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jueves, 27 de noviembre de 2014

Hello sir, please photo?


Los indios tienen una obsesión con las fotografías. Se desviven por hacerse fotos con los turistas, hacer fotos a los turistas o pedir a los turistas que les saquen fotos a ellos. Niños y adultos, de cualquier clase y condición, hombres y mujeres, piden al viajero "Photo please!". Pensaréis que son unos presumidos, y estaréis en lo cierto, pues ensayan todo tipo de poses molonas. Pero es que incluso pasa que ¡se van sin ver la foto que les has sacado! Para mí que existe algún tipo de creencia remanente, por la cual salir en la foto de un extranjero es como si éste te llevase contigo y te confiriese parte de su Karma. O algo así.

Empezaron los taxistas que nos llevaron de Bombay a Pune:

Rajul, el dueño del taxi...

... y Nikkil, el segundo de a bordo
Nos pasó también en el Fuerte Rojo, en Agra:

con los reyes del mambo juntos...

... o en solitario

me querían a mí...

... o a Iris
En Benarés (Varanasi) nos pasó un par de veces que nos pidieron que hiciéramos fotos a sus hijos o con sus hijos:

como he dicho antes...

... la clase social...

... no cambiaba las cosas
El barquero con el que hicimos un par de tours, Dablu, también nos pidió una foto mientras nos llevaba:


También hubo peticiones en Bombay, cuando paramos después de Benarés. Concretamente en la "Puerta de la India", un monumento muy gordo que les hicieron los ingleses al irse:

aprovechando que estábamos con unos...

...nos pedían otros

Están locos, estos indios.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Perroflautas de mierda

En septiembre de 2009 hubo una manifestación de apoyo a la candidatura de los JJ.OO. de Madrid 2016. Según fuentes oficiales, había 400.000 personas:

 "...las 400.000 personas contrastaban con las 900.000 que anunciaba el ''speaker'' sobre el escenario instalado junto al Ayuntamiento..."
El sábado pasado hubo otra manifestación, La Marcha por la Dignidad. Según fuentes oficiales, asistieron 36.000 personas:




La diferencia entre 36.000 y 400.000 es que unos son perroflautas de mierda y los otros, gente normal.

arriba: perroflautas de mierda
 
arriba: perroflautas de mierda

arriba: perroflautas de mierda

y vosotros, idos a vuestro país

jueves, 31 de octubre de 2013

Textos de un inmigrante

Mi amigo Alberto (el Judío) ha comenzado un blog en el que cuenta sus impresiones después de un año de vivir en Canadá. Os recomiendo que lo leáis, pues es de rabiosa actualidad, muy inteligente y nada presuntuoso:

http://textosdeunmigrante.wordpress.com

lunes, 25 de marzo de 2013

Del viajero preocupado y el ufano Johnny Rock

El viernes me vine de Madrid para Vigo, en tren. El caso es que con el AVE, las obras y vayaustéasaber, hay multitud de viajes nuevos, con horarios estrambóticos, para tal trayecto. Yo quería viajar con Iris, por lo que ambos habíamos comprado el billete, si bien no a la vez, a la misma hora de salida, con lo que cuál no sería nuestra sorpresa al comprobar que mientras que yo debía viajar hasta Santiago, esperar 20 minutos y coger otro tren, ella debía hacer lo propio en Orense, horas antes. Así que no íbamos a coincidir, a priori.

Con el fin de desfacer tal entuerto me presenté en Chamartín una hora y media antes de que saliera el tren, para pasar por ventanilla y pedir que me hicieran un apaño, básicamente. Así que en la lenta cola me situé, y me fijé bien antes de que me tocara el turno en el dependiente, que si bien vestía las uniformes prendas de la RENFE, llevaba barba y melena. "Guay, un jevi", pensé, y me divertí imaginando que él, al verme (con mi chupa de cuero y mi propia pilosidad), sentiría más simpatía por mí que por el cliente medio. No sabía hasta qué punto tenía razón...

Me llegó el momento de exponer mi problema, y así lo hice, creyendo notar en el proceso que el tío, encima, tenía acento gallego (y yo también era sospechoso de ello para él, habida cuenta de mi billete a Vigo). Sin embargo, hermandad del metal o no, no parecía que hubiera nada que hacer pues el tren estaba al completo. "Vuelve en cinco minutillos y te lo miro", me dijo nuestro amigo, al que a falta de nombre llamaré Johnny Rock.

A pesar de que no veía cómo podía ayudar ese tiempo, pues detrás de mí venía más gente con sus movidas, hice como Johnny me mandó, dejando pasar los minutos y retomando a la cola. Para cuando volví a la ventanilla, lo primero que noté es que estaba sonando Paranoid, de Black Sabbath. Os prometo que no oí ningún tipo de música la primera vez.

Johnny Rock demostraba esta vez una actitud considerablemente más segura, y con aires muy profesionales cogió mi billete y tecleó en su ordenador, tamborileando los riffs mientras esperaba a que cargase la información e incluso agitando ligeramente la cabeza. Ante esta situación, no pude por menos que sonreír, pero no me atrevía a cantar (como acabó haciendo él) los estribillos de las canciones. Según acababan, Johnny Rock seleccionaba cuidadosamente la siguiente en el reproductor, que quedaba oculto de mi vista. Yo llegué a seguir un poco el ritmo con las manos, muy tímidamente, entre otras cosas poque tenía un montón de gente a la cola, que iban a pensar "de qué coño van estos dos".

Después de un rato, Johnny Rock me tendió un billete como el de Iris, Madrid-Orense-Vigo, "el asiento ya lo tienes que hablar con el revisor" (porque yo, para ablandarlo [como se ve, innecesariamente], había dicho que quería ir con mi novia), y me explicó que lo que hacía era venderme un pasaje nuevo y reintegrarme el antiguo. Cosa que no me pareció nada canónica, e incluso me pregunté si le estaría robando el asiento a alguien. Luego me acercó un recibo, "échame un autógrafo" y yo pensé "el autógrafo te lo tenía que pedir yo a ti, Johnny Rock", aunque en ese momento no le llamaba Johnny Rock todavía. Cogí mi billete, mi resguardo, y me reuní con Iris en pocos minutos.

Es la primera vez, que yo sepa, que ser jevi me ayuda a que me traten bien como cliente.

Yeah.

domingo, 4 de marzo de 2012

Happy Birthday Indeed

El jueves cumplí veinticinco años. El viernes lo celebré con todas mis fuerzas y con una buena pandilla, entre los que se contaban, aparte de los sospechosos habituales, Valma, que vino desde Toledo a pasar dos noches para la ocasión; Soria, que está de rotación en Madrid (en un hospital cuyo nombre evade mi memoria)  y Sara (Lago), que desde hace una semana vive y trabaja en Madrid. En total sumamos 17 y pasamos cuatro horitas en la cervecería Boomerang, en Tribunal. Nos dieron un trato excelente y una cerveza mediocre (Cruzcampo) que no impidió que nos bajáramos 105 botellines.

es muy gracioso porque no los iban recogiendo
Lo malo fueron algunas ausencias, y que tuve que ver cómo el Depor le ganaba al Alcorcón.

Luego nos tomamos unos chupitos en la Mezcalería que se encuentra por la zona y acabamos con nuestros huesos en una discoteca genérica porque ya no eran horas de estar por la calle, mal que me pesase la música y eso. Todo el mundo se cayó muy bien, y había numerosos grados de libertad de gente que no se conocía, así que es una suerte.

Al día siguiente Diego nos preparó una fabada antológica a los valientes que se presentaron para la tarea. Terminamos de comer a las cinco y media, me eché una siesta de media hora y me levanté para ver al Celta hacer lo mismo en Valladolid, consiguiendo afianzarse en el pódium de Segunda División. ¡Este año subimos!

Entre otras alegrías del fin de semana, me enteré de que mi buen y más antiguo amigo consiguió la plaza 1499 (de 13000) en las recientes oposiciones al MIR, con lo que es muy  probable que consiga la especialidad que desea. ¡Enhorabuena, Javi!

Also, cerveza:

por Pablo Cazcarra

Vino:


por Luis Lezana

Alimento para el cuerpo:

por Iris Astor

Y alimento para el alma (alma friki):


por Diego San Felipe

¡Gracias a todos por un fin de semana de diez!

miércoles, 22 de febrero de 2012

Ira

Ayer volvía de casa de mi novia cuando uno de tantos artistas del Metro brindó a mi vagón una función de magia. El individuo en cuestión era de mediana edad y extranjero y hablaba un español bastante indescriptible. Portaba discman y amplificador, sombrero de copa de plástico rosa y un par de cuerdas mágicas. Realizó un truco con una pelota de ping pong que controlaba en el aire, otro con un cuaderno que a sus órdenes mágicas se dibujaba, coloreaba o borraba solo y otro con las cuerdas, en el estilo tradicional de prestidigitador.

Llegada la hora de pasar el sombrero, sólo uno de la escasa docena de pasajeros le dio algunas monedas. El pobre mago, que había tratado de apelar a nuestra buena conciencia con loas chapurreadas a los usuarios de Metro en general, se enfadó. Comenzó a decir, en un castellano bastante más comprensible, que en el vagón aquel no había educación, que no tenía para comer... Llegó a decirle a uno de los ocupantes que la próxima vez que lo viera, sería él, el mago, quien le daría veinte céntimos, ya que estaba claro que a él, el mago, le sobraba, mientras que al pasajero no.

Tal fue su enfado que cuando salió del coche en la siguiente parada los sorprendidos viajeros lo comentaron entre sí, con miradas entre indignadas y divertidas.

Yo no llevaba más que un billete de 10 euros y un par de céntimos, y ninguno me parecía apropiado para la situación. Supongo que el resto de espectadores se vieron en situación análoga, pero la cuestión de fondo, y la que me parece que resta toda razón al enfado del ilusionista, es la siguiente: nosotros no pudimos elegir no ver la función. Comprendo que te siente mal haber perdido el tiempo, por decirlo así; comprendo que la cosa está muy mal y que cualquier ayuda es poca, y comprendo que uno no actúa en el Metro por vocación sino por necesidad. Pero lo que no puede pasar es que obligues a gente a ser espectador y luego te enfades si no te pagan.

¿No?

jueves, 9 de febrero de 2012

Ejercicio

En mi barrio hay muchos ancianos. Incluso hay una residencia de la tercera edad. Algunos de estos paisanos son bastante activos, y hay uno en particular en que me empecé a fijar el año pasado por lo peculiar.

Se trata de un señor de unos 75 u 80 años, con el pelo totalmente blanco, gafas, gorra de señor y pantalones de pana que sale a correr. Sale a correr tal cual os lo he descrito, con los pantalones de pana e incluso chaqueta de abuelo. Va a una velocidad muy moderada, por supuesto; alguna vez lo he adelantado caminando. Pero el señor trota, no es que camine rápido.

Cuál no sería mi sorpresa esta mañana cuando al ir a coger el metro, me encuentro a este caballero (cuyo nombre me gusta pensar que ha de tener una resonancia arcaica, como Telesforo o Casimiro) dando vueltas a su típico ritmo delante de los tornos. Su chaqueta, que no necesitaba por la superior temperatura del ambiente (lo que es de suponer era su razón para haber escogido tal, asaz extraña, pista de carreras), pendía de un cartelón de los de "¡Ojo, mojado!". Fabriciano, o tal vez Nicomedes, impertérrito ante el flujo de incrédulos pasajeros, realizaba así su ejercicio diario.

Poesía, este señor.

domingo, 29 de enero de 2012

Agencias de calificación

Las agencias de calificación son unas empresas que le ponen nota a tu solvencia como posible negocio. Es decir, le dicen al resto del mundo lo fiable que eres para que inviertan dinero en acciones de ti, ya seas un producto, un paquete de hipotecas basura, un país o lo que quieras. Son el culpable último de que tu tío esté en el paro, porque especulan con esas calificaciones y se venden como si fueran profesores de colegio privado (¿Un jamón? Oh, ¡gracias! ¿He mencionado ya el sobresaliente de Borjita?).

Si quieres aprender más sobre estos granujas, puedes ver Inside Job, el oscarizado documental de Charles Ferguson; yo lo que voy a hacer es emularlos sin escrúpulos. En mi caso pondré nota a la gente con un código alfanumérico que me iré inventando sobre la marcha.


ANGELA MERKEL

Angela Dorothea Merkel es la canciller de Alemania.


ein bischen!
A quién se le ocurre, Angela, ese pelo, esas ojeracas. Muy mal. Te voy a poner un 3 en Presencia. Por otro lado, está claro que mandas un montón, lo que te granjea un código Alfa.

Ser alemán automáticamente garantiza en todo lo que yo calcule un bonus A+. Claro que según estos parámetros Hitler sería algo así como un Alfa 9 A+, así que alguna diferencia tendré que hacer. Por ejemplo, la probabilidad de haberse ganado el Infierno, expresado en un cómodo criterio de color donde más oscuro significa eso, que más negro lo tienes.


Angela Merkel obtiene una calificación Alfa 3 A+ Gris.


JOAQUÍN SABINA

Joaquín Martínez Sabina es el cantautor golfo de Úbeda que está cantando en mi Winamp mientras escribo.
fue joven un rato

Sabina es un rojo al que la gente de derechas escucha apasionadamente (de hecho alguna vez, según él, le han dicho "eres un rojo de mierda pero me encantan tus canciones") y lleva bombín. Le doy un 8 en Presencia.

Mandar no manda nada; le pondré un código Whisky. Fuma como un carretero y no es ajeno a las drogas duras, por lo que se merece una C.

De Úbeda solo salen personajes; esto, unido a haber sido okupa en Londres, otorgan una mención asterisco. En cuanto al infierno, bua, rojo casi negro. Allí estará, tocando rocanrol.

Joaquín Sabina obtiene una calificación Whisky 8 C* Rojo Vino.


CLINT EASTWOOD

Clinton Eastwood Jr. es actor, director, músico, icono cultural del siglo XX y tipo crema en general.

sabe lo que estás pensando
Presencia no le falta. La ha ido desarrollando a lo largo de los años invirtiendo en su mirada y su leyenda. Un 10. 

En cuanto a la autoridad, claramente no se come un rosco, pero eso es porque quiere, que está mayor. Pero si habéis visto El sargento de hierro estaréis de acuerdo conmigo en que no puedo bajar de un Bravo.

Siempre ha cuidado su salud, y así está a los 81 hecho un pincel. Y el tabaco ni probarlo (aparte de la ocasional tagarnina en sus películas). Lo que le vale una A. Del calibre 45.

Desde que colgó las pistolas no ha hecho más que dramas buenísimos en los que ha demostrado que tiene una profunda sensibilidad y que no es tan macarra como parecía, así que su alma no está del todo perdida. Se merece un verde esperanza.

Clint Eastwood obtiene una calificación Bravo 10 A .45 Verde Claro.


Eso es todo para mi pausa de la comida. Si queréis invertir, hacedlo en pelis de Eastwood, que son un valor seguro. Me despido no sin antes animaros a que sugiráis personajes a los que alegremente calificar, así, por la cara.

lunes, 9 de enero de 2012

Charade you are

El sábado fui con mis padres al Corte Inglés de Vigo (sólo hay uno), a cambiar un regalo. Fuimos en coche porque estoy medio cojo, por la operación y todo esto.

Lo mal diseñado que está el parking de este sitio es de programa de José Mota, pero lo que más me llamó la atención fue la siguiente situación:

Al salir hacia el aparcamiento desde la planta 4, que está a medias entre las plantas 6 y 7 de aquel, hay una rampa hacia arriba y dos cuerpos de escaleras, uno a cada lado. La rampa estaba ocupada por una cola de diez personas que esperaban turno para pelearse con la máquina de cobro automática (por alguna razón solo hay una para esos dos niveles de cochera), entre ellos mi señor padre. El panorama del resto del descansillo era este:

7-hit combo!!

De hecho, el último carrito fue abandonado ahí ante mis ojos, pero como estoy desentrenado por las vacaciones no me di cuenta de que la pareja de paisanos de mediana edad que lo dejaba de tal guisa efectivamente se iba. En mi ingenuidad pensé que volverían a por él después de bajar su carga por partes.

A continuación numerosos peatones vieron su camino escaleras arriba (o escaleras abajo, alguno se empeñó) entorpecido por la metálica barricada. Pensad que esto estaba lleno de gente con paquetes, regalos para devolver, niños pequeños... Un jaleo.

Bastardos desalmados, buenos para nada, yo maldigo vuestra descendencia, que sobre vosotros caigan las diez plagas de Egipto. Me juego algo a que no encontrasteis esos carros ahí, pero vuestra egoísta y torpe mente no es capaz de pensar en ello. En el momento en que ya no os hacen falta, que le den por saco al resto de nosotros, porque vosotros ya estaréis en vuestro coche camino a vuestra casa con vuestra flamante televisión de plasma con la que idiotizaros aún más. Sois el problema de este país, sois el problema del mundo. Sois las ovejas, sois los cerdos y sois los perros. Sois casi una risa, pero en el fondo sois para llorar.

martes, 13 de diciembre de 2011

Camino Soria

El fin de semana pasado me subí con el Artista a Soria, donde estábamos invitados por Lara y esperábamos ver también a Soria (de nombre Luismi). Nos cogimos el autobús en Avenida de América tres horas más tarde de lo que queríamos, por cosas de la vida, y el viaje duró un par de horas.

el colmenar

La primera noche la pasamos en una cabaña que el padre de Lara, Miguel Ángel, ha acondicionado a unos kilómetros de Soria para utilizarla como colmenar y como refugio zen. Está equipada con multitud de elementos "verdes": calentador de agua solar, otro par de mecanismos solares para producir miel o cera, un serpentín alrededor de  la estufa para aprovechar mejor el calor... Todas las instalaciones son producto del trabajo de sus manos y una mínima inversión, y ya le han ofrecido una pasta por ella. Que, dicho sea de paso, espero que no acepte, porque lo que tienen allí es una pasada. Eso no lo paga el dinero.

En fin, ahí pasamos desde las 7 de la tarde hasta las 4 del día siguiente, charlando, paseando por los alrededores y desempeñando ocupaciones relajadas en general. Nos acompañaba Canela, una de las perras de la familia, que se pasó un buen rato de la noche ladrando a los corzos. Todo muy campestre, que ya sabéis que es la mejor vida. No, en serio.

Lara y Jaime con mate y miel
Al día siguiente visitamos Pedrajas, el pueblo donde esta familia veranea y posee una casa muy chula. Oh, y que está plagado de esculturas que en su mayor parte son obra del padre de Lara. Es un manitas. En la casa tenían un Renault 4TL como el que tuvo mi madre 21 años, amarillo también, esperando su renacimiento como un fénix cuando este hombre se ponga a ello. Y visto lo visto, algún día se pondrá. 

Calabazas, por Miguel Ángel Rodríguez

Por fin tuvimos la oportunidad de reposar en la casa que tienen en Soria ciudad (39838 habitantes, muy familiar), conocer a la madre, Asun (yo la llamé Asunción y se rieron) y un poco más tarde al hermano, Miguel. Lara también tiene otra hermana llamada Marina, muy curiosa ella, a la que ya conocíamos de antes y que también estaba allí. El caso es que todos nos caímos muy bien, y la conversación fue muy animada y ecléctica, desde Alejandro Magno a estrategias en caso de apocalipsis zombi.

Después de cenar nos marchamos de vinos con vistas a encontrarnos con las amigas de Lara y con Soria (Luismi. Esta sinonimia crea confusión), cosa que hicimos en el tradicional local El Lázaro, donde estuvimos hasta horas no tan avanzadas como insospechadas tomando del susodicho vinate. Vinate dulce, por añadidura. Jaime y Lara, y las amigas de ésta, tuvieron la oportunidad de conocer a los amigos de Luismi, que son de lo mejor de España, y por supuesto, siendo Soria (ciudad) pequeña (bueno, Soria persona tampoco es muy grande), en seguida comenzaron a salir a colación relaciones entre unos y otros, y hubo gran regocijo.

Soria en Soria
El fin de semana pasó deliciosamente entre convolutas conversaciones convenientemente combinadas con vino y con victoria del Barça frente al Madrid, que vimos sin prestar mucha antención ni comer mucha pizza, cosa extraña que se explica porque Doña Asun Escalada nos preparaba unas comidas cinco tenedores. Y tres platos. Esto es algo que ya noté en mi anterior visita a Soria, donde la madre de Soria (mierda, ¿se entiende o qué?) no paraba de servirme chuletas de cordero después de los calamares en su tinta con arroz y antes del postre que sería sucedido por un ciclópeo pedazo de tarta. En Soria, se come BIEN.

Incluso tuvimos tiempo de hacer un poquillo de turismo, visitando San Saturio y el Paseo del Mirón a escasos grados sobre cero. Un frío de esos que abrigan un montón, desde mi punto de vista.

En general, un viaje excepcional, con una compañía fuera de serie.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Evening bizarre

Vaya tardiña me ha salido. Primero he conseguido no encontrar la Casa del Libro de Gran Vía. Y eso que debo haber ido diez veces. Pero nada, no sé si el enorme gentío me ha despistado (¡oh, diciembre, mes de paradojas: llega el friazo y la gente sale a la calle!) o es que simplemente soy idiota, pero prometo que no la he visto por ninguna parte.

Como quien no quiere la cosa me he dirigido a la FNAC de Callao, delante de cuya puerta una orquesta de unos diez componentes alegraba los ánimos un huevo (en serio). Dentro había una sesión de firma de ejemplares y esas cosas por parte de comiqueros españoles (había también autoras, en castellano el plural de masculino vale para un grupo heterogéneo de personas, fuck you), cosa que ya sabía pero había olvidado. En fin, no conocía a ninguno de los que estaban, así que deambulé un poco, comprobé que el precio de Dance of Dragons (el último de Juego de Tronos) es muy competitivo, a unos 2 céntimos y medio la página, y salí de nuevo.

me hace gracia el de la izquierda que está de cara a la pared

En mi camino a casa, por el medio más largo (por Moncloa y caminando), me detuve en Kebab House, también conocido como El Mejor Kebab De Todo Madrid, también conocido como El Del Turco, también conocido como Ése Que Siempre Está Cerrado. Lo lleva en solitario un tipo que puede o no llamarse Ismael y puede o no ser turco, pero lo que está claro es que tiene un mostacho para apagar fuegos. El tío abre cuando le da la gana y en lugar del típico rollo de carne del Macro tiene novecientas chuletas de cordero clavadas en un pincho, asándose. Siempre te da el cambio en una cestita, para que no tengas que tocarle las manos o algo así. Hoy me enteré de que vende ayran casero. Un tipo crema, en general.

Más tarde, con el kebab en mi poder (en mi poder absoluto. Me lo había comido), en una calle secundaria me fijé en un macarra con un todoterreno blanco con pinta de ser muy caro y consumir la de Dios es Cristo. El todoterreno. El caso es que la cara del macarra, aun siendo vulgar, me sonaba. La única conclusión lógica, pues, es que fuera un famosete, probablemente el hijo de un torero o una folclórica (o ambas cosas). Lo gracioso es que al doblar la esquina había un montón de gente con cámaras y medio encapuchados, cabe una dependencia de Hacienda. El enterado lector reconocerá en la descripción y el contexto a una manada de paparazzos. En cuanto yo pasé se pusieron todos muy nerviosos y echaron a correr, no hacia ni de mí, sino hacia el que supuse que sería el citado macarra. No me cercioré de si era el mismo, porque, sinceramente, me importa un huevo, pero me hizo mucha gracia y les saqué una foto. Muy mala. Perdón.

ahora que lo veo aquí, sí es el mismo tipo

En fin. Que me di un paseo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

India

Hace cosa de un mes viajé a la India con mi hermana. El motivo principal de este viaje era visitar a mi novia, que está trabajando en Ahmedabad (se lee "amdabad"), en el estado de Gujarat.

El trayecto fue Madrid-Zúrich-Bombay-Ahmedabad, largo y agobiante, sobre todo para mi hermana que padece cierta claustrofobia. Nada más llegar al aeropuerto de Bombay comenzamos a percibir la diferencia que hay entre ese país y todo lo que conocíamos. Los dos hemos visitado con nuestros padres gran parte de Europa, y ella ha vivido un año en Italia, así que estamos acostumbrados a ver cosas diferentes... Pero la India es una locura.

Lo primero que notamos es que todo olía a comida, desde el momento en que salimos del finger y entramos en la terminal. Sobre todo, a curry. Luego constatamos que aunque el inglés es idioma oficial, de hecho lo hablan bastante mal y con un acento curioso (vaya, como Koothrapali en Big Bang Theory), con lo que la comunicación dejaba bastante que desear. Después nos sorprendimos con las numerosas y redundantes medidas de seguridad que tienen en el aeropuerto. Está aquello lleno de soldados pidiéndote el pasaporte cada vez que das un paso, y un control de equipajes cada dos por tres.

Pero nada de ello fue comparable a salir a la calle, recibir un golpe de calor (debía haber una diferencia de 20 grados con el interior de la terminal), verse aturdido por los focos y por decenas de conductores de rickshaw  y taxis pretendiendo llevarte donde sea, por no decir unos tipos vestidos de traje con identificaciones dudosas ("am erport personal, ser, don guorri") que insistían en que la terminal doméstica (donde debíamos coger el avión Bombay-Ahmedabad) estaba cerrada a esas horas de la noche y que nos llevaban a la zona de hoteles para que pasáramos la noche.

Bueno, eso que nos decían era mentira, pues la terminal no cierra, y se trataba de un burdo pero bastante efectivo intento de llevarnos a un hotel en el que les pagaban comisión. No sería tan grave si en la zona hubiera algún tipo de señal, indicación, o persona de fiar. Pero todo el que no te intentaba sacar los cuartos básicamente era un soldado que pasaba de todo.
güich cauntri?

Después de muchas vueltas y llegando ya a la terminal doméstica tuvimos la suerte de cruzarnos con un chico indio que trabaja en Barcelona y que nos abordó al oírnos hablar español (lengua que domina a la perfección). Él también estaba de viaje y nos acompañó, nos llevó a cenar y nos ayudó en los controles subsiguientes a lidiar con los indios que sólo hablaban hindi (madre mía...). Luego resultó que a él le habían cancelado el vuelo y tuvo que comprar otro a las 3 de la mañana y cambiar otra vez de terminal y la de Dios. Así empezábamos a darnos cuenta de cómo se las gastan en la India.


Se llamaba Munazir Ahmed Mohammed, de lo cual deduzco que debía ser musulmán. Se portó de cine y nos invitó a visitarle en Barcelona, cosa que espero poder hacer.

Seguiré relatando nuestras aventuras indias en otra entrada.