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viernes, 25 de febrero de 2022

Dolores se llamaba Mimí

Dicen que, a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. 

- A los que aman (Isabel Coixet, 1998)

Ayer tomé el móvil al despertarme, con Eneas dormido al lado. Lo primero que vi fue un mensaje de mi madre de las tres de la mañana a toda la familia Hurlé: "a la una de la mañana se murió Mimí. Fue costoso pero rápido". Mi abuela sucumbió a la infección que la tuvo en la cama el último mes de su vida. Estuvo lúcida hasta el final, arropada por sus hijas e hijos, en su casa, en la habitación con las fotos de sus nietos, su bisnieto y su marido, los libros apretados en las estanterías y las gastadas camas de madera maciza. Los detalles aparentemente sin importancia es con lo que me quedo en situaciones dolosas...

María Dolores Mimí Eusebia Hurlé Álvarez de la Rivera, nacida en Avilés y la menor de seis pintorescos nombres de ópera, deja un hueco en nuestros corazones tan grande como su imponente estatura, disminuida por los años. Dentro de sus posibles, hizo lo que quiso con su vida, al menos la parte de la que yo fui testigo. Se dejó las canas hace treinta años, fumó tabaco negro hasta los ochenta y cinco, y cuando lo tuvo que dejar de verdad (no como las veces que lo iba a dejar pero en realidad no quería), lo dejó de golpe. No se tomó ni una pastilla hasta casi el final de su larga vida, y cuando ya estaba desahuciada médicamente aguantó con dignidad los dolores, manteniendo su genio ("eres muy necio", le dijo a su hijo hace dos semanas en mi presencia; "yo sabré lo que me conviene", apostilló) cuando, aun sin nadie decírselo, ya estaba claro que pintaban bastos.

Mi abuela tenía un carácter espontáneo, directo, rayando lo brusco. No era muy dada a los besos ni a los abrazos, salvo a mí y a mi hermana (y más recientemente, a mi hijo). Su cariño se expresaba de manera más prosaica, principalmente con cantidades copiosas de comida ("hice setenta y dos croquetas, tocamos a seis cada uno. Bueno, yo ocho, porque me comí dos mientras las hacía") y con elaborados jerséis, mantas, faldas y un sinnúmero de confecciones textiles que olían a humo de Ducados hasta el segundo lavado.

Ni por sabido, ni por previsible, duele menos; nadie quiere que llegue el día de decir adiós. Yo solo sé que la voy a recordar todos los días.

Adiós, abuela.

 



viernes, 10 de diciembre de 2021

Merry Christmas, Britain

As we approach Christmas, the nights get longer and the days colder, my mind goes back to my time in Malmesbury, Wiltshire. I invariably recall the dark evenings of late Autumn, our damp backyard, cozy house, Gareth's old car, Ben's old cat, the ivy on the Cotswold stones of our house and the neighbouring ones. Christmas in the Southern English countryside had a different feeling to that of the urban Spain I'm used to. It starts earlier than here, but it also ends earlier, with almost no celebrations in January (oh, how I rambled about the Three Wise Men, and how sneakily Arkham opened one of the gifts I had for that day laying on my room...). It's also more... Northern, for lack of a better term. It tastes of mince pies and mulled wine, instead of polvorones and cava, it smells of firesides and pub ales, it brings memories of snow, quietness and funny sweaters.

I never wrote about the good lot I met at Malmesbury. Long Charlie, with his good mood, who despite his long arms was in fact a very good climber; Adam who always came up with new plans and challenging questions; Sophie, who always smiled and got us hiking on each of her birthdays; Dan, always busy, always giving; Bhanu and Sonika, the most charming couple; María, who like me bore the flag of Galicia thousands of miles from it; Brian Roantree, who learned to climb with me; Paul and Sarah, who met me on my very first weekend and kept track of my story until the end, with an endearing postcard on my wedding; James, who has a true hoard of premium whisky almost only for inviting people; Andor and his odd high-spirited pessimism; big Adrián, who picked me up from the airport on the very first night and became a good friend; the rest of the Spaniards with whom I shared many  common experiences and funny accent; Adel, who taught me to count in Hungarian...

I recall amazing conversations with Ben about the wildest topics, over a couple glasses of wine, with Arkham purring in the middle. I remember Gareth cooking sauces for hours at a time while discussing science, and laughing at my attempts to teach him Spanish. Or the countless hours of boardgames with them and Tom and Juliet, the two kindest souls I ever met, literally incapable of saying a bad word. I remember dearly how good of a friend Ashley was, even though I often poked her for being so Britishly shy. I miss the prosaic, direct style of Nolan, who always had my back when I needed him; as I do the moments of revelation in the talks with Carlos Dorado, who made me reflect on so many things.

Then there was the people of my team: wry Andy who was probably the best boss I've had; lively Stu, who always supported me; and Matty, who at first I didn't understand but I realized in the end was so strong and sincere...

Many people in Spain wonder how I could be so happy in England, away from my girlfriend, just after Brexit happened, especially during the cold Winter nights. It was because I met a welcoming community of amazing people, who were open to foreigners (or foreigners themselves), eager to propose and partake in new experiences and extremely generous with their time and belongings. They included me in their plans, they drove me everywhere, they gave me a bed when I needed it, helped me with English, put up with my endless rants about language and geography, and made me feel loved. 

That's the Britain I got to know - the one that always comes to mind as we approach Christmas, when the nights get longer, the days get colder and you spend time with your friends and family.

Merry Christmas to all.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Winds of change

En febrero me quedé sin trabajo. En marzo empecé un curso de Inteligencia Artificial. En abril, después de que un par de personas apostasen por mí, empecé a trabajar en Borgwarner Emissions, Thermal & Turbo Systems, una multinacional de automoción con una sigilosa sede en Zamáns, Vigo. En junio, Eneas dejó Madrid y la adorada escuela infantil de los Gavilanes y se vino a Liméns con mis padres a pasar el primer mes de verano. En julio, Iris dejó su trabajo y nos mudamos definitiva y trabajosamente. En agosto, Iris consiguió trabajo en Bimba y Lola, como arquitecta, sí, tienen de eso. En septiembre, mes luctuoso, Eneas empezó la guardería en Vigo.

Además, llevamos tres cuartos de año con una nevada monumental, lluvias torrenciales que se lo llevan todo, un volcán en erupción y una pandemia que no acaba. Me pregunto, ¿qué nos depararán estos tres meses que quedan?

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Kant y la ética de los ingenieros

Cuando tenía diecisiete o dieciocho años, en clase de filosofía de segundo de Bachillerato, descubrí a Immanuel Kant. Prácticamente todo lo que sé de filosofía se lo debo a ese maravilloso profesor, Jorge Pérez Yagüe, un auténtico sabio que podía explicarnos la teoría de la Relatividad o la teología de San Agustín indistintamente. Años después intenté leer la Crítica de la Razón Práctica, en dos ocasiones. La primera vez no pasé de las primeras páginas; la segunda aguanté cien páginas antes de sucumbir ante la horda de oraciones subordinadas, no sin antes comprobar por mí mismo la extraordinaria profundidad de las tesis. Por tanto, en todo lo que sigue, sabed que he leído las fuentes, pero me fundamento en las enseñanzas de mi profesor.

El pensamiento de Kant tiene dos puntos principales: la deconstrucción del funcionamiento de nuestro pensamiento (la razón pura) y la aplicación de nuestro pensamiento de manera práctica (la razón práctica); la segunda de ellas se considera la moral kantiana y es de la que quiero hablar.

La razón práctica, discutida de modo impecablemente pedante en la crítica del mismo nombre, se puede resumir en un "imperativo categórico" expresado de dos modos equivalentes;  uno de los cuales reza así:

Actúa siempre de modo que tomes a la humanidad, tanto en otros como en ti mismo, como fin y no como mero medio.

La otra enunciación del imperativo categórico es algo más compleja, pero viene a decir "trata a los demás como quieres que te traten a ti", con el corolario "no seas capullo y finjas que crees que esta cosa loca que solamente te gusta a ti les va a gustar a los demás". En fin, creo que la idea está clara. Lo interesante del pensamiento kantiano es que esta regla moral no está supeditada a un fin. Es decir, no es una llave con la que acceder a un premio, ni un consejo para triunfar en la vida. Es, simplemente, lo que Kant considera que es la mayor expresión posible de libertad de un ser inteligente; la única manera en la que se puede actuar si uno sigue un proceso lógico. Es, por tanto, una conclusión lógica basada en la razón, es decir, una verdad. A no ser que podáis encontrar fallos en la lógica de Kant (buena suerte en esa labor).

En mi (admitámoslo, corta) vida laboral me he encontrado con numerosos ingenieros e ingenieras ideológicamente agnósticos. Que consideran que todos los políticos son iguales, y el ejercicio de la política, estéril. Que piensan que los problemas de los países se resuelven con tecnócratas que trabajen duro (muchos ingenieros en España piensan que trabajar muchas horas es sinónimo hacer bien su trabajo) y con fríos conocimientos técnicos. Que desprecian las humanidades: la historia, la filosofía, la lengua y la literatura; aunque abrazan la seudociencia social de la Economía mediante el sempiterno MBA. Que no leen nada que no sea un manual, porque consideran que es una pérdida de tiempo.

Curiosamente, muchos, si no todos, estos ingenieros e ingenieras, han pasado por un proceso educativo extremadamente estricto (yo mismo he estado en exámenes con 66 % de suspensos, la mitad de los cuales eran ceros); la mayoría de ellos han estado un par de años más en la carrera de lo que esperaban cuando la empezaron. Y ese proceso toma mentes ya de por sí bien formadas y las educa en el rigor hasta el punto de la neurosis, en materias extraordinariamente complejas para cuya superación no es suficiente con hacerse una idea general. Es llamativo que este viaje deje a los egresados libres de todo espíritu crítico en el contexto moral y de humanidades, salvo el bagaje que cada uno tuviera cuando comenzó la carrera.

La gran mayoría de ingenieros e ingenieras que conozco es perfectamente capaz, desde el punto de vista intelectual, de entender a Kant (o, al menos, de entender el mensaje, explicado por un profesor de filosofía). También es capaz de discutir sus conclusiones y la aplicación práctica de su imperativo categórico. Y sin embargo, a menudo, este colectivo desdeña las consideraciones éticas por considerarlas poco prácticas o incluso irrelevantes. Y personalmente, sospecho que tiene mucho que ver con el pensamiento neoliberal, a cuyos proponentes no les interesa que la ética se interponga en el camino al dinero. Al patrón no le interesa que sus trabajadores cualificados piensen demasiado en la ética de sus actos, sino que produzcan ese trabajo puramente técnico y tremendamente lucrativo. Sobre todo para quien extrae la plusvalía: el precio de la hora de ingeniería tiene una distribución asimétrica respecto al aporte de valor.

Mi mensaje a mis compañeros de fatigas en el campo de la ingeniería es el siguiente: sois parte de la intelligentsia. Las humanidades, y en particular la ética, son campos que os esperan con los brazos abiertos, si los tratáis con el mismo respeto que al Álgebra de primero de carrera. Y, del mismo modo que parecía que eso de las matrices no iba a ningún lado, pero luego resulta que todo en ingeniería es invertir matrices de autovalores de 30 x 30, creo que concordaréis conmigo en que, en la vida, todo es aplicar el imperativo categórico de Kant. Es vuestra responsabilidad como individuos pensantes, y realmente es el pleno ejercicio de vuestra libertad individual, el actuar de modo que toméis a la humanidad, tanto en otros como en vosotros mismos, siempre como fin y nunca como mero medio.

viernes, 3 de abril de 2020

Eneas

Era la hora bruja cuando lo vi por primera vez, después de un largo y extraño día en La Paz. Corrían los tiempos de la cuarentena, y todo el mundo llevaba mascarillas sanitarias que daban un calor insoportable. La espera había sido larga y el desenlace fue largo también en la noche que conocimos a Eneas.

Yo trataba de estar a la altura de las circunstancias y me enorgullezco de que no me pudieran los nervios, ni el cansancio. La última noche, entre las escapadas nocturnas de Iris, el calor y darle vueltas a la cabeza, apenas había dormido cuatro horas. El conductor que nos había traído a La Paz esbozó un rictus de disgusto al ver dos pasajeros (la cuarentena impide viajar excepto en solitario, salvo casos de fuerza mayor), hasta que comprendió nuestro motivo. Ese fue el único momento de contrariedad que yo me encontré hasta el temido momento de los empujones. El resto del día, a decir verdad, había sido mucho menos trepidante de lo que yo esperaba.

En el paritorio, al caer la tarde, todo se aceleró y cobró un cariz más visceral. Epidural, líquido amniótico de la ruptura de la bolsa, contracciones fuertes y una dilatación tan veloz que sorprendió a la propia matrona, pujos, sudor, sangre, esfuerzo. Fue entonces cuando empecé a tener miedo: ¿por qué tarda tanto? ¿Se está haciendo daño ella? ¿Se está haciendo daño él? ¿Tendrán que llevarla a quirófano? ¿Va a salir todo bien?

Entra y sale la matrona, vienen auxiliares con ominosas herramientas de frío metal y un manantial de gasas verdes, sale y entra la matrona, pujo tras pujo tras pujo, vienen dos ginecólogos, son muy jóvenes, ella empuja y se oyen las herramientas trabajar rápidamente, el ginecólogo pone su mano sobre la barriga de ella y empuja también, pujo, asoma una cabecita, pujo, pujo, y una masa de carne rosa, se diría que humeante, se precipita sobre ella, auxiliares lo limpian con paños calientes y ella, que se estaba rompiendo hace un minuto, que ha hecho el mayor esfuerzo que he visto hacer nunca, en ese momento, en la hora bruja, canta con una voz tan pura de alegría, tan tierna, tan desprovista de cansancio, dolor o incluso el recuerdo de este mediante el alivio:

"¡Hola! ¡Mi amor! ¿No querías salir? ¡Qué guapo eres!"

Con suavidad, la limpian, la curan, y como los tramoyistas de un escenario mágico, van desapareciendo en la noche, dejándonos solos a los tres. A ella, a mí, y a Eneas.


domingo, 15 de marzo de 2020

Coronavirus

El miércoles o el jueves salía yo de trabajar y hacía un día estupendo. Sol sin quemar, los almendros en flor, multitud de pájaros (algunos poco frecuentes como verderillos o carpinteros rojos), y calma. Ya habían cerrado las universidades y colegios, pero aún no nos habían puesto en cuarentena, por lo que se veía gente por la calle, pero poca. La sensación general era de precavido sosiego.

En ese momento me embargó una inexplicable felicidad. Tras semanas duras en el trabajo, por motivos que no vienen al caso, llevaba un tiempo deprimido. Me notaba muy cansado al final de cada día y desde luego estaba preocupado, pagándolo a menudo con la pobre Iris, que ya tiene bastante llevando a Eneas dentro. Y sin embargo, la epidemia de coronavirus, de algún modo, puso las cosas en perspectiva. Ya no parecían tan graves mis problemas cotidianos, en parte; por otro lado, me pareció una vivencia insólita y fascinante.

No quiero frivolizar con el riesgo que entraña la pandemia. Sin embargo, creí ver en ese momento la oportunidad para nuestra sociedad de librarse de lo accesorio y valorar lo imprescindible, lo que nos hace humanos. La solidaridad. La alegría. Las ganas de hacer feliz a los demás. La perseverancia.

Por no hablar de lo sano que puede ser tener tiempo para meditar, leer, hacer trabajos manuales, preparar habitaciones de bebé... en definitiva, pausar y pensar.

Creo sinceramente que nuestra sociedad saldrá de esta más sana.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Morri Crismas

En fechas tan señaladas, me dirijo a vosotros, mis lectores, con el fin de divagar sobre el sentido, la función y el significado de estas festividades. Ya desde que comienza diciembre y nos acercamos a las fechas, se leen mensajes en las redes (que no dejan de ser una pequeña burbuja muy centrada en sí misma, pero que por una cosa u otra coinciden también con una gran parte de mis relaciones sociales e intereses en España) de todo tipo: desde los que denostan la Navidad por ser un constructo cristiano hasta los que aceptan que lo sea y reprochan sardónicamente a la izquierda laica por disfrutar, hipócritamente, los festivos. Yo creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Como todo el mundo sabe, celebramos (en casi todo el planeta) el nacimiento de Jesucristo nuestro señor el 25 de diciembre, aunque eso de que naciera el 25 de diciembre no está muy claro desde un punto de vista histórico (al contrario que en el caso de Newton). También celebramos sus dos semanas de bebé hasta que llegan los Reyes Magos el día 6, La Epifanía Del Señor. Resulta que por el medio está el Año Nuevo, ¿casualidad? No lo creo.

La Navidad, en mi opinión, tiene sus raíces en festividades paganas anteriores al cristianismo, basadas en los ciclos de las cosechas y el de las estaciones, que son poco más o menos el mismo. Así, cuando la noche más larga del invierno ha pasado, se celebra la llegada de la nueva luz, de un año nuevo. Las familias se reúnen a buen cobijo del frío y festejan con grandes banquetes, que es de lo menos cristiano que hay. Las costumbres del árbol de navidad, el acebo o el muérdago (esto último en países diferentes a España) me parecen una vociferante evidencia de una festividad previa (los celtas, germanos y nórdicos adoraban a los árboles en mayor o menor medida, como símbolos de Tor o del dios que fuese). También me parece interesante que el solsticio de invierno se celebraba en las comunidades precolombinas… en junio,en el hemisferio sur.

Por tanto, la misma Navidad se sostiene sobre celebraciones que son comunes a toda la humanidad, ya no de hecho sino en sí mismas: la gloria de estar vivos, de compartir el pan con los seres queridos, de ayudarse los unos a los otros a pasar la larga noche. Es, consecuentemente, la época de la caridad, de los regalos, del cariño y del amor. Y todo ello no es monopolio cristiano.

Obviamente, es una tradición que a mí me ha llegado como europeo del siglo XX, especialmente como uno cuyos padres fueron criados en un entorno y un país católico. Sin embargo, la Navidad significa más que la alegría por el nacimiento de Cristo. De hecho, lo que para mí, personalmente, significan estas fechas que me llenan de satisfacción si no de orgullo, es la ocasión de pasarlas con mi familia, con mis amigos de la infancia; de visitar los sitios en los que crecí y de repartir cariño y alegría. Puedo ser ateo, que lo soy (y no es algo de lo que haga bandera, simplemente es así), pero no estoy desprovisto de emociones. No creo que mi disfrute de la Navidad suponga más apropiación cultural que la que hizo la Iglesia con la Saturnalia, ni que haya algo malo en ninguna de ellas.

Asimismo, no creo que mi celebración personal esté reñida con el laicismo institucional: el Estado no debe posicionarse a favor de una religión, en tanto y cuanto tiene que ser representativo de todos los individuos que lo componen. Sin embargo, tampoco es lógico negar la evidencia de que esta festividad es parte inequívoca, al menos en el presente, de la cultura de España. Como yo, miles de no practicantes, agnósticos o ateos celebran la Navidad, apuesto a que por razones similares a las mías. Despojarnos de esos motivos emotivos porque no somos creyentes, aduciendo que sólo nos interesa el no trabajar, es un error.

¿Creo que los festivos nacionales podrían laicizarse? Sí. ¿Que podríamos en lugar de tener festivos nacionales, otorgar 12 o 14 días de vacaciones más al año, a la libre disposición del trabajador? Quizá, aunque desde un punto de vista puramente práctico sería interesante saber qué le supone al Estado la previsibilidad que otorgan los festivos nacionales (es decir, que la gran mayoría de trabajadores esté descansando a la vez). Pero ¿es necesario? ¿Es realmente una batalla que queramos librar el hecho de que el 25 de diciembre sea festivo? Yo creo que no. Aleguemos razones históricas o culturales para escoger la mera fecha de la festividad (ya que el disfrutar de ese tiempo, dondequiera que se situase en el año, es una cuestión de derechos sociales de los trabajadores. Si no hubiera ese festivo, habría que inventarlo), que en sí mismas, las fechas no tienen maldad o bondad. Y si, el día de mañana, la comunidad musulmana de España quiere celebrar el su propia fiesta, ¡bienvenida sea! De hecho, pienso que tener festivos que se deban a una minoría aumenta el reconocimiento de esa minoría en la sociedad, la acerca y la hace menos extraña, reduciendo la xenofobia y la hostilidad hacia ella. Y por tener un festivo más no iba a pasar nada (y si pasase, quitamos el día ese de agosto que no vale para nada porque todo el mundo está de vacaciones de todos modos).

No puedo terminar la entrada sin hablar de consumismo, que es otro de los males que aquejan y se le achacan a la Navidad actual. Pero dejadme que sea escéptico al respecto. No es que la Navidad no sea consumista, es que ¡todo es consumista! Hay rebajas en enero, en verano, en otoño y todo el resto del año, iPhone n cada año, Black Friday, el día del padre y de la madre (yo a mis padres los quiero todo el año, gracias), San Valentín, las súpervacaciones de verano y las de Semana Santa, teles de plasma, enormes centros comerciales como templos al consumo, mil mierdas que no necesitas… El consumismo navideño no es el problema, es un síntoma más de la sociedad capitalista en la que vivimos. Sin embargo, todo el consumo no es consumismo. No caigamos en la represión y en la tristeza, no nos neguemos las alegrías que proporcionan las cenas en familia, las fiestas, los regalos. La clave no consiste en prescindir de esas cosas, consiste en tomarlas en su justa medida. La templanza y la mesura son virtud, pero la obsesión puritana hace tanto bien al ser humano como el despilfarro decadente.

Feliz Navidad a todos. Que disfrutéis de vuestros seres queridos, que bebáis y comáis hasta hartaros, que riáis, que améis. No importa vuestro credo, esta es vuestra fiesta.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La vida en Wiltshire


Este año estoy poco escritor, la verdad. Pero aquí sigo en la casa ("Seedwood Cottage") de Malmesbury, con Ben, Gareth, Farai y el gato Arkham. Farai se ha doctorado y se ha sacado el carnet, Ben me ha robado un calcetín sin darse cuenta y a Gareth, que es un robusto doctor de espesa barba roja, resulta que le dan miedo las pelis de miedo. Que se niega a verlas, vamos.

Además de esa gente, también congenio bastante con Good Tom Middleton y Jolly Juliet Luff, que vienen de cuando en cuando a jugar a juegos de mesa los martes por la noche (Aquí le llaman noche a lo que nosotros diríamos tarde, pero tiene sentido porque es de noche). Las dos últimas veces jugamos a uno que no es muy conocido, Cornish Smuggler, en el que tratas de pasar contrabando en Cornualles sin que te pillen las autoridades. Es un juego buenísimo y estoy pensando en adaptarlo a Galicia dalgún xeito; además, la última vez gané yo.

Luego está el grupo de escalada, que es bastante amplio (eso sí, 95% Dyson), y que está en constante expansión. Casi todos los miércoleas vamos a rocódromos en Bristol (y ocasionalmente a Swindon) y escalamos durante un par de horas. Además, con mi equipo de compañeros de trabajo he ido un par de veces. Cosas que organiza mi jefe de team building. Yo no me voy a quejar.

La semana pasada vino a visitarme Iris durante cuatro días, con eso del puente de diciembre. También se acercaron Elena Lledó y su novio Draz. Elena es compañera de la carrera de Iris, y estuvo trabaja ndo en Holanda y ahora vive en Londres con Draz, que es serbocroata holandés. La historia de Draz es bastante impresionante: entre otras cosas, acabó en Holanda porque su familia tuvo que huir de Yugoslavia durante la guerra de los Balcanes.

Con la agradable pareja y con un coche alquilado nos dimos otra vuelta por los alrededores, incluyendo las termas romanas de Bath. Estas constituyen un museo muy recomendable por lo detallado de las explicaciones además de por la propia arquitectura. Al contrario de lo que pensábamos, no se puede bañar uno. Si lo quieres hacer, has de hacerlo en otros establecimientos que, eso sí, usan la misma agua, al parecer.



El domingo estuvimos de visita por Malmesbury y otros pueblos de alrededor, como Tetbury o Nailsworth. Resulta que Malmesbury, como he descubierto recientemente, está dentro de una reserva natural (más bien un área de "Outstanding Natural Beauty"), llamada los Cotswolds. Es básicamente un conjunto de paisajes verdosos, pueblos de piedra y carreteras horribles. En Nailsworth había estado una vez con Gareth, que me llevó en coche para practicar (resulta que se sacó el carnet hace quince años y no se acordaba de conducir y ha tenido que ir a clases y todo) pero luego resulto ser una treta para llevarme a una pescadería buena y compró mejillones y los hizo para que cenásemos los dos. En Tetbury había estado en el Tesco.

Creo que ya he dicho alguna vez que los cementerios en este país son... diferentes

Jardín de la Iglesia de Tetbury. Hacía cerca de 0 grados...

...así que nos pasamos bastante tiempo en los pubs (The Old Bell, "el hotel más antiguo de Inglaterra")
El lunes trabajé, e Iris me esperó en casa para ir a escalar conmigo a Swindon. Allá nos fuimos (los dos solos, porque mis compañeros no se apuntaron) en nuestro coche alquilado por la carretera oscura como boca de lobo, tardando muchísimo por tal motivo. Pero luego escalamos unas cuantas paredes, e Iris comprendió que esté tan enganchado.

la seguridad es importante y por eso hay un extintor


Al día siguiente la llevé al aeropuerto de Bristol en el coche alquilado (que devolví en el aeropuerto también), y nos separamos con un nudo en la garganta. Aunque la Navidad ya está encima y me pasaré en Vigo de Nochebuena a Reyes, pero cada vez cuesta más la separación, ay...

Al llegar a casa después del largo retruécano necesario para venir de Bristol, me encontré con un inesperado regalo de Abel desde Budapest: un libro llamado What If? que responde a preguntas absurdas con gran rigor científico y una buena dosis de humor. Y me lo he terminado en cuatro días, y os lo recomiendo para pedir a los Reyes. 

Y por último, hoy me ha visitado Cerrolaza, amigo de la Escuela, que está trabajando en Bournemouth esta semana. Se ha cogido el coche desde allí vía Salisbury y Stonehenge y hemos comido juntos, tras un agradable y exhaustivo paseo por Malmesbury.

¡Otro día más!

P.D.: 

hay un señor que hace estas fotos en Malmesbury, al parecer

lunes, 17 de octubre de 2016

Whatever happened?

¡Hola! Sucede que llevo sin internet una buena temporada. Allá por el 26 de septiembre nos mudamos de casa: a mí me llevó dos horas, a Gareth dos días y a Ben una semana. Ahora vivimos en Seedwood Cottage, una casa preciosa, igual de venerable que la anterior y mucho más nueva en el interior. En esta, incluso tengo una habitación.

Además, en septiembre estuve lleno de eventos. El fin de semana del 9 estuve en Vigo para celebrar el sexagésimo cumpleaños de mi madre, el siguiente estuve en Birmingham con los covarrubios Diego (que vive allí) y Artista; el siguiente a este fui de viaje a Bélgica con los compañeros de la universidad. Y el fin de semana anterior al pasado vinieron Iris y su hermana a Mamsbri.

El cumpleaños de mi madre fue excepcional. Tuve que hacer una filigrana para llegar a Vigo, llegando a Madrid el viernes por la noche después de 7 horas de viaje (con numerosas esperas). Dormí en casa del inefable tío Cal por su cercanía al aeropuerto, aunque lo que se dice dormir dormí una hora, porque el resto de la noche la pasamos jugando a juegos viejos de la NES, bendito sea Cal. En Vigo estaban ya mi abuela Mimí y mis tías Lucía y Selica, que se quedaron hasta el lunes. El sábado aproveché para ver a los amigos y el domingo tuvimos el gran festín, con cientos de camarones, percebes, quesos asturianos y la de mi ma. Y la mi ma sopló las sesenta velas de un soplido y nos dejó a todos con la boca abierta. Mi madre es puro rock.

ojo a mi abuela grabando la jugada
ZAS
si no os digo que son sesenta...
El fin de semana en Birmingham estuvo muy bien. Lo pasamos jugando a juegos de mesa sin cesar, que es lo mejor que se puede hacer. También nos comimos una señora fabada el domingo, además de bebernos media botella de whisky escocés que tenía yo de una fiesta anterior. Además, paseamos un poco por Birmingham, que resultó tener bastante más encanto del que yo pensaba. Tanto Diego como mi padre (que estuvo hace 30 años, bien es cierto) me lo habían pintado horrible, ¡y no lo es tanto! Podría ser peor, podría ser Swindon. O Getafe.

os prometo que ni son novios ni nada

arriba: no Getafe

Me encantó ver a Diego y a Jaime y espero que puedan venir a Malmesbury a repetir, al igual que el resto de covarrubios. A Diego lo vi anteayer sábado en Bath con Zsofi y su madre (de él), aprovechando que estaban de visita; este año nos vamos a ver mucho, estoy seguro...

Lo de Bélgica fue un plan propuesto por Cristóbal allá por abril, que se encargó de organizar él solito. Se trató de viajar a las Ardenas, alojarnos en una casa rural, hacer turismo de la Segunda Guerra Mundial, beber cerveza belga y hasta hacer deporte. En mi caso, debido a que había comprado el billete antes de saber que estaría en Reino Unido, tuve que cogerme un par de días de vacaciones para viajar a Madrid y luego a Bruselas. No pasa nada, así Iris y yo fuimos a cenar el jueves.

El plan salió a pedir de boca. La casa era estupenda, la compañía excelente y de buen humor, el tiempo sorprendentemente bueno y la zona preciosa. El museo de la guerra de Bastogne resultó ser muy interesante y extenso, visitamos una abadía donde se hacía la cerveza Leffe (el museo era un poco reducido, pero las cervezas y el Chester donde nos sentamos eran tope de gama), nos montamos una cata de quesos y cervezas belgas y el domingo bajamos unos cuantos kilómetros en piragua. Incluso, algunas personas se mantuvieron cobardemente sobrias todo el rato. Es la mejor experiencia que he vivido con esta pandilla, y tengo muchas ganas de repetir el año que viene...


escondido entre los quesos protestantes hay un San Simón ahumado

Mira qué diazo 
El finde con las Astor fue genial también. Belén estuvo hasta el domingo e Iris hasta el martes, y yo me cogí dos días de vacaciones. Alquilamos un coche para poder movernos por la zona, y vaya si lo hicimos. Visitamos Bristol con el primo de ellas, Fon, que es Dysoneer también; estuvimos con Gareth y sus padres en Westonbirt Arboretum, un bosque protegido precioso; visitamos las construcciones neolíticas de Avebury y Stonehenge, que no sólo son interesantes en sí sino que están en sendas áreas naturales preciosas; seguimos el río Avon hasta Salisbury de maravillosa catedral y medievales casas y hasta la hermosa Bath; amén de pasear por el bonito Malmesbury. Para colmo, nos hizo un tiempo tan bueno como lo tuve en Bélgica, o mejor.

viendo Bristol desde lo alto con Fon

en Stonehenge de guiris 
y para que veáis que en este país hay sol. A veces.
Así que eso. Por lo demás, en el trabajo bien, ya asentado y en mitad de mi tercer y último mes de prueba. Echo de menos a Iris un montón, como era de esperar; mis compañeros de casa son geniales y gracias a ellos tengo muchos conocidos y planes de ocio; este jueves la gente de mi equipo vamos a escalar todos juntos y me estoy acostumbrando a cenar pronto. Un besote.

lunes, 25 de julio de 2016

"Me quiero ir", dice con un hilillo de voz temblorosa. "Me quiero ir, pero no sé cómo". Y baja la cabeza, alicaída. Ha perdido las ganas de luchar, cada vez hace más preguntas para saber si todos están bien, para saber si la familia está unida. Los esfuerzos para hablar de lo nuevo y de lo antiguo, de lo propio y de lo ajeno, de Gabriel García Márquez o de la situación en Inglaterra, caen en saco roto. "Yo me quiero ir", repite débilmente. No quiere ser una carga, y los despacha a todos, diciendo que no se queden, que han hecho bastante. Un acto de generosidad sin fuerzas cuando siente que ya no quiere sentir más, cuando se da por vencida. Le arrancas una promesa a regañadientes de que os veréis en poco tiempo, la siguiente vez que vengas, para el cumpleaños de mamá, hasta septiembre, ponte buena, un beso.

Al salir del hospital, tienes más interés que de costumbre en buscar el lado soleado de la calle, en demorarte unos instantes en el mirador desde el que se ve el mar de azul brillante, en caminar despacito saboreando el aire de un julio espléndido. A modiño, respirando hondo para quitarte el nudo del estómago.

No te vayas todavía.

viernes, 15 de abril de 2016

I am the luckiest


El miércoles me ascendieron. Concretamente, dejé de ser ingeniero junior para ser ingeniero consultor, lo cual supone una pingüe subida salarial, y una serie de responsabilidades adicionales que, de acuerdo a la costumbre de everis, ya he demostrado en algunas ocasiones, y que ahora serán parte manifiesta de mi cometido. Evidentemente, ¡estoy contento! Mis jefes me valoraron muy positivamente, mejor de lo que yo valoraba mi propio desempeño. Esto supongo que es algo bueno, porque significa que soy más exigente de lo que son mis superiores, y por tanto no fallaré siempre y cuando me mantenga avizor.

Además, desde febrero trabajo a las órdenes de una compañera que es buenísima, organizada, paciente y segura, que es un lujo tener como jefa de proyecto. Parece que voy a poder aprender mucho de ella; ya lo he hecho en estos dos meses y poco. Una cosa que valoro mucho en mis compañeros "suboficiales" por así llamarlos (jefes de proyecto, que aún no son gerentes pero como si lo fueran) es la seguridad que tienen y transmiten para tomar decisiones o hacer planes. Su experiencia les permite una firmeza que da confianza en ese momento y hace que quieras desarrollar la tuya propia en el futuro.

Iris está también muy a gusto en el estudio de arquitectura House Ham Henderson Cooper. Por lo que me cuenta, está ganando en responsabilidad, se trata con clientes y socios internacionales de manera habitual y ayuda a sus compañeros con dificultades técnicas. Le encanta lo que hace y parece que, como diría mi jefe, "tiene recorrido en la casa".

Ahora está dormida en las butacas, pero pronto podrá dormir la siesta en un sofá que compraremos sin preocupaciones, en parte gracias a la subida.

A las nueve tengo yoga, al que llevamos apuntados desde noviembre y que nos sienta estupendamente. Tanto al salir de la clase despejado como a largo plazo, en lo saludables y fuertes que nos sentimos.

En agosto tenemos la boda del bueno de Luis Reguera, Fols, en las montañas de León. Espero con ilusión ese día en el que la misma Vuelta a España coincidirá con nosotros, contra todo pronóstico, en los alrededores de Boñar.

En septiembre iré con los amigos de la escuela a las Ardennes, en Bélgica, a pasar un fin de semana.

Y en diciembre, quizá vayamos Iris y yo a otra boda, esta vez en la India.



I am the luckiest.

sábado, 13 de febrero de 2016

Gospel

Decía Bruce Lee hablando del Jeet Kune Do, el arte marcial que desarrolló: "usa sólo lo que funciona, y tómalo de cualquier sitio donde lo encuentres". Él lo decía en el contexto de las artes marciales, pero, apropiadamente, me vale a mí para entroncar la filosofía de vida que he ido desarrollando hasta el presente.

Esta máxima tiene dos caras: el desprenderse de todo lo que no es la parte principal de una ideología, religión o paradigma moral; y el deshacerse de prejuicios acerca del origen de una idea, virtud o valor. En el primer caso, significa que no me interesa seguir rituales, dogmas o tabúes de ningún tipo de ideología (voy a usar este término para referirme a religiones y filosofía también) en particular. En el segundo, que del mismo modo no tengo por qué prejuzgar a una ideología en particular por sus rituales, dogmas o tabúes, y que detrás de estos se pueden encontrar verdades o al menos ideas que son ciertas para mí. El hecho de que muchas ideologías coincidan en ciertos valores, simplemente, habla de la universalidad de estos valores.

Por ello, y sobre todo en los últimos 10 años (en los que he comenzado mi vida adulta, fuera de mi casa y mi ciudad, he convivido con gente de muchos sitios y he empezado a trabajar), he encontrado ideas o valores que he hecho míos en sitios tan diversos como la Biblia, la película Jesucristo Superstar, las canciones de Rosendo Mercado, películas de Hollywood, las palabras de un hindú desdentado en Benarés, la obra de Herman Hesse, La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, los tuits del Dalai Lama, la Crítica de la razón práctica de Kant, y por supuesto discusiones con mis amigos, mis suegros, Iris y mis padres.

El Dalai Lama está ahí ahí con mi abuela Mimí en el ranking de octogenarios modernos
Mis conclusiones son muchas, algunas a medias y todas muy difíciles de explicar porque son bastante abstractas, pero creo que son intuitivas. Por ejemplo, lo que más mola del cristianismo es el concepto del amor y el perdón (basado en este amor).

Antes de que mis lectores más anticlericales se pongan nerviosos, tengo que recordar las palabras de Sabina en Como te digo una co te digo la o: "no hay que ser muy lista; pa mí Jesucristo ¡el primer comunista!". De las (comúnmente aceptadas) enseñanzas de Cristo a lo que es hoy en día el complejo episcopal hay todo un mundo, aunque esto no tiene que servirle a uno para precisamente pecar de ignorante y tomar a todos los cristianos por crédulos, faltos de criterio o hipócritas, o lo que quiera que se les achaque comúnmente. Cada persona es un mundo y ser cristiano es como ser heavy: hay quien lo es, hay quien no lo es, si lo eres vas a hacer gestos con los dedos a un tío que canta y si no, no tienes por qué prohibírselo. Once años conviviendo con una católica, por supuesto, han hecho que mi punto de vista a este respecto cambie, cómo no.

El amor por todas las cosas así como el amor a la humanidad en todos, es algo común al credo cristiano, a la socialdemocracia, al budismo y a Kant, por poner unos ejemplos. El amor es la razón última del perdón, la justicia, la tolerancia, la generosidad y la curiosidad (amor por las cosas nuevas), pero también del orgullo, el esfuerzo, el honor, la unidad y la paz.

El amor, bien entendido, también es hacia uno mismo, pero precisamente por amarme a mí mismo trato de ser exigente conmigo, no indulgente. Es decir, trato de ser suficientemente bueno como para estar orgulloso, como para poder mirar a la persona que soy y que me satisfaga, no me avergüence. Por eso trato de ser sincero y de no adornar la verdad aunque juegue en mi contra, o por eso trato de reconocer cuándo me he equivocado y pedir perdón. Y os adelanto que no siempre lo consigo, ya que esto es mi ideal de comportamiento y no la santidad divina que fluye por mis venas privilegiadas.

Amarse a uno mismo significa decirse la verdad y decir la verdad a los demás, sin temer las consecuencias. No sin pensar en ellas, ni siendo un capullo grosero, pero sí teniendo presente que la mentira es incontrolable, que no necesariamente arregla nada, y además es mentira.



Me gustaría seguir escribiendo, pero me comunican que se me ha acabado el tiempo. Hasta aquí nuestro programa de hoy. Volveremos otro día, con más pero no mejor, porque no me atrevo a asegurarlo.


TOO LONG, DIDN'T READ: "Actúa siempre de modo que tomes a la Humanidad, tanto en otros como en ti mismo, como fin y no como mero medio" -- Inmanuel Kant



jueves, 7 de enero de 2016

(Feliz Año) Nuevo

En Vigo llueve desde el día 3 de enero de este nuevo año en el que ya no veremos a Lemmy en concierto, ni a Les Luthiers con el bueno de Daniel. Esta mañana me acerqué al colegio García Barbón, donde cursé desde el último curso de infantil al primero de secundaria, y llovía.  De las profesoras que me dieron clase sólo siguen Marta, la de infantil; Filo, la de inglés; y Fran, la de música. Con la suerte de que la chica de conserjería me llevó hasta la primera, que se acordaba de mí. ¡Dieciséis años hace que dejé el colegio, y veintidós que ella fue mi profesora!

Yo llevaba libros para regalar a la biblioteca del centro, que tantas buenas horas me brindó en los noventa. La sala era nueva, donde antes estaba el laboratorio, y es mucho mejor. Hay un comedor nuevo, que usa parte de lo que era la casa del difunto conserje. Su hijo estaba en el curso anterior al mío, me acuerdo.

Filomena y Francisca estaban más delgadas y no me reconocieron. Es por la barba. Fran tiene un aula de música nueva, Filo y Marta dan asignaturas diferentes. Un chaval que iba a clase con mi hermana trabaja de auxiliar en el cole que también fue suyo.

Mis tutoras de primero, segundo (y tercero), cuarto (y quinto) y sexto se jubilaron hace un tiempo. Los árboles que plantamos son ahora dignos del nombre, y hay un huerto nuevo. Un niño de clase de Fran me preguntó mi edad, otro que si soy rico.

Más tarde, en la panadería, sí que me reconocerá Lupe, que lleva toda la vida allí, y la dueña, Hilda. Me dirán que estoy muy cambiado, es por la barba. Ellas, sin embargo, están igual que siempre. Se lo digo y sonríen.

Marta no se acordaba de todos mis amigos, que no son nuevos sino de siempre: Javi, Pedro, Fernando, y más tarde Pablo y Diego, que en el cole eran de B. Es difícil acordarse, con tantos niños. Mi clase de infantil, sin embargo, no había cambiado. Me emocioné, verdaderamente. No había cambiado nada.

martes, 7 de julio de 2015

En el ojo ajeno, la paja se ve tan clara

Hoy he suspendido el práctico de conducir. No pasa nada, era el primer intento y estoy seguro de que a la segunda lo conseguiré. En general, conduje bastante bien, salvo alguna cosa.

De lo que quería hablar es de la autocrítica y la humildad en aceptar los propios fallos. Resulta que además de mí mismo, se examinaban también otras dos personas, una chica de 32 años y un chaval que debe tener 18 (porque hablaba de empezar la universidad el año que viene). Ambos suspendieron.

La chica iba muy, muy nerviosa, tanto que cuando arrancó, apenas fue capaz de mover el coche. La marcha atrás se le resistió, el embrague hacía un ruido horrible, al poner marcha alante se le caló... Luego me contó que le iba temblando la pierna, que lo estaba pasando fatal. La examinadora le dijo: "estás muy verde", y apuntó "Impericia" en la hoja de evaluación.

La examinadora, en realidad, era un poco rara. Se presentó como "examinadora itinerante", signifique eso lo que signifique. Hablaba muy bajo. Le tuvo que preguntar a mi profesor cuál era el depósito del refrigerante. No conocía las direcciones de los sitios, titubeando al dar las señalizaciones y equivocándose (a mí me mandó a la M30 cuando sólo estaba la M50 por ahí). Al chico lo tuvo conduciendo 25 minutos, pero luego le dijo que lo suspendía por una cosa que había hecho nada más empezar. En fin, quién sabe, la pobre señora tal vez acababa de ser trasladada de Zaragoza y estaba viéndolas venir. Pero mi profesor, que es de natural tranquilo, metódico y preciso, sí que estaba un poco indignado. "No sé de dónde habrán sacado a esta señora", dijo.

El caso es que el chaval no paró de quejarse del suspenso. Dijo que la señora era un perro verde, que tenían que echarla, que le había suspendido por una tontería. La insultó un par de veces (no a la cara), dijo que él ya sabía conducir, que no le hacían falta más prácticas y que iba a "coger el coche en verano, sin carnet ni nada". Que este asunto era para poner una reclamación; esto lo dijo tantas veces que me dieron ganas de preguntarle por qué no lo hacía. En resumen, y sin que esto sirva para hacer sangre de un adolescente cabreado (¿quién no ha sido uno? Yo acabo de dejar de serlo), le echó toda la culpa a la examinadora.

Y aunque el profesor (que os aseguro que es un santo varón) al principio también estaba molesto por las rarezas de esta señora, según se fue calmando le iba recordando los errores a este muchacho. No por nada, sino para que los corrigiera. Y después, cuando ya sólo estábamos él y yo (porque me quedé un rato a preguntarle unas dudas), me dijo "[fulanito] no lo quiere reconocer, piensa que está listo pero aún le falta algo" (o algo así, parafraseo). Se juntaba que es un señor muy correcto con que lleva conduciendo cuarenta años y que debe haber visto de todo, y le salía esta frase políticamente correcta en la que expresaba su disconformidad con la proyección de culpa del suspenso chaval.

Porque, evidentemente, se trataba de una proyección de culpa, mecanismo de defensa del Yo de libro de Freud. Algo en lo que caemos constantemente, yo incluido.

¿Qué hice yo, que soy tan listo? Mentira, no soy tan listo como me pensaba hace diez años. Pero es que entonces no había suspendido lo que he suspendido ahora. Puede que no sea muy humilde (teníais que verme a los dieciséis), pero he ido aprendiendo poco a poco a tomar las críticas, los suspensos y los fracasos como algo constructivo y responsabilidad mía. Alguna vez, mi padre me dijo que si un profesor era un cabrón, era injusto, pero yo tenía que aprender a sortear esa dificultad. Con lo cual no quiero decir que todo sea siempre culpa de uno, sino que enfocarlo de esa manera es lo que hace que crezcas. Así que le sonreí a esa señora, le pregunté cuales habían sido mis fallos y luego lo comenté con el profesor para tratar de acotarlos y corregirlos.

Y entre una cosa y otra, me tomé una cerveza, que también es algo que he aprendido a hacer en los últimos diez años.

domingo, 31 de mayo de 2015

Rap rap

Desde un tiempo a esta parte oigo mucho rap. Rap radical revolucionario en la forma de los Chikos del Maíz, pero también rap intimista de SFDK y el Chojín, raperos clásicos españoles que ya tienen cuarenta o casi. Las letras de Zatu (SFDK) en el disco Sin miedo a vivir son cuanto menos sorprendentes, y me emociona ver que los MCs tatuados y hedonistas también tienen su propio arco argumental y se hacen más sabios y serenos.

Ya estas llegando a los cuarenta y luces canas 
Estás más lejos del ayer pero más cerca del mañana 
Ahora el tiempo ya no se anda por las ramas 
La segunda juventud el no quedarte con las ganas 
Arrepentido porque siempre te excediste 
Aunque aún te arrepientes más de todas las cosas que no hiciste

-Cantando bajo la vida

Por supuesto, sus fans más hardcore opinan que ese disco es una mierda  y que se ha vuelto comercial, cuando lo que se ha vuelto es, en mi opinión, mejor. Además, las bases (la música, para los que no sois de la LOGSE) son cada vez más potentes y más adaptadas al tema.

En cuanto al Chojín, siempre ha cantado alguna canción de "autoayuda", pero El mundo sigue girando, del LP Energía, es una pasada en forma y en contenido:


jueves, 19 de febrero de 2015

Hoy he salido del trabajo a las 22:50. No es la vez que más tarde he salido de estos 3 meses.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Recargando

Este último mes han pasado muchas cosas. En este orden: entregué el proyecto, me fui de vacaciones a India con Iris, defendí el proyecto y lo aprobé, firmé contrato con everis Aeroespacial y Defensa, y recibí a mis amigos del colegio y la noticia de la boda de Valma. Tengo que escribir de todo ello, ¡pero el trabajo me deja poco tiempo! Espero que de este fin de semana no pase.

Besos a todos.


Coming soon

jueves, 3 de julio de 2014

¡Que no me queda nada!

Ayer me enteré de que he aprobado Aeroelasticidad (5,8). Era mi última asignatura. En cuanto entregue el proyecto, seré ingeniero aeronáutico, y lo planeo hacer en octubre. Regocijaos, familiares y amigos, pues el fin del camino está próximo.

Desde aquí mando un abrazo a todos los estudiantes de la ETSIA, en particular los de la opción de Aeronaves, que aún tienen que pelear por sus últimas asignaturas. Colegas y amigos, ¡mucho ánimo! Si yo he podido, vosotros también.

Y si os despertáis con la cara bañada por el sol, es que estáis de vacaciones, y ya sois ingenieros.

Fuerza y honor.

viernes, 20 de junio de 2014

Consejos para adelgazar

Cuando dejé el Covarrubias y empecé a hacerme la comida adelgacé tres kilos en tres meses. Luego engordé otros cinco, pero bueno. No, es mentira, luego adelgacé otros cuatro. Vale que me llevó cuatro años en total, pero a lo que voy es a que se puede perder peso, si quieres. Ojo, no soy ningún nutricionista, pero esto es lo que yo hice y sugiero:

1. Deja las patatas fritas
El fenómeno conocido como "efecto patata" en los colegios mayores es el truco que tienen las contratas de comida para forrar el plato y que parezca que tienes mucha cena. Patatas para comer, patatas para cenar. No os voy a engañar, como patatillas con cierta frecuencia, sobre todo en los bares. El problema es ponerlas de guarnición a carnes, pescado y de todo. Las patatas cocidas están de puta madre y llenan más y comes menos.

2. Haz algo de ejercicio en tu vida
No me refiero a jugar al pádel un día al mes o salir a correr los domingos. Me refiero a subir y bajar las escaleras todos los días, caminar al trabajo o a la compra todos los días, o (en mi caso) ir a clase en bici todos los días. No te engañes pagando el gimnasio al que luego no vas a ir, que encima te estás poniendo excusas baratas para luego no hacer otro tipo de actividad física.

El ejercicio no solo consume calorías y toda la pesca, sino que relaja y hace que luego no te entre ansiedad y te comas una bolsa de Fritos a caraperro (ejem, ejem). No te digas a ti mismo que "no tienes tiempo" para hacer ejercicio y deja el coche en casa.

3. No bebas Coca Cola
¿Tú sabes lo que engorda eso? Bebe agua.

3.1 La Coca Cola Zero es mentira
No sé cuántas calorías menos tiene la Zero. Ni me importa. El asunto es que bebiendo bebidas light te engañas a ti mismo. Si te preocupa lo que bebes tanto, bebe agua. O whisky solo.

4 No compres ketchup
Que sí, que está bien para un rato. Mira, ya lo ponen con casi todo, no lo compres para casa, encima.

5 No te engañes con las ensaladas
Pollo, cebolla frita, bacon, queso feta, salmón, mozzarella y salsas para ensalada convierten una comida light en una comida no light. No te engañes a ti mismo.

6 Pésate
Y lleva la cuenta.

7 Las dietas son mentira
Si te pones a dieta un mes no arreglas nada; al mes siguiente vuelves al punto de partida. Lo que has de hacer es cambiar consistentemente tu alimentación. Pero pasa de mierdas de no mezclar tal con cual o de hacer no sé cuantas comidas al día o yo qué se.

8 Si comes menos engordas menos
Esto es así. Para apoyar este punto os doy un link y una foto:

redbubble.com

domingo, 18 de mayo de 2014



"What is life without struggle? Without hardship there is no triumph. Without journey there is no destination. Happiness isn't just having what's good. It's also changing what's bad."

"Qué es la vida sin esfuerzo? Sin dificultad no hay triunfo. Sin trayecto no hay destino. La felicidad no es solamente tener las cosas buenas. Es también cambiar las malas."