sábado, 17 de noviembre de 2012

Happy Diwali

El Diwali es el año nuevo hindú, y acaba de ser, más o menos. Con motivo del mismo Iris y yo nos hemos dedicado a cocinar platos indios, como los que reproduzco a continuación.

Chana masala


El chana masala es un plato que también preparé para mis compañeros de piso. El principal ingrediente son los garbanzos (chana), acompañados de cebolla, tomate y un millón de especias como jengibre, cilantro, comino y por supuesto garam masala. Se puede servir acompañado de cuscús, como hicimos Iris y yo, o  con arroz, como hicimos en mi piso.

Palak paneer y tikkis


El palak paneer ya lo hicimos el año pasado. Consiste en una crema de espinacas con queso paneer. O, si no lo tienes, con queso de Burgos. La crema lleva, además de lo evidente, tomate, cebolla, ajo, cúrcuma, masala, y jengibre. Se come con chapatis, o pan de pita como se ve en la imagen, y llena una barbaridad.

Los tikkis, a falta de un nombre mejor, son una especie de albóndigas de castaña, zanahoria y mijo. Adaptamos un poco la receta y usamos cuscús en vez de mijo porque lo teníamos a mano y el mijo no. Son un rollo de hacer porque no se cohesionan del todo y cuando las fríes se deshacen en la sartén si no tienes mucho cuidado, pero la mezcla de zanahoria y castañas es estupenda.

Ya hemos hablado de hacer otra cena étnica, escogiendo otro país, cuando tengamos oportunidad. Yo ayer comí indio y cené mejicano con mis compis y con Laura Curráis...

P.D.: Iris también se ha dedicado (con mi modesta colaboración) a manufacturar unas tarjetas de felicitación a los amigos que hizo en Ahmedabad, incluyendo a los arquitectos para los que trabajó. A fecha de hoy ya había llegado la primera, a  Glasgow (típica puntualidad británica). Cuando tenga allguna imagen la cuelgo.

La mejor práctica de la carrera


El año pasado cursé por primera vez Sistemas de Producción I, una asignatura dedicada al estudio de los procesos de fabricación industrial, incluyendo pero no limitada al entorno aeroespacial. Además de las clases teóricas, se realizan una gran cantidad de prácticas en un espacioso laboratorio en el hangar:


Estas prácticas se hacen bastante más entretenidas que las otras de mi carrera. En el laboratorio trabajan cuatro maestros: Pedro, maestro tornero; Juan, maestro de soldadura y chapistería; Mariano, maestro de metrología y José María, maestro de utillaje. Me figuro que su formación tendrá que ver con la FP o algo así; su experiencia es impagable, puesto que inciden en detalles que a nuestros profesores tal vez se le pasen por alto, y su punto de vista de no-ingeniero resulta refrescante.

En esta asignatura nos introducen a procesos sencillos pero muy usados en la fabricación. Lo peor de todo es que después de la sesión de taller te espera un sinfín de trabajo en casa, por grupos, muestras del cual pudisteis ver hace unos meses. Un chollo que te mueres definiendo procesos de producción o metrología. Por eso, pese a ser diferente a los ogros de la carrera y no muy difícil de aprobar, tiene merecida fama de dura y cansada.

Sea la asignatura de Sistemas de Producción II. Con todo lo bueno de SPI y nada del agotador diseño de procesos y memoria posterior. En la que este martes tuve la mejor sesión de prácticas; aún diría más, absolutamente la mejor clase de la carrera en siete cursos y medio. Impartida por el Jefe de estudios, Pablo Rodríguez de Francisco, consistía en estudiar someramente el proceso de embutición, conformado y grabado. Y como ejemplo práctico, realizamos cada uno de los alumnos su propia réplica del cenicero de las mesas de examen.

Me explico. Las mesas de las aulas de exámenes de mi carrera tienen unos cuantos años; tantos que algunas de ellas aún tienen atornillado en una esquina un cenicero, vestigio de cuando fumar no era malo para la salud y las aulas daban facilidades al efecto. Estos ceniceros tienen grabados el escudo de la escuela y la inscripción "CÁTEDRA DE FABRICACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN", que así se llamaba hace 40 años. 

Como comprenderéis, siete años son muchos exámenes, y los ceniceros han ganado una especie de aura mística, hasta el punto de que una broma recurrente es "no me voy a ir de la escuela sin un cenicero del aula de exámenes". Pues bien, acaba siendo verdad:



Si encima el profesor es uno de los mejores docentes de la ETSIA y el maestro estaba en estado de gracia, se convierte en la mejor experiencia en esta "santa casa".

jueves, 15 de noviembre de 2012

La comida de hoy

Perro en su propia caca:





En realidad el puré lo hice con una receta de puré de habas del libro "Tapas" que me regaló Macarena Feijóo, cambiando tales habas por guisantes. Además de los mismos lleva cebolla, ajo, cominos y menta, y se sirve con pimentón picante y un filetillo de perr... de cerdo.


P. D. : no sé cómo he podido olvidar decirlo, pero ¡estaba riquísimo!