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martes, 17 de enero de 2017

Año nuevo en Malmesbury

Después de pasar unas navidades espléndidas, rodeado de familiares y amigos, héteme aquí en el frío y húmedo condado de Wiltshire. La vuelta ha sido agradable y gradual, gracias a una gran sesión formativa el lunes nueve de enero, amén de haber pasado el día anterior entre escalada y cena en sociedad (malmsbrileña). Esta semana y media, en el trabajo, ha sido bastante intensa, pero satisfactoria. Estoy trabajando en dos proyectos y cada vez Stu (al que, por cierto, acaban de ascender a senior) me deja más autonomía y confía más en mi criterio. Ambos proyectos han alcanzado bastante inercia ya, y creo que están bastante bien encaminados.

Además, el pasado jueves por la noche nevó un poco, y por la mañana aún conservábamos un manto blanco frente a Seedwood Cottage:


el cementerio de camino al trabajo
Es una pena que a las doce ya no quedase nieve en ningún sitio. Pero por lo menos me ha dado para disfrutarla un poquito, y con algo de suerte ¡vuelve a nevar en febrero!

El fin de semana pasado fue muy entretenido. El sábado fui con la pandilla de españoles al lasertag (eso de dispararse con láser en un laberinto) de Swindon, por iniciativa de Fon, el primo de Iris. Jugamos tres partidas de quince minutos, con varios descansos entre medias, en las cuales combatimos entre nosotros, contra una pandilla de niños de diez años y contra otro grupo algo más heterogéneo. En este último había un tipo que debía ser ex militar o algo así: obtuvo el doble de puntos que el segundo mejor, y cada vez que te veía te eliminaba. A mí me "mató" 26 veces...

Esa noche, después de que Carlos (un chico muy majo de Madrid que trabaja en los cabezales) me dejara en Malmesbury de camino a Chippenham, pasé un rato en casa de Tom, que es otro tipo muy majo que sale con Juliet, que es una chica muy maja que vivió con Ben y Gareth hasta antes del verano. Tom y Juliet son más buenos que el pan, y a la sazón estaban con unos amigos, incluido Gareth, celebrando un poco el cumpleaños de Tom, que en realidad es el día 7, igual que Constanza. ¡Solo que Tom es un año menor que mi hermana pequeña! Me hago mayor.

En esa velada se gestó el plan del domingo, que incluía desayunar en un bistrot llamado Amanda's que hay en el centro de Malmesbury, y dar un paseo por los  alrededores del pueblo. Resulta que a Tom le encanta caminar, hasta un punto rayano en la adicción, y si puede tomar un camino más largo, probablemente lo haga. El caso es que dimos una buena vuelta por las verdes veredas que veréis a continuación, verdaderamente embarradas, menos mal que llevamos botas de monte.

Tom, Gareth de espaldas, Juliet, Dave de lado, Cecilia de espaldas
Total que estuvimos de promenade un par de horas y pico, nos pusimos bonitos de barro los bajos de los pantalones, y vivimos emocionantes aventuras bajo la espesura, buscando el mejor camino, o en su defecto el más largo. Y al retornar a Malmesbury, nos tomamos un smoothie en otro sitio del centro del pueblo, que como véis da mucho juego.

Tom insistía en usar todo árbol caído como puente
Y por último, planché una tonelada de ropa con mi plancha nueva. 

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Morri Crismas

En fechas tan señaladas, me dirijo a vosotros, mis lectores, con el fin de divagar sobre el sentido, la función y el significado de estas festividades. Ya desde que comienza diciembre y nos acercamos a las fechas, se leen mensajes en las redes (que no dejan de ser una pequeña burbuja muy centrada en sí misma, pero que por una cosa u otra coinciden también con una gran parte de mis relaciones sociales e intereses en España) de todo tipo: desde los que denostan la Navidad por ser un constructo cristiano hasta los que aceptan que lo sea y reprochan sardónicamente a la izquierda laica por disfrutar, hipócritamente, los festivos. Yo creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Como todo el mundo sabe, celebramos (en casi todo el planeta) el nacimiento de Jesucristo nuestro señor el 25 de diciembre, aunque eso de que naciera el 25 de diciembre no está muy claro desde un punto de vista histórico (al contrario que en el caso de Newton). También celebramos sus dos semanas de bebé hasta que llegan los Reyes Magos el día 6, La Epifanía Del Señor. Resulta que por el medio está el Año Nuevo, ¿casualidad? No lo creo.

La Navidad, en mi opinión, tiene sus raíces en festividades paganas anteriores al cristianismo, basadas en los ciclos de las cosechas y el de las estaciones, que son poco más o menos el mismo. Así, cuando la noche más larga del invierno ha pasado, se celebra la llegada de la nueva luz, de un año nuevo. Las familias se reúnen a buen cobijo del frío y festejan con grandes banquetes, que es de lo menos cristiano que hay. Las costumbres del árbol de navidad, el acebo o el muérdago (esto último en países diferentes a España) me parecen una vociferante evidencia de una festividad previa (los celtas, germanos y nórdicos adoraban a los árboles en mayor o menor medida, como símbolos de Tor o del dios que fuese). También me parece interesante que el solsticio de invierno se celebraba en las comunidades precolombinas… en junio,en el hemisferio sur.

Por tanto, la misma Navidad se sostiene sobre celebraciones que son comunes a toda la humanidad, ya no de hecho sino en sí mismas: la gloria de estar vivos, de compartir el pan con los seres queridos, de ayudarse los unos a los otros a pasar la larga noche. Es, consecuentemente, la época de la caridad, de los regalos, del cariño y del amor. Y todo ello no es monopolio cristiano.

Obviamente, es una tradición que a mí me ha llegado como europeo del siglo XX, especialmente como uno cuyos padres fueron criados en un entorno y un país católico. Sin embargo, la Navidad significa más que la alegría por el nacimiento de Cristo. De hecho, lo que para mí, personalmente, significan estas fechas que me llenan de satisfacción si no de orgullo, es la ocasión de pasarlas con mi familia, con mis amigos de la infancia; de visitar los sitios en los que crecí y de repartir cariño y alegría. Puedo ser ateo, que lo soy (y no es algo de lo que haga bandera, simplemente es así), pero no estoy desprovisto de emociones. No creo que mi disfrute de la Navidad suponga más apropiación cultural que la que hizo la Iglesia con la Saturnalia, ni que haya algo malo en ninguna de ellas.

Asimismo, no creo que mi celebración personal esté reñida con el laicismo institucional: el Estado no debe posicionarse a favor de una religión, en tanto y cuanto tiene que ser representativo de todos los individuos que lo componen. Sin embargo, tampoco es lógico negar la evidencia de que esta festividad es parte inequívoca, al menos en el presente, de la cultura de España. Como yo, miles de no practicantes, agnósticos o ateos celebran la Navidad, apuesto a que por razones similares a las mías. Despojarnos de esos motivos emotivos porque no somos creyentes, aduciendo que sólo nos interesa el no trabajar, es un error.

¿Creo que los festivos nacionales podrían laicizarse? Sí. ¿Que podríamos en lugar de tener festivos nacionales, otorgar 12 o 14 días de vacaciones más al año, a la libre disposición del trabajador? Quizá, aunque desde un punto de vista puramente práctico sería interesante saber qué le supone al Estado la previsibilidad que otorgan los festivos nacionales (es decir, que la gran mayoría de trabajadores esté descansando a la vez). Pero ¿es necesario? ¿Es realmente una batalla que queramos librar el hecho de que el 25 de diciembre sea festivo? Yo creo que no. Aleguemos razones históricas o culturales para escoger la mera fecha de la festividad (ya que el disfrutar de ese tiempo, dondequiera que se situase en el año, es una cuestión de derechos sociales de los trabajadores. Si no hubiera ese festivo, habría que inventarlo), que en sí mismas, las fechas no tienen maldad o bondad. Y si, el día de mañana, la comunidad musulmana de España quiere celebrar el su propia fiesta, ¡bienvenida sea! De hecho, pienso que tener festivos que se deban a una minoría aumenta el reconocimiento de esa minoría en la sociedad, la acerca y la hace menos extraña, reduciendo la xenofobia y la hostilidad hacia ella. Y por tener un festivo más no iba a pasar nada (y si pasase, quitamos el día ese de agosto que no vale para nada porque todo el mundo está de vacaciones de todos modos).

No puedo terminar la entrada sin hablar de consumismo, que es otro de los males que aquejan y se le achacan a la Navidad actual. Pero dejadme que sea escéptico al respecto. No es que la Navidad no sea consumista, es que ¡todo es consumista! Hay rebajas en enero, en verano, en otoño y todo el resto del año, iPhone n cada año, Black Friday, el día del padre y de la madre (yo a mis padres los quiero todo el año, gracias), San Valentín, las súpervacaciones de verano y las de Semana Santa, teles de plasma, enormes centros comerciales como templos al consumo, mil mierdas que no necesitas… El consumismo navideño no es el problema, es un síntoma más de la sociedad capitalista en la que vivimos. Sin embargo, todo el consumo no es consumismo. No caigamos en la represión y en la tristeza, no nos neguemos las alegrías que proporcionan las cenas en familia, las fiestas, los regalos. La clave no consiste en prescindir de esas cosas, consiste en tomarlas en su justa medida. La templanza y la mesura son virtud, pero la obsesión puritana hace tanto bien al ser humano como el despilfarro decadente.

Feliz Navidad a todos. Que disfrutéis de vuestros seres queridos, que bebáis y comáis hasta hartaros, que riáis, que améis. No importa vuestro credo, esta es vuestra fiesta.

domingo, 23 de marzo de 2014

En Edimbrá (también tienen Hogwarts)

Nos alojamos en un albergue muy recomendable llamado The West End Hotel. Por 8 libras, más 2 por el desayuno (Escocia es un país caro), estuvimos muy a gusto en un sitio que yo no llamaría céntrico, pero da igual porque Edimburgo es diminuto.

menos mal que teníamos el número; con la descripción, tal vez, no hubiera bastado
Mientras íbamos al castillo, una de las atracciones turísticas indispensables del sitio, nos llamó la atención un cementerio en mitad de la ciudad. Como luego nos contaron, los escoceses viven mucho en los cementerios, usándolos para meriendas familiares, para hacer botellón o para darse amor.

os prometo que alrededor de esto, la ciudad bullía con actividad
Ya en el castillo, cuya entrada es carísima (14 librazas), pudimos disfrutar del museo de los Royal Scots Dragoon Guards (bastante curioso, para ser la historia de un cuerpo militar), la Capilla de Santa Margarita (que data del siglo XII), el Mons Meg (una bombarda a la que le tienen mucho cariño), un par de salones muy chulos, las joyas de la corona escocesa (la más curiosa es una piedra sobre la que los reyes se sientan en su coronación desde hace 1400 años o así), una visita a las mazmorras en las que vivían cientos de prisioneros de guerra, y un viento helado que casi nos lleva volando.

totalmente

diría que merece la pena visitarlo, a pesar del alto precio

esta foto no tiene nada que ver con el castillo, pero me hicieron mucha gracia  esos cojines tan cucos
Por la tarde nos hicimos un Free Walking Tour, como ya hice el año pasado en Eslovaquia, en la que una catalana nos dio una buena vuelta alrededor de la city. Fue ella la que nos contó lo de los cementerios. Nos llevó a otro Hogwarts, en concreto el sitio en que se inspiró la Rowling, y que es un colegio privado carísimo.

miles de libras al mes
Y en el cementerio que lo rodea hay numerosas lápidas cuyos nombres tomó la autora para varios personajes: Tom Riddle o McGonagall, por ejemplo. 

El Free Walking Tour fue bastante agradable, pero casi lo dejamos a la mitad de puro frío: yo estaba congelado, y tuve que tomarme un café y un par de azucarillos en una pausa que hicimos. Me prometí que al día siguiente me pondría toda la ropa interior térmica (y eso hice, y me alegro).



Esta es una estatua al perro Bobby, que, tras morir su amo, no se apartaba de la tumba. Como su amo había sido un policía muy conocido, campechano y querido, la gente se enterneció, y en lugar de matarlo como se hacía con los perros asilvestrados, la Ciudad lo adoptó, de manera que era propiedad de todos los habitantes, que  lo alimentaban y lo paseaban (pero él seguía durmiendo en el cementerio). Al morir recalificaron un área del camposanto para que pudiera ser enterrado allí, y la gente le lleva flores y de todo. Una tradición muy bonita, aunque un poco cursi.

Como es Gran Bretaña, vaya.

domingo, 19 de mayo de 2013

Miradme Budapest


Las vistas del parlamento de Hungría desde el castillo de Buda este febrero, concretamente.

jueves, 18 de abril de 2013

La Bola del Mundo

En diciembre fui de monte con el tío Fols (conocido también como Luis Reguera) y su amigo Miguel Pacho, ambos leoneses. La ruta elegida era la Cuerda Larga, que son 16 km de crestear entre Madrid y Segovia empezando en el puerto de Navacerrada. Fols fue muy insistente en que unas polainas eran imprescindibles, porque, no sé si os acordáis, nevó la de mi madre por estas fechas. También se puso un poco nervioso respecto a mi capacidad senderista, sobre todo porque yo no me quise sobreestimar, ya que desde mi operación de menisco no había subido a la montaña. Se ve que el hombre tuvo malas experiencias, por supuesto, con chicas.


La zona ya la conocía yo de marzo de 2012, como ya conté en este blog. En esta ocasión íbamos a la otra vertiente, la este. A eso de las 10, ya no me acuerdo, estábamos en el aparcamiento de la estación de esquí, en el Folsmóvil, poniéndonos los aperos. Me dejaron un bastón de esquí y tiramos para arriba, y ya tengo las fotos de la escursión y por eso os cuento esto en mitad de la primavera. 

a ver si se aprecia: la nieve forma "plumas" al caer mientras sopla el viento, y son espectaculares

asín de niebla había
Había una niebla del quince, y después de la subida a la citada Bola, nos dimos cuenta de que, con los medios de que disponíamos, era imposible realizar la ruta. Sólo con un GPS o un guía que se la supiera de memoria evitaríamos perdernos, y no estoy tan seguro de lo del GPS. Nuestro gozo en un pozo, pensamos, y qué hacemos ahora, nos preguntamos unos a otros, puesto que llevábamos una hora y algo de caminata. Que, si bien había sido dura, por la nieve y la baja visibilidad, también resultó corta en distancia: en un día soleado habríamos visto claramente los restaurantes del puerto. 
Al final decidimos intentar el camino Schmidt, que es lo mismo que la vez anterior que estuve allí. De nuevo, el acceso al camino parecía la ciudad, por la cantidad de coches y gente que piensa que la montaña debería estar asfaltada y tener wifi. Por suerte, en cuanto se pone mínimamente difícil el paso se rajan el 80 por ciento, así que en seguida nos vimos más solos, y en media hora nos quitamos de encima a los rezagados. Sin embargo, entre pitos, flautas y paradas técnicas se nos estaba haciendo un poco tarde, y queríamos ver cumbre otra vez, así que tiramos por la línea de máxima pendiente para desembocar, de nuevo, en el Alto del Telégrafo (o por ahí). La ruta escogida era prácticamente virgen, o todo lo virgen que se puede ser allí. En todo caso la nieve estaba sin pisar, y el paisaje, en verdad os digo, era sobrecogedor, pues se trata de la cara norte:

y en cara norte se mantiene más tiempo la nieve
Acabamos comiendo casi en el mismo punto que en el cumpleaños de Jorge en marzo, pero con menos vistas por la mencionada niebla. El bocata de Fols era de chorizo o cabeza de lomo, no me acuerdo, y el mío, por no saltarnos las tradiciones, de queso con anchoas y tomate. 

Al bajar de nuevo al coche, encantados de la vida, decidimos que nos merecíamos un chocolate caliente, y así lo hicimos saber en el primer bar de carretera (muy glamuroso) que nos encontramos en la vuelta a Madrid. 

Viva la vida.

Enzo, Fols, y las Polainas de la Verdad



martes, 26 de febrero de 2013

Bratislava, ciudad de contrastes


El domingo 17 íbamos a visitar Brno, en Chequia (me ha convencido Abel para usar esa palabra, con argumentos irrefutables), Abel y yo. Pero por cosas del directo perdimos el autobús que nos llevaría a la estación de tren, y aunque fuimos a la estación de autobuses, el que se dirigía a nuestro pretendido destino ya iba lleno. Así que nos dimos una vuelta por Bratislava, concretamente el puente SNP (Slovenského národného povstania, Alzamiento Nacional Eslovaco) "o puente del OVNI", y el castillo de la ciudad, que resistió a los mongoles, a Napoleón y a no sé quién más, y luego llegaron unos italianos de fiesta y lo quemaron. Ahora es un poco soso, pero tiene unas vistas muy chulas.

el puente SNP; detrás el barrio de Petržalka. Lástima de niebla...
El caso es que después me hice un Free Walking Tour, para dejar sitio y el lunes ir a Brno (pues no me iba a a quedar sin pisar suelo checo). El FW Tour es un paseíllo de un par de horas con una chavala de 19 años que te cuenta, en inglés, lo que hay que ver en la ciudad, y un poco de su historia, y luego le pagas la voluntad. Me parece que el tiempo, el género sexo de la persona que te lleva y su edad son grados de libertad del problema, así que digamos que consiste en que un amateur te enseña su pueblo y le das el billete más pequeño que tengas. O huyes sin darle nada, JAJAJA.

Nuestra Free Walker se llamaba Simona y nos dio una buena vuelta por Bratislava, contándonos eso que he dicho de los italianos que quemaron el castillo, y también otras cosas como que en la época socialista Praga fue proyectada como ciudad mona y Bratislava como ciudad industrial y moderna. Esto último, si hablamos del bloque comunista y de los años 60 y 70, significa la plena aplicación del feísmo como leitmotiv.


Esto es un hospital estatal en desuso frente a una iglesia modernista completamente pintada de azul cielo. Una iglesia del Celta. En este caso la cosa bonita es posterior, pero el hospital era completamente deprimente, feo y carcelario, y no creo que cuando estaba en funcionamiento fuera mucho más alegre. Aunque esta imagen es particularmente llamativa, es un fenómeno que se da mucho en la capital eslovaca, donde, según Simona, el 70% del casco histórico fue destruido entre la guerra y el afán de modernización posterior. Y lo que construyeron entonces furrulará bien (los autobuses, tranvías y trolebuses, de libro, como relojes, oiga) pero es feo como pegarle a un padre.

Luego está el asunto de las casas sin cuidar. Esto también lo noté en otros sitios, como Budapest, cuando estuve con mi familia hace ya nueve años. Están estos sitios llenos de palacetes de Sisí Emperatriz y casas añejas preciosas, pero hechas un despojo. Lo curioso es que en otros sitios (en el oeste), esas casas o están cuidadas (dentro de un orden) o fueron demolidas a saber cuándo. Por ejemplo, si la memoria no me falla, en París un rey de hace algún ciento de años mandó derruir la mayor parte de las casas para evitar incendios como el que había consumido las otras, con lo que la ciudad se renovó bastante.

En estos países comunistas parece que decidieron conservar estos edificios pero no cuidarlos, usándolos de granero o viviendas sociales o yo qué sé. Así que ahora vas por el centro y te encuentras mansiones fantasma. Conste que cada vez menos, que ya en Budapest (como os contaré, o no, ya veremos) me fijé que lo tenían más apañao todo. En Bratislava, como veis, aún les queda un poco por hacer.

Por último, otra cosa que me llamó la atención durante el paseo es lo sucio que está el centro y lo cochinos que son ellos, que así a priori pensaba yo que no. Como anécdota sabed que en la plaza del ayuntamiento nuevo pude ver un par de jeringuillas tiradas en la nieve. Cosa curiosa, pues lo que son yonquis brillaban por su ausencia (por el frío, me imagino. Vi un solo mendigo en toda mi estancia) y no me imagino a otro tipo de ciudadano usando jeringuillas en la plaza, la verdad. Pero ahí estaban todas conspicuas.

En fin, si alguna vez tenéis oportunidad, los Free Walking Tours parecen estar muy bien organizados, y son una manera bastante buena de ver, en poco tiempo, "lo que hay que ver" de los sitios. Además, por poder puedes no pagar nada. Aunque eso es mal karma, que lo sepas.

los freewalkers. La única persona gorda era yanqui

lunes, 25 de febrero de 2013

El museo del ejército, Viena

El martes de la semana pasada, durante mi estancia en el este, me acerqué a Viena (que está a una hora larga de tren de Bratislava) a pasar unas horas. Me olvidé el gorro de pelo, y por supuesto, se puso a nevar nada más llegué a la capital austríaca.

Mi primera parada fue el museo del que os quiero hablar, que además está muy cerca de la estación de tren, Wien Hauptbahnhof. Me costó un poco dar con él, porque la zona estaba en obras y el sitio es un palacete en mitad de un parque. Precioso, por cierto, tanto por fuera como por dentro; sólo el edificio merecía la pena los 3,30 leureles que cobraban a los estudiantes (como yo, espero que por poco tiempo, por cierto). Y el jardinzuelo de la foto estaba lleno de cornejas enormes y ufanas.



Lo primero y quizá menos interesante era la colección de la Segunda Guerra Mundial. Armas, uniformes, vehículos, parafernalia nazi... Este tema es tan recurrente que me sonaba todo a sabido, aunque debe ser el sitio más completo al respecto que he visitado. En Alemania nunca he visto nada así, pero no sé si existe y no lo recuerdo o la fobia que le tienen a ese período se extiende a los museos también. En ese sentido, en Austria por lo menos se puede ver todo esto, y si tienes interés, se satisfará. Detrás de este asunto había unas salas dedicadas a la armada austro-húngara de principios del XX, que molaban pero no tenían mucha personalidad austríaca, por así decirlo.

La parte siguiente ya era considerablemente más guay, de cuando Austria era un imperio y partía la pana, y también de la Gran Guerra. Uniformes de infantes, húsares, dragones, granaderos, fusiles de chispa, los primeros rifles de repetición, cuadros... lo que os imagináis que suele haber en un museo, vaya. Uno de los objetos que más me gustó era este pañuelo de tela:

es húngaro, no forcéis la vista
Es una circular del siglo XIX a los soldados, en la que se les enseña balística, melodías de las marchas que procedan, las diferentes personalidades del Imperio, trucos varios y otras cosas que todo soldado debiera saber. La gracia es que claro, siendo un pañuelo es muy cómodo de transportar (por ejemplo atado al cuello) y muy resistente (comparado con un papel, que se destroza en mitad de una campaña). Ingeniería pura.

Más adelante hay una sala cuyo contenido Abel me había dicho que era sorprendente. "No me esperaba que tuvieran eso", me dijo, pero no me contó qué era para ver si me alucinaba como a él, añadiendo que "sabrás de qué hablo".

Resulta que los tipos estos conservaron el coche en el que fue asesinado el Archiduque, y heredero a la corona imperial, Francisco Fernando en Sarajevo en el 14, magnicidio que dio pie a la Primera Guerra Mundial*:


Y.

También tienen la ropa que llevaba puesta, con el agujero de bala y la sangre del difunto y todo. Sangre que lleva cien años en esa ropa. Un pedazo de Historia mayúsculo, y una pasada de ver en directo. O sea, a ver si nos entendemos: que le den por saco a Kennedy y a Harvey Lee Oswald o como se llame.

y lo del fondo es el diván en que expiró
Total, que muy guay el museo, y a pesar de ser chiquito te puedes tirar dos o tres horas si lo quieres ver bien. Cosas de los museos. Yo no pude, porque quería ver el resto de Viena y no me daba tiempo, así que me lancé a la calle y comencé un paseo muy loco bajo la nieve en el que me perdí un par de veces y me confundí de metro otra. Pero que salió bien, al final, y pude llegar a Bratislava a tiempo de esperar a Abel media hora en la calle, a 0º, para ver la ópera de Carmen.

lunes, 18 de febrero de 2013

Trnava


El sábado Abel y yo visitamos Trnava, una ciudad a media hora en tren de Bratislava donde se halla la universidad más antigua de Eslovaquia (del siglo XVII, creo) y de donde es un profesor suyo. El hombre en cuestión, Bohdan, imparte español y lo habla como si fuera de Ávila, es una pasada. También se lo habla a su hijo de tres años, Radko, con lo que está consiguiendo que sea bilingüe, y en cuanto sea un poco mayor le enseñará inglés. #Asínosvaanosotros.

Trnava es pequeñita, con un casco histórico encantador. Recuerda un poco, en palabras del mismo Bohdan, a Toledo o Salamanca. Conserva muchos edificios antiguos, trozos de muralla y todo esto interesante.

Comimos por 13 euros (entre los dos) en un restaurante típical, y nos pusieron tanta comida que tuvimos que pedir un táper para llevarla para casa (y la cenamos anoche). Además del casco viejo también había algún monumento de la época comunista, y una estatua de Juan Pablo II con un Cristo peculiar.


la Guerra es fea, toma I
toma II

toma III
toma IV y última

Total, que muy agradable el paseo. Bohdan y su hijo me cayeron estupendamente y me sorprendieron, porque hablan mejor español que algunos españoles de sus respectivas edades. Trnava tiene pinta de ser muy agradable para vivir, y para visitar en verano o primavera. Por si estáis pensando en ello.

Abel, Radko, Bohdan y yo, con la mezcla de arquitectura de ayer y de hoy.











LOL JUST CHILLIN

viernes, 15 de febrero de 2013

[BTS]

Estoy en Bratislava visitando a mi amigo Abel. Está todo nevado y hace bastante frío, salvo en su residencia, donde puedes andar en camiseta o incluso sin ella...

Movistar me ha dejado tirado, sin roaming ni nada, y me siento un poco desvalido, comunicativamente hablando. A ver si se soluciona pronto.

Hoy visitaremos el Castillo de Devin, y alguno de estos días ¡iremos a la ópera o el ballet! También se prevé visitar Trnava, Brno (República Checa), Viena (por mi cuenta) y Budapest (con una húngara de Hungría, incluso).

Y eso! Estad al loro!

domingo, 6 de enero de 2013

Día 6, hora 7

Anoche llegué a casa a las siete y media acompañado de Pedrito, con el que compartí ron toda la noche hasta el punto de comprarnos a medias el último cubata de la sesión. También estuvo Abel, y Diego, que se fue a casa después de darme un abrazo en el Habana 20.

A Iris le gustó la chaqueta de lana que le compré, y ¡uf!, qué alivio. La tensión de todas las navidades buscando el regalo apropiado se desvaneció. Y ella me regaló ¡una cometa! Una cometa azul, en forma de delta de estas modernas, a la cual ya le sacaré fotos para que la veáis, cuando la haga volar por los parques de Madrid.

En el roscón de mi casa me tocó la figura, con lo que me puse la corona, y en el de casa de Iris el haba... Por suerte, su madre tuvo misericordia y proclamó "¡Ya está pagado!", y salí indemne. Una amiga de mi cuñada Belén, una taiwanesa muy maja llamada Yu Fon, se puso a su vez la corona de ese roscón y la llevó toda la tarde, al parecer, causando el regocijo de los familiares de Iris.

Visité a la abuela Toni, que se vino arriba conforme iba pasando el rato, y parecía una persona diferente cuando, al cabo de hora y media, llegaron mi padre, mi tía Cris y mi prima Ana. Hasta hablaba con más fuerza. No hay nada como darle a la cabeza para mantenerse en buenas condiciones, y no hay nada como Telecinco para volverte gilipollas.

Feliz 2013, gente.

(A la gente le encanta la chaqueta de lana heredada de mi padre, quien por razones insondables ya no la usa. Que se vuelvan a llevar las grecas navideñas y la lana, ayuda.)

lunes, 3 de diciembre de 2012

Que estaba tocando palmas


Tengo el ordenador en el servicio técnico, por eso no estoy dando muchas señales de vida por aquí. Para amenizar un poco el inicio del mes de diciembre voy a colgar unas fotos con sus escuetas explicaciones.


Gambas rebozadas con salsa de cilantro, también del libro de Maca Feijóo (que me regaló, no  que escribiera). La salsa sabía a mojo picón y el ajo nos repitió todo el día, así que exquisito. Y sí, las serví con unas rodajas de naranja, y no, no fue idea mía, pero queda muy mono, no?


Esto es una receta de arroz "mexicano" de Ferrán Adriá, que le gusta mucho a Denis. Lleva cebolla batida, cilantro (otra vez), maíz y ajo. Lo usamos para acompañar unas pechugas de pollo y estas no le llegaban a la suela de los zapatos.


Y ayer cenamos una patatada bastarda, como dicen estos. Con toda la grasa que pudimos encontrar, porque, por Santiago, hace más frío en Madrid que en la comunión de Pingu, y en Churruca 3 no tenemos calefacción. Bueno, tenemos unos radiadores eléctricos, de esos que calentar no calientan y consumir consumen como si fuera su último día en la Tierra.

Conste que estoy muy a gusto con el frío, sobre todo porque se exagera muchísimo con la calefacción en España en general y en Madrid en particular. No sólo es irresponsabilísimo desde el punto de vista ecológico; también es un coñazo entrar en una tienda y asarte de calor, y estoy convencido (al igual que Denis) de que tanto radiador encendido nos hace débiles y más propensos a los catarros. Yo por ahora estoy mejor que nunca en estas fechas, entre esta casa y sentarme al lado de la ventana en clase. Ventana que abro, por supuesto.


También ayer, por la mañana, fuimos Iris y yo al parque Juan Carlos I, que está en Campo de las Naciones, tan al nordeste de Madrid que se ven los aviones aterrizar en Barajas. El parque es bastante grande y bastante nuevo; los arbustos son muy bajos todavía, aunque tiene árboles ya crecidos y presumiblemente trasplantados. Mención especial merece un olivar precioso por el que es una gozada pasear. Asimismo, hay numerosas obras de arte (esculturas y tal) salpicadas por el área, y si bien las hay mejores y peores, en lo que coincidimos es que las cartelas explicativas eran lo más cursi, ñoño y vomitivo que pudieran haber escrito.

Vimos un montón de perros siendo paseados, muy riquiños, y no pasamos nada de frío porque daba el solete. Comimos unos bocatas, leímos nuestros libros libres y pasamos una buena mañana dominguera.

pese a la nefanda amenaza de las profundidades