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viernes, 10 de diciembre de 2021

Merry Christmas, Britain

As we approach Christmas, the nights get longer and the days colder, my mind goes back to my time in Malmesbury, Wiltshire. I invariably recall the dark evenings of late Autumn, our damp backyard, cozy house, Gareth's old car, Ben's old cat, the ivy on the Cotswold stones of our house and the neighbouring ones. Christmas in the Southern English countryside had a different feeling to that of the urban Spain I'm used to. It starts earlier than here, but it also ends earlier, with almost no celebrations in January (oh, how I rambled about the Three Wise Men, and how sneakily Arkham opened one of the gifts I had for that day laying on my room...). It's also more... Northern, for lack of a better term. It tastes of mince pies and mulled wine, instead of polvorones and cava, it smells of firesides and pub ales, it brings memories of snow, quietness and funny sweaters.

I never wrote about the good lot I met at Malmesbury. Long Charlie, with his good mood, who despite his long arms was in fact a very good climber; Adam who always came up with new plans and challenging questions; Sophie, who always smiled and got us hiking on each of her birthdays; Dan, always busy, always giving; Bhanu and Sonika, the most charming couple; María, who like me bore the flag of Galicia thousands of miles from it; Brian Roantree, who learned to climb with me; Paul and Sarah, who met me on my very first weekend and kept track of my story until the end, with an endearing postcard on my wedding; James, who has a true hoard of premium whisky almost only for inviting people; Andor and his odd high-spirited pessimism; big Adrián, who picked me up from the airport on the very first night and became a good friend; the rest of the Spaniards with whom I shared many  common experiences and funny accent; Adel, who taught me to count in Hungarian...

I recall amazing conversations with Ben about the wildest topics, over a couple glasses of wine, with Arkham purring in the middle. I remember Gareth cooking sauces for hours at a time while discussing science, and laughing at my attempts to teach him Spanish. Or the countless hours of boardgames with them and Tom and Juliet, the two kindest souls I ever met, literally incapable of saying a bad word. I remember dearly how good of a friend Ashley was, even though I often poked her for being so Britishly shy. I miss the prosaic, direct style of Nolan, who always had my back when I needed him; as I do the moments of revelation in the talks with Carlos Dorado, who made me reflect on so many things.

Then there was the people of my team: wry Andy who was probably the best boss I've had; lively Stu, who always supported me; and Matty, who at first I didn't understand but I realized in the end was so strong and sincere...

Many people in Spain wonder how I could be so happy in England, away from my girlfriend, just after Brexit happened, especially during the cold Winter nights. It was because I met a welcoming community of amazing people, who were open to foreigners (or foreigners themselves), eager to propose and partake in new experiences and extremely generous with their time and belongings. They included me in their plans, they drove me everywhere, they gave me a bed when I needed it, helped me with English, put up with my endless rants about language and geography, and made me feel loved. 

That's the Britain I got to know - the one that always comes to mind as we approach Christmas, when the nights get longer, the days get colder and you spend time with your friends and family.

Merry Christmas to all.

martes, 2 de febrero de 2021

La azotea


La azotea de mi edificio, donde están los trasteros y los aparatos de aire acondicionado, mira al oeste, como la ventana de la cocina de mi abuela. En la azotea nunca hay nadie, aunque a veces hay ropa tendida de nuestros vecinos, que tienen un niño algo mayor que Eneas. Entre sábanas y pantalones ondea la ropita de Nico, jugueteando en el aire fresco.

Allí arriba siempre hay tranquilidad: los ruidos de los coches suenan distantes y amortiguados, como si estuviesen muy lejos. Y, como nunca hay nadie, es un buen sitio para leer, o para mirar a lo lejos y pensar. 

Desde la azotea se puede subir aún más, por una escalerilla de servicio, para mirar en todas direcciones. Se ven los rascacielos de Plaza de Castilla muy cerca, se ve la Torre Picasso, se ve mucho Madrid y algunas cosas que no son Madrid. Al noroeste, en el horizonte, está la sierra, muchos días entre la bruma, otros nítida, siempre apetecible.





miércoles, 18 de marzo de 2020

Consecuencias

Decía el lunes que esta crisis podía tener consecuencias positivas para nuestra sociedad. Algunas de ellas no se están haciendo esperar: en Madrid, la boina de contaminación se está haciendo más liviana y se duerme mejor porque hay más silencio. En Venecia, los canales están más claros y se han llenado de peces y cisnes. En Cerdeña, han vuelto los delfines a los muelles al reducirse el tráfico de ferris. Y, al parecer, las omnipresentes casas de apuestas que han proliferado en los últimos años corren el riesgo de quebrar.

Sirvan estos ejemplos de reflexión sobre lo mucho que hemos cambiado el mundo y lo poco que lo apreciamos día a día. Bueno, y los locales de apuestas que se vayan a la mierda.

domingo, 15 de marzo de 2020

Coronavirus

El miércoles o el jueves salía yo de trabajar y hacía un día estupendo. Sol sin quemar, los almendros en flor, multitud de pájaros (algunos poco frecuentes como verderillos o carpinteros rojos), y calma. Ya habían cerrado las universidades y colegios, pero aún no nos habían puesto en cuarentena, por lo que se veía gente por la calle, pero poca. La sensación general era de precavido sosiego.

En ese momento me embargó una inexplicable felicidad. Tras semanas duras en el trabajo, por motivos que no vienen al caso, llevaba un tiempo deprimido. Me notaba muy cansado al final de cada día y desde luego estaba preocupado, pagándolo a menudo con la pobre Iris, que ya tiene bastante llevando a Eneas dentro. Y sin embargo, la epidemia de coronavirus, de algún modo, puso las cosas en perspectiva. Ya no parecían tan graves mis problemas cotidianos, en parte; por otro lado, me pareció una vivencia insólita y fascinante.

No quiero frivolizar con el riesgo que entraña la pandemia. Sin embargo, creí ver en ese momento la oportunidad para nuestra sociedad de librarse de lo accesorio y valorar lo imprescindible, lo que nos hace humanos. La solidaridad. La alegría. Las ganas de hacer feliz a los demás. La perseverancia.

Por no hablar de lo sano que puede ser tener tiempo para meditar, leer, hacer trabajos manuales, preparar habitaciones de bebé... en definitiva, pausar y pensar.

Creo sinceramente que nuestra sociedad saldrá de esta más sana.

lunes, 17 de junio de 2019

Luna llena sobre Navacerrada

Casi, casi llena estaba la luna este sábado, y bajo su intensa luz plateada nos lanzamos seis caminantes a acometer la Cuerda Larga. Es tradición, ¿quién lo sabía?, en los plenilunios estivales, recorrer la cresta que separa Navacerrada de Morcuera, el espinazo de la sierra entre Madrid y Segovia.


De la hora bruja a la hora del gallo recorrimos las catorce millas entrambos puertos, de la Bola del Mundo al pico Najarra, entre vacas y cabras montesas, al auspicio de Júpiter y Antares, que acompañaban a Selene como dos rémoras de oro. La ruta es difícil, no por la oscuridad, que sí, no por la extensión, que también, y no por el desnivel, que por supuesto, sino por transcurrir entre granito fragmentado, como si se hubiese roto en pedazos la roca de Sísifo y se hubiese desparramado desde la cima.



Tampoco faltó el frío ni nos puso reparos el viento, y se diría que era invierno, y apretamos el paso para cobijarnos al abrigo de la penúltima cumbre, ya tan cerca de la meta, cuando el horizonte se sonrojaba por la parte de Alcalá. Y entre bastiones de cuarzo y feldespato vimos salir a Faetón al galope, riendo exultante como nosotros.


La sierra se tiñó de trinos de pájaros y se roció de colores, desperezándose. A Najarra lo dejamos a nuestra derecha y bajamos por un camino más amable, entre cabras montesas y vacas, al auspicio de Venus Afrodita.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Valar morghulis

Todos los hombres mueren. A cada porco lle chega o seu San Martiño. Memento homo quia pulvis es et in pulverem reverterem. La vida son dos días.

Por eso hay que reír y cantar y amar y bailar y hacer que cada día sea un poco más luminoso para todos los demás, y contar historias y preguntar a la gente por las suyas. Y gritar en tonos mayores letras absurdas de Siniestro Total y de Boney M.

Y viajar y probar comidas raras y emborracharse con gente que no habla tu idioma, y correr, y saltar, y quemar energía, y que tu cadera genere más entropía que tu caldera, y cuando la pálida dama llegue, no desperdiciar la ocasión de ver qué tal besa.

Y no dejar de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

¡No te detengas!


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Morri Crismas

En fechas tan señaladas, me dirijo a vosotros, mis lectores, con el fin de divagar sobre el sentido, la función y el significado de estas festividades. Ya desde que comienza diciembre y nos acercamos a las fechas, se leen mensajes en las redes (que no dejan de ser una pequeña burbuja muy centrada en sí misma, pero que por una cosa u otra coinciden también con una gran parte de mis relaciones sociales e intereses en España) de todo tipo: desde los que denostan la Navidad por ser un constructo cristiano hasta los que aceptan que lo sea y reprochan sardónicamente a la izquierda laica por disfrutar, hipócritamente, los festivos. Yo creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Como todo el mundo sabe, celebramos (en casi todo el planeta) el nacimiento de Jesucristo nuestro señor el 25 de diciembre, aunque eso de que naciera el 25 de diciembre no está muy claro desde un punto de vista histórico (al contrario que en el caso de Newton). También celebramos sus dos semanas de bebé hasta que llegan los Reyes Magos el día 6, La Epifanía Del Señor. Resulta que por el medio está el Año Nuevo, ¿casualidad? No lo creo.

La Navidad, en mi opinión, tiene sus raíces en festividades paganas anteriores al cristianismo, basadas en los ciclos de las cosechas y el de las estaciones, que son poco más o menos el mismo. Así, cuando la noche más larga del invierno ha pasado, se celebra la llegada de la nueva luz, de un año nuevo. Las familias se reúnen a buen cobijo del frío y festejan con grandes banquetes, que es de lo menos cristiano que hay. Las costumbres del árbol de navidad, el acebo o el muérdago (esto último en países diferentes a España) me parecen una vociferante evidencia de una festividad previa (los celtas, germanos y nórdicos adoraban a los árboles en mayor o menor medida, como símbolos de Tor o del dios que fuese). También me parece interesante que el solsticio de invierno se celebraba en las comunidades precolombinas… en junio,en el hemisferio sur.

Por tanto, la misma Navidad se sostiene sobre celebraciones que son comunes a toda la humanidad, ya no de hecho sino en sí mismas: la gloria de estar vivos, de compartir el pan con los seres queridos, de ayudarse los unos a los otros a pasar la larga noche. Es, consecuentemente, la época de la caridad, de los regalos, del cariño y del amor. Y todo ello no es monopolio cristiano.

Obviamente, es una tradición que a mí me ha llegado como europeo del siglo XX, especialmente como uno cuyos padres fueron criados en un entorno y un país católico. Sin embargo, la Navidad significa más que la alegría por el nacimiento de Cristo. De hecho, lo que para mí, personalmente, significan estas fechas que me llenan de satisfacción si no de orgullo, es la ocasión de pasarlas con mi familia, con mis amigos de la infancia; de visitar los sitios en los que crecí y de repartir cariño y alegría. Puedo ser ateo, que lo soy (y no es algo de lo que haga bandera, simplemente es así), pero no estoy desprovisto de emociones. No creo que mi disfrute de la Navidad suponga más apropiación cultural que la que hizo la Iglesia con la Saturnalia, ni que haya algo malo en ninguna de ellas.

Asimismo, no creo que mi celebración personal esté reñida con el laicismo institucional: el Estado no debe posicionarse a favor de una religión, en tanto y cuanto tiene que ser representativo de todos los individuos que lo componen. Sin embargo, tampoco es lógico negar la evidencia de que esta festividad es parte inequívoca, al menos en el presente, de la cultura de España. Como yo, miles de no practicantes, agnósticos o ateos celebran la Navidad, apuesto a que por razones similares a las mías. Despojarnos de esos motivos emotivos porque no somos creyentes, aduciendo que sólo nos interesa el no trabajar, es un error.

¿Creo que los festivos nacionales podrían laicizarse? Sí. ¿Que podríamos en lugar de tener festivos nacionales, otorgar 12 o 14 días de vacaciones más al año, a la libre disposición del trabajador? Quizá, aunque desde un punto de vista puramente práctico sería interesante saber qué le supone al Estado la previsibilidad que otorgan los festivos nacionales (es decir, que la gran mayoría de trabajadores esté descansando a la vez). Pero ¿es necesario? ¿Es realmente una batalla que queramos librar el hecho de que el 25 de diciembre sea festivo? Yo creo que no. Aleguemos razones históricas o culturales para escoger la mera fecha de la festividad (ya que el disfrutar de ese tiempo, dondequiera que se situase en el año, es una cuestión de derechos sociales de los trabajadores. Si no hubiera ese festivo, habría que inventarlo), que en sí mismas, las fechas no tienen maldad o bondad. Y si, el día de mañana, la comunidad musulmana de España quiere celebrar el su propia fiesta, ¡bienvenida sea! De hecho, pienso que tener festivos que se deban a una minoría aumenta el reconocimiento de esa minoría en la sociedad, la acerca y la hace menos extraña, reduciendo la xenofobia y la hostilidad hacia ella. Y por tener un festivo más no iba a pasar nada (y si pasase, quitamos el día ese de agosto que no vale para nada porque todo el mundo está de vacaciones de todos modos).

No puedo terminar la entrada sin hablar de consumismo, que es otro de los males que aquejan y se le achacan a la Navidad actual. Pero dejadme que sea escéptico al respecto. No es que la Navidad no sea consumista, es que ¡todo es consumista! Hay rebajas en enero, en verano, en otoño y todo el resto del año, iPhone n cada año, Black Friday, el día del padre y de la madre (yo a mis padres los quiero todo el año, gracias), San Valentín, las súpervacaciones de verano y las de Semana Santa, teles de plasma, enormes centros comerciales como templos al consumo, mil mierdas que no necesitas… El consumismo navideño no es el problema, es un síntoma más de la sociedad capitalista en la que vivimos. Sin embargo, todo el consumo no es consumismo. No caigamos en la represión y en la tristeza, no nos neguemos las alegrías que proporcionan las cenas en familia, las fiestas, los regalos. La clave no consiste en prescindir de esas cosas, consiste en tomarlas en su justa medida. La templanza y la mesura son virtud, pero la obsesión puritana hace tanto bien al ser humano como el despilfarro decadente.

Feliz Navidad a todos. Que disfrutéis de vuestros seres queridos, que bebáis y comáis hasta hartaros, que riáis, que améis. No importa vuestro credo, esta es vuestra fiesta.

viernes, 15 de abril de 2016

I am the luckiest


El miércoles me ascendieron. Concretamente, dejé de ser ingeniero junior para ser ingeniero consultor, lo cual supone una pingüe subida salarial, y una serie de responsabilidades adicionales que, de acuerdo a la costumbre de everis, ya he demostrado en algunas ocasiones, y que ahora serán parte manifiesta de mi cometido. Evidentemente, ¡estoy contento! Mis jefes me valoraron muy positivamente, mejor de lo que yo valoraba mi propio desempeño. Esto supongo que es algo bueno, porque significa que soy más exigente de lo que son mis superiores, y por tanto no fallaré siempre y cuando me mantenga avizor.

Además, desde febrero trabajo a las órdenes de una compañera que es buenísima, organizada, paciente y segura, que es un lujo tener como jefa de proyecto. Parece que voy a poder aprender mucho de ella; ya lo he hecho en estos dos meses y poco. Una cosa que valoro mucho en mis compañeros "suboficiales" por así llamarlos (jefes de proyecto, que aún no son gerentes pero como si lo fueran) es la seguridad que tienen y transmiten para tomar decisiones o hacer planes. Su experiencia les permite una firmeza que da confianza en ese momento y hace que quieras desarrollar la tuya propia en el futuro.

Iris está también muy a gusto en el estudio de arquitectura House Ham Henderson Cooper. Por lo que me cuenta, está ganando en responsabilidad, se trata con clientes y socios internacionales de manera habitual y ayuda a sus compañeros con dificultades técnicas. Le encanta lo que hace y parece que, como diría mi jefe, "tiene recorrido en la casa".

Ahora está dormida en las butacas, pero pronto podrá dormir la siesta en un sofá que compraremos sin preocupaciones, en parte gracias a la subida.

A las nueve tengo yoga, al que llevamos apuntados desde noviembre y que nos sienta estupendamente. Tanto al salir de la clase despejado como a largo plazo, en lo saludables y fuertes que nos sentimos.

En agosto tenemos la boda del bueno de Luis Reguera, Fols, en las montañas de León. Espero con ilusión ese día en el que la misma Vuelta a España coincidirá con nosotros, contra todo pronóstico, en los alrededores de Boñar.

En septiembre iré con los amigos de la escuela a las Ardennes, en Bélgica, a pasar un fin de semana.

Y en diciembre, quizá vayamos Iris y yo a otra boda, esta vez en la India.



I am the luckiest.

sábado, 13 de febrero de 2016

Gospel

Decía Bruce Lee hablando del Jeet Kune Do, el arte marcial que desarrolló: "usa sólo lo que funciona, y tómalo de cualquier sitio donde lo encuentres". Él lo decía en el contexto de las artes marciales, pero, apropiadamente, me vale a mí para entroncar la filosofía de vida que he ido desarrollando hasta el presente.

Esta máxima tiene dos caras: el desprenderse de todo lo que no es la parte principal de una ideología, religión o paradigma moral; y el deshacerse de prejuicios acerca del origen de una idea, virtud o valor. En el primer caso, significa que no me interesa seguir rituales, dogmas o tabúes de ningún tipo de ideología (voy a usar este término para referirme a religiones y filosofía también) en particular. En el segundo, que del mismo modo no tengo por qué prejuzgar a una ideología en particular por sus rituales, dogmas o tabúes, y que detrás de estos se pueden encontrar verdades o al menos ideas que son ciertas para mí. El hecho de que muchas ideologías coincidan en ciertos valores, simplemente, habla de la universalidad de estos valores.

Por ello, y sobre todo en los últimos 10 años (en los que he comenzado mi vida adulta, fuera de mi casa y mi ciudad, he convivido con gente de muchos sitios y he empezado a trabajar), he encontrado ideas o valores que he hecho míos en sitios tan diversos como la Biblia, la película Jesucristo Superstar, las canciones de Rosendo Mercado, películas de Hollywood, las palabras de un hindú desdentado en Benarés, la obra de Herman Hesse, La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes, los tuits del Dalai Lama, la Crítica de la razón práctica de Kant, y por supuesto discusiones con mis amigos, mis suegros, Iris y mis padres.

El Dalai Lama está ahí ahí con mi abuela Mimí en el ranking de octogenarios modernos
Mis conclusiones son muchas, algunas a medias y todas muy difíciles de explicar porque son bastante abstractas, pero creo que son intuitivas. Por ejemplo, lo que más mola del cristianismo es el concepto del amor y el perdón (basado en este amor).

Antes de que mis lectores más anticlericales se pongan nerviosos, tengo que recordar las palabras de Sabina en Como te digo una co te digo la o: "no hay que ser muy lista; pa mí Jesucristo ¡el primer comunista!". De las (comúnmente aceptadas) enseñanzas de Cristo a lo que es hoy en día el complejo episcopal hay todo un mundo, aunque esto no tiene que servirle a uno para precisamente pecar de ignorante y tomar a todos los cristianos por crédulos, faltos de criterio o hipócritas, o lo que quiera que se les achaque comúnmente. Cada persona es un mundo y ser cristiano es como ser heavy: hay quien lo es, hay quien no lo es, si lo eres vas a hacer gestos con los dedos a un tío que canta y si no, no tienes por qué prohibírselo. Once años conviviendo con una católica, por supuesto, han hecho que mi punto de vista a este respecto cambie, cómo no.

El amor por todas las cosas así como el amor a la humanidad en todos, es algo común al credo cristiano, a la socialdemocracia, al budismo y a Kant, por poner unos ejemplos. El amor es la razón última del perdón, la justicia, la tolerancia, la generosidad y la curiosidad (amor por las cosas nuevas), pero también del orgullo, el esfuerzo, el honor, la unidad y la paz.

El amor, bien entendido, también es hacia uno mismo, pero precisamente por amarme a mí mismo trato de ser exigente conmigo, no indulgente. Es decir, trato de ser suficientemente bueno como para estar orgulloso, como para poder mirar a la persona que soy y que me satisfaga, no me avergüence. Por eso trato de ser sincero y de no adornar la verdad aunque juegue en mi contra, o por eso trato de reconocer cuándo me he equivocado y pedir perdón. Y os adelanto que no siempre lo consigo, ya que esto es mi ideal de comportamiento y no la santidad divina que fluye por mis venas privilegiadas.

Amarse a uno mismo significa decirse la verdad y decir la verdad a los demás, sin temer las consecuencias. No sin pensar en ellas, ni siendo un capullo grosero, pero sí teniendo presente que la mentira es incontrolable, que no necesariamente arregla nada, y además es mentira.



Me gustaría seguir escribiendo, pero me comunican que se me ha acabado el tiempo. Hasta aquí nuestro programa de hoy. Volveremos otro día, con más pero no mejor, porque no me atrevo a asegurarlo.


TOO LONG, DIDN'T READ: "Actúa siempre de modo que tomes a la Humanidad, tanto en otros como en ti mismo, como fin y no como mero medio" -- Inmanuel Kant



martes, 7 de julio de 2015

En el ojo ajeno, la paja se ve tan clara

Hoy he suspendido el práctico de conducir. No pasa nada, era el primer intento y estoy seguro de que a la segunda lo conseguiré. En general, conduje bastante bien, salvo alguna cosa.

De lo que quería hablar es de la autocrítica y la humildad en aceptar los propios fallos. Resulta que además de mí mismo, se examinaban también otras dos personas, una chica de 32 años y un chaval que debe tener 18 (porque hablaba de empezar la universidad el año que viene). Ambos suspendieron.

La chica iba muy, muy nerviosa, tanto que cuando arrancó, apenas fue capaz de mover el coche. La marcha atrás se le resistió, el embrague hacía un ruido horrible, al poner marcha alante se le caló... Luego me contó que le iba temblando la pierna, que lo estaba pasando fatal. La examinadora le dijo: "estás muy verde", y apuntó "Impericia" en la hoja de evaluación.

La examinadora, en realidad, era un poco rara. Se presentó como "examinadora itinerante", signifique eso lo que signifique. Hablaba muy bajo. Le tuvo que preguntar a mi profesor cuál era el depósito del refrigerante. No conocía las direcciones de los sitios, titubeando al dar las señalizaciones y equivocándose (a mí me mandó a la M30 cuando sólo estaba la M50 por ahí). Al chico lo tuvo conduciendo 25 minutos, pero luego le dijo que lo suspendía por una cosa que había hecho nada más empezar. En fin, quién sabe, la pobre señora tal vez acababa de ser trasladada de Zaragoza y estaba viéndolas venir. Pero mi profesor, que es de natural tranquilo, metódico y preciso, sí que estaba un poco indignado. "No sé de dónde habrán sacado a esta señora", dijo.

El caso es que el chaval no paró de quejarse del suspenso. Dijo que la señora era un perro verde, que tenían que echarla, que le había suspendido por una tontería. La insultó un par de veces (no a la cara), dijo que él ya sabía conducir, que no le hacían falta más prácticas y que iba a "coger el coche en verano, sin carnet ni nada". Que este asunto era para poner una reclamación; esto lo dijo tantas veces que me dieron ganas de preguntarle por qué no lo hacía. En resumen, y sin que esto sirva para hacer sangre de un adolescente cabreado (¿quién no ha sido uno? Yo acabo de dejar de serlo), le echó toda la culpa a la examinadora.

Y aunque el profesor (que os aseguro que es un santo varón) al principio también estaba molesto por las rarezas de esta señora, según se fue calmando le iba recordando los errores a este muchacho. No por nada, sino para que los corrigiera. Y después, cuando ya sólo estábamos él y yo (porque me quedé un rato a preguntarle unas dudas), me dijo "[fulanito] no lo quiere reconocer, piensa que está listo pero aún le falta algo" (o algo así, parafraseo). Se juntaba que es un señor muy correcto con que lleva conduciendo cuarenta años y que debe haber visto de todo, y le salía esta frase políticamente correcta en la que expresaba su disconformidad con la proyección de culpa del suspenso chaval.

Porque, evidentemente, se trataba de una proyección de culpa, mecanismo de defensa del Yo de libro de Freud. Algo en lo que caemos constantemente, yo incluido.

¿Qué hice yo, que soy tan listo? Mentira, no soy tan listo como me pensaba hace diez años. Pero es que entonces no había suspendido lo que he suspendido ahora. Puede que no sea muy humilde (teníais que verme a los dieciséis), pero he ido aprendiendo poco a poco a tomar las críticas, los suspensos y los fracasos como algo constructivo y responsabilidad mía. Alguna vez, mi padre me dijo que si un profesor era un cabrón, era injusto, pero yo tenía que aprender a sortear esa dificultad. Con lo cual no quiero decir que todo sea siempre culpa de uno, sino que enfocarlo de esa manera es lo que hace que crezcas. Así que le sonreí a esa señora, le pregunté cuales habían sido mis fallos y luego lo comenté con el profesor para tratar de acotarlos y corregirlos.

Y entre una cosa y otra, me tomé una cerveza, que también es algo que he aprendido a hacer en los últimos diez años.

domingo, 31 de mayo de 2015

Rap rap

Desde un tiempo a esta parte oigo mucho rap. Rap radical revolucionario en la forma de los Chikos del Maíz, pero también rap intimista de SFDK y el Chojín, raperos clásicos españoles que ya tienen cuarenta o casi. Las letras de Zatu (SFDK) en el disco Sin miedo a vivir son cuanto menos sorprendentes, y me emociona ver que los MCs tatuados y hedonistas también tienen su propio arco argumental y se hacen más sabios y serenos.

Ya estas llegando a los cuarenta y luces canas 
Estás más lejos del ayer pero más cerca del mañana 
Ahora el tiempo ya no se anda por las ramas 
La segunda juventud el no quedarte con las ganas 
Arrepentido porque siempre te excediste 
Aunque aún te arrepientes más de todas las cosas que no hiciste

-Cantando bajo la vida

Por supuesto, sus fans más hardcore opinan que ese disco es una mierda  y que se ha vuelto comercial, cuando lo que se ha vuelto es, en mi opinión, mejor. Además, las bases (la música, para los que no sois de la LOGSE) son cada vez más potentes y más adaptadas al tema.

En cuanto al Chojín, siempre ha cantado alguna canción de "autoayuda", pero El mundo sigue girando, del LP Energía, es una pasada en forma y en contenido:


jueves, 3 de julio de 2014

¡Que no me queda nada!

Ayer me enteré de que he aprobado Aeroelasticidad (5,8). Era mi última asignatura. En cuanto entregue el proyecto, seré ingeniero aeronáutico, y lo planeo hacer en octubre. Regocijaos, familiares y amigos, pues el fin del camino está próximo.

Desde aquí mando un abrazo a todos los estudiantes de la ETSIA, en particular los de la opción de Aeronaves, que aún tienen que pelear por sus últimas asignaturas. Colegas y amigos, ¡mucho ánimo! Si yo he podido, vosotros también.

Y si os despertáis con la cara bañada por el sol, es que estáis de vacaciones, y ya sois ingenieros.

Fuerza y honor.

domingo, 18 de mayo de 2014



"What is life without struggle? Without hardship there is no triumph. Without journey there is no destination. Happiness isn't just having what's good. It's also changing what's bad."

"Qué es la vida sin esfuerzo? Sin dificultad no hay triunfo. Sin trayecto no hay destino. La felicidad no es solamente tener las cosas buenas. Es también cambiar las malas."

viernes, 11 de abril de 2014

A veces cuesta llegar al estribillo

Ayer volviendo de inglés me encontré a Manu Blasco, un aeronáutico covarrubio unos años mayor que yo y con el pelo prácticamente blanco. Manu, que es un sol de tío, terminó la carrera hace un mes, después de muchos años de sinsabores. Hace un poco más comenzó a trabajar con un par de compañeros covarrubios en su exitosa empresa, y dice que la satisfacción de trabajar allí, la dinámica diferente, la sensación de ser útil y productivo, es lo que le ha dado fuerza para acabar.

Hoy ha sido mi quinto día de curro y me siento igual.


jueves, 27 de marzo de 2014

 I want to tell you about something I recently learned, struggle is ALWAYS the feeling that comes before triumph. So when you feel it, don't give up, because even though it doesn't seem like it, you are one crucial step closer to greatness.

--Nice Peter


("Quiero contaros algo de lo que me he dado cuenta hace poco; el agobio es siempre el sentimiento que precede al triunfo. Así que cuando lo sintáis, no os rindáis, porque aunque no lo parezca, estáis un paso crucial más cerca de la grandeza")

lunes, 6 de enero de 2014

Qué mejor metáfora de la madurez que levantarse temprano. Yo mismo tiendo a dormir hasta tarde si puedo, perdiendo la mañana en el proceso. Pero como mínimo aprecio ya la vitalidad que proporciona salir de la cama con la primera luz, desayunar, realizar múltiples actividades y encarar el mediodía habiendo aprovechado el tiempo y teniendo todavía mucho por delante. Poder recuperarse mediante una corta siesta y seguir afanándose en llenar la vida de experiencias y a uno mismo de habilidades y conocimientos. Qué infantil, sin embargo, babar la almohada hasta las doce, comiéndote la vida a bocados, sin sutileza ni sabiduría. Qué propia de joven inmortal es la satisfacción bruta del descansar a pierna suelta. Y sin embargo, cada vez siento más que el descanso no es cuantitativo sino cualitativo, y que me siento mejor durmiendo tras haber tenido un día completo y exhaustivo que habiendo dormido trece horas después de una juerga.

Me he encontrado ya tres canas, por ahora.

martes, 8 de octubre de 2013

Chiquitín, el elefante

Cuando era pequeño tenía un cuento llamado Chiquitín, el elefante. O tal vez fueran dos o tres cuentos. Chiquitín era un elefante tan pequeño que se perdió entre la hierba y sus padres no lo pudieron encontrar. Si no recuerdo mal, se hacía amigo de un tigre o un leopardo o algo semejante. En mi memoria está muy vívida la imagen de un puente colgante que a Chiquitín le daba mucho miedo. Son de esos recuerdos que te hacen sonreír un momento y luego apartas, para pensar en cosas importantes.

Gracias a Internet y a Google me ha llevado tres minutos descubrir que Chiquitín es creación del austríaco Erwin Moser, que originalmente se titulaba Winzig, der Elefant, que fue publicado en 1985 y en España en 1990, con una segunda edición en 1999 en la que su nombre se tradujo por Vicente, que es un nombre horrible.

Gracias, Erwin Moser, Google, Amazon e Internet en general.

pero sobre todo gracias a mis padres por leerme sus andanzas

domingo, 6 de octubre de 2013

Fiesta de la bici

Esta mañana me levanté a las ocho, y desayuné mientras el Hotel Sandoval dormía. Me puse el casco y los guantes y bajé al portal a tiempo para encontrarme con Fernando (no Villegas). Luego bajamos a toda pastilla por las calles semivacías de la capital hasta llegar a Menéndez Pelayo, detrás del Parque del Buen Retiro.
y su barba también vino
Así dio inicio la Fiesta de la bici para nosotros. Se trata de un evento multitudinario, una ruta de 20 km en bicicleta por las calles de Madrid. En teoría éramos más de 20.000 personas, pero me imagino que la estimación iba ligada al número de dorsales reservados, de los que algunos debieron quedar en casa. De todos modos, había tanta gente que apenas se podía avanzar, al menos hasta que llegamos a la calle Alcalá, y después a Gran Vía y la gente, sobre todo los paisanos con críos, empezaron a perder fuelle.

la ruta en sí, 19,6 km según Google
La verdad es que así como era muy divertido pedalear entre tantísima gente, también era algo cansado esquivarnos mutuamente, y por encima de todo tener que reducir el ritmo hasta puntos incómodos. Muchos de los ciclistas demostraban gran dificultad para ir despacio, lo que, ciertamente, requiere más control de la bicicleta que ir rápido. Lo peor, sin embargo, fue que a la altura de Pío XII, más o menos a mitad del trayecto, las motos de la policía local, que nos abrían el camino, decidieron ponerse a pisar huevos con fruición, causando el descontento general. La docena de motoristas eran como un tabique móvil, y nos ponía aún más nerviosos ver que ante ellos, la calle estaba vacía. Afortunadamente, en cuanto alcanzamos Castellana la situación volvió a lo normal.

no se ve muy bien pero es donde el anuncio de Schweppes

Como curiosidad, a la altura de Tetuán nos sorprendió una muiñeira, tocada por un grupo de gente vestida de gallegos, que tal vez fueran gallegos que venían a ver el partido del Celta con el Atlético de Madrid, a las doce de esta misma mañana. En todo caso fue inesperado y divertido.

Terminamos el recorrido en hora y cuarto, aunque bien podríamos haberlo hecho en cuarenta y cinco minutos con un ritmo un poco más constante. Sólo vimos una caída, y salvo una niña a la que le pasé más cerca de lo que me hubiera gustado y un tonto con el que Fernando tuvo unas palabras, resultó bastante agradable y sin incidentes.

A continuación nos dimos una vuelta por el Retiro, en principio buscando una fuente en la que beber agua, pero en última instancia pasándonos un buen rato en los puestos de libreros de esa zona, a los que Fernando es gran aficionado. Yo me compré unos relatos de Asimov por tres euros y él el libro Tiburón, el de la peli de Spielberg, por uno.

Cogimos de nuevo las bicis, Margaret y Sonia (tiene cara de llamarse Sonia, la de Fernando), y nos fuimos para Sandoval a tiempo de ver al Celta perder contra el Atlético, con una primera parte lamentable (aunque, ojo, Yoel paró un penalti) y una segunda algo más decente.



Domingo cundiente donde los haya, lo prometo. ¡Esto de levantarse temprano va a resultar una buena idea!

martes, 23 de julio de 2013

Vacaciones

La Operación Bacalao está siendo un pequeño fracaso, lo cual refleja un enorme éxito de mis vacaciones y mi veraneo; creedme, si no escribo entradas no es porque esté delante del ordenador sin inspiración, sino porque estoy disfrutando del verano como se debe.

el sol se pone en Bayona
Erica y Tere, las amigas y compañeras de piso de Iris, estuvieron de visita el fin de semana pasado, lo cual fue excusa para ir a Santiago ayer. Entre otras cosas más evidentes, como el Obradoiro o la Alameda, visitamos la residencia de monjas de María Inmaculada, a cuya directora conocen de Madrid y a quien tienen mucho cariño. La residencia es un palacio que pertenecía al general Armada, al parecer, y es impresionante. Dan ganas de alquilar una habitación para un fin de semana.

haciendo yoga en la playa bajo las órdenes de Erica

Condujo Iris el coche de sus padres y he de decir que lo hizo estupendamente, estoy muy orgulloso. Ya tendré que sacarme yo el carnet y todo.

Algunos amigos más empiezan a llegar a Vigo, y esta penúltima semana se revela llena de planes. Mañana temprano me voy a Cíes, el miércoles iré a un concierto de la New York Ska Jazz Ensemble, el sábado tengo un cumpleaños, queda pendiente una excursión por la Costa de la Vela...

Vamos, que estoy ocupado.

jueves, 11 de julio de 2013

Good to be back again

Terminé El lobo estepario después de haber leído 200 páginas del tirón, y en cuanto guardé de nuevo el destrozado ejemplar, que rescaté de la pila de basura de la Biblioteca del Covarrubias, en la mochila, la megafonía del tren anunció:

"Señores pasajeros: próxima estación: Vigo-Guixar"

y luego

"Leidis an lléntelmen: nesesteision: Vigo-Guixar"

Poco después se abrían las puertas del tren a la estación, supuestamente de transición hasta que finalicen las obras de la principal, que se encuentra cabe el puerto a cinco minutos de mi casa. Un golpe de aire marino, fresco, húmedo, me llenó los pulmones como un beso del mar, y las gaviotas me saludaron "¡cla, cla, cla!", "bienvenido, Enzo", y eran las nueve y media del diez de julio y mi verano acababa de empezar, y se estaba poniendo el Sol sobre el Morrazo, sin alardes, paseniño.

Esta noche dormí como un bebé, y esta mañana, a pesar de la bruma, me dí un paseo con mi padre al lado de la Ría y luego más arriba, sube que te sube ("Madrid es todo cuestas", mis huevos toreros), a sentir, a pisar esta ciudad, que pese a todos sus defectos y remates absurdos es la mía, que no puedo olvidar.

Es bueno volver a casa.