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domingo, 15 de marzo de 2020

Coronavirus

El miércoles o el jueves salía yo de trabajar y hacía un día estupendo. Sol sin quemar, los almendros en flor, multitud de pájaros (algunos poco frecuentes como verderillos o carpinteros rojos), y calma. Ya habían cerrado las universidades y colegios, pero aún no nos habían puesto en cuarentena, por lo que se veía gente por la calle, pero poca. La sensación general era de precavido sosiego.

En ese momento me embargó una inexplicable felicidad. Tras semanas duras en el trabajo, por motivos que no vienen al caso, llevaba un tiempo deprimido. Me notaba muy cansado al final de cada día y desde luego estaba preocupado, pagándolo a menudo con la pobre Iris, que ya tiene bastante llevando a Eneas dentro. Y sin embargo, la epidemia de coronavirus, de algún modo, puso las cosas en perspectiva. Ya no parecían tan graves mis problemas cotidianos, en parte; por otro lado, me pareció una vivencia insólita y fascinante.

No quiero frivolizar con el riesgo que entraña la pandemia. Sin embargo, creí ver en ese momento la oportunidad para nuestra sociedad de librarse de lo accesorio y valorar lo imprescindible, lo que nos hace humanos. La solidaridad. La alegría. Las ganas de hacer feliz a los demás. La perseverancia.

Por no hablar de lo sano que puede ser tener tiempo para meditar, leer, hacer trabajos manuales, preparar habitaciones de bebé... en definitiva, pausar y pensar.

Creo sinceramente que nuestra sociedad saldrá de esta más sana.

jueves, 27 de marzo de 2014

 I want to tell you about something I recently learned, struggle is ALWAYS the feeling that comes before triumph. So when you feel it, don't give up, because even though it doesn't seem like it, you are one crucial step closer to greatness.

--Nice Peter


("Quiero contaros algo de lo que me he dado cuenta hace poco; el agobio es siempre el sentimiento que precede al triunfo. Así que cuando lo sintáis, no os rindáis, porque aunque no lo parezca, estáis un paso crucial más cerca de la grandeza")

lunes, 6 de enero de 2014

Qué mejor metáfora de la madurez que levantarse temprano. Yo mismo tiendo a dormir hasta tarde si puedo, perdiendo la mañana en el proceso. Pero como mínimo aprecio ya la vitalidad que proporciona salir de la cama con la primera luz, desayunar, realizar múltiples actividades y encarar el mediodía habiendo aprovechado el tiempo y teniendo todavía mucho por delante. Poder recuperarse mediante una corta siesta y seguir afanándose en llenar la vida de experiencias y a uno mismo de habilidades y conocimientos. Qué infantil, sin embargo, babar la almohada hasta las doce, comiéndote la vida a bocados, sin sutileza ni sabiduría. Qué propia de joven inmortal es la satisfacción bruta del descansar a pierna suelta. Y sin embargo, cada vez siento más que el descanso no es cuantitativo sino cualitativo, y que me siento mejor durmiendo tras haber tenido un día completo y exhaustivo que habiendo dormido trece horas después de una juerga.

Me he encontrado ya tres canas, por ahora.

jueves, 11 de julio de 2013

Good to be back again

Terminé El lobo estepario después de haber leído 200 páginas del tirón, y en cuanto guardé de nuevo el destrozado ejemplar, que rescaté de la pila de basura de la Biblioteca del Covarrubias, en la mochila, la megafonía del tren anunció:

"Señores pasajeros: próxima estación: Vigo-Guixar"

y luego

"Leidis an lléntelmen: nesesteision: Vigo-Guixar"

Poco después se abrían las puertas del tren a la estación, supuestamente de transición hasta que finalicen las obras de la principal, que se encuentra cabe el puerto a cinco minutos de mi casa. Un golpe de aire marino, fresco, húmedo, me llenó los pulmones como un beso del mar, y las gaviotas me saludaron "¡cla, cla, cla!", "bienvenido, Enzo", y eran las nueve y media del diez de julio y mi verano acababa de empezar, y se estaba poniendo el Sol sobre el Morrazo, sin alardes, paseniño.

Esta noche dormí como un bebé, y esta mañana, a pesar de la bruma, me dí un paseo con mi padre al lado de la Ría y luego más arriba, sube que te sube ("Madrid es todo cuestas", mis huevos toreros), a sentir, a pisar esta ciudad, que pese a todos sus defectos y remates absurdos es la mía, que no puedo olvidar.

Es bueno volver a casa.


miércoles, 10 de julio de 2013

Churruca 3, despedida y cierre

Me voy a casa de una vez. La mudanza ya está hecha, ya tomé el segundo desayuno y en una hora dejaré Churruca  para no volver. Me da pena dejar de vivir con Denis y María, que han sido muy buenos compañeros de piso. Hace años que conozco a Denis, y sé que sus manías y exageraciones se compensan largamente con su iniciativa, su sinceridad y su excelente capacidad culinaria. Y María ha sido una agradable sorpresa, una presencia tranquila y razonable que nunca habla más de la cuenta (cosa que me viene bien aprender). Por otro lado, el año que viene compartiré habitación con Iris, así que ¡no puedo menos que estar contento!

A las tres sale mi tren de Chamartín a Vigo, y siempre que comienzo a ver el Miño, me acuerdo de la canción de Andrés do Barro, O tren (aunque yo la conocí por Siniestro Total).

O río vai feito un mar de ledicia, e no tren pouco a pouco volto á miña Galicia

miércoles, 8 de mayo de 2013

Another Brick in the Wall (pero no el que tú crees)

Para variar un poco, me acabo de poner The Wall, el disco entero, en Youtube. Llego a la parte de la (creía yo) trillada Another Brick in the Wall Part I, y ¡oh sorpresa!

No oigo la sabida estrofa que todos hemos oído mil veces, "We don't need no education/ We dont need no thought control/ No dark sarcasm in the classroom/ Teachers leave them kids alone", ni siquiera el ritmo de siempre. Lo que tengo es una guitarra de lo más sutil, vaporosa, con un bajo que amenaza una ruptura que no llega, y los siguientes versos:


Daddy's flown across the ocean
Leaving just a memory
A snapshot in the family album
Daddy, what else did you leave for me?
Dad, what you leave behind for me?

All in all it was just a brick in the wall
All in all it was all just bricks in the wall


Por qué no se conoce esta parte (o no tanto como la típica, no vayáis de listos) se me escapa. Cuando mi tío Chilo lea esto querrá matarme, y con razón, porque es un delito por mi parte no haberla descubierto antes.

Ya van tres veces que la vuelvo a poner, una detrás de otra...

jueves, 11 de abril de 2013

Isaac Asimov: la saga de la Fundación

Como habéis podido ver en la barra de la izquierda, desde final del año pasado hasta hace poco me he dedicado exclusivamente a Isaac Asimov en cuestión de lectura. Esto fue provocado por la apertura en la biblioteca de la ETSIA de una sección de ciencia-ficción. Si bien lleva funcionando un par de años, nunca había sacado un libro de la misma, hasta que a finales de diciembre, atascado con Nuestra Señora de París, le decidí dar una oportunidad a Preludio a la Fundación. Y luego, ya en casa por Navidad, tomé Yo, Robot y Fundación de la biblioteca de mi padre, leyéndolos en cuestión de diez días. Entre los dos.

La saga esta, de la que quiero hablar, relata la caída del Imperio Galáctico en una galaxia (la nuestra) en la que el hombre es la única especie inteligente, en un tiempo muy avanzado en el futuro (unos 20000 años), y el posterior desarrollo de la Fundación, la facción protagonista. La acción se desarrolla a lo largo de varios siglos, mediante relatos cortos centrados en personajes que por una razón u otra se ven envueltos en los acontecimientos más relevantes de su tiempo. Así, tenemos a Salvor Hardin, primer líder político importante del planeta; Hober Mallow, el primer Alcalde extranjero del mismo; Lathan Devers, un comerciante que se ve obligado a actuar como agente secreto ante una invasión; Bayta Darell, la mujer que salva al planeta y la galaxia de una poderosa fuerza invasora; o su inquisitiva nieta, Arkady Darell; y la sombra del gran Hari Seldon, matemático y psicohistoriador, fundador de la Fundación (valga la redundancia), como una constante a lo largo de los libros. Estos personajes, por la estructura de los relatos, tienen que ser descritos en pocas páginas, o mejor en pocas palabras, y son sus actos, la manera de resolver las dificultades a las que se enfrentan, los que los definen y les dan profundidad. En general están en escena un corto capítulo, o dos, pero a medida que se suceden las novelas se va produciendo un cambio.

Para que me entendáis: lo primero que noté del último libro que empecé (y que aún no he terminado) es lo gordo que es. Los límites de la Fundación tiene 523 páginas, mientras que Fundación, el primero de la saga, cuenta con unas 200. Lo siguiente que noté fue que la narrativa era considerablemente más lenta y torpe, y que me contaba unos detalles que realmente no me interesan. Veréis, Asimov no describía el entorno, en sus novelas iniciales. Los inventos futuristas aparecían en escena cuando la trama lo exigía, no se apropiaban de la misma, y salían de plano discretamente hasta que el guión demandara chismes. Igualmente ocurría con los paisajes o los edificios. Si acaso se regodeaba en descripciones, estas eran siempre sobre culturas, o las expresiones de las mismas que reflejaban sus personajes: un diplomático venido de Trántor, el escenario de Kalgan, el planeta del ocio en que se desarrolla una secuencia... siempre son añadiduras al argumento, no argumento en sí. Y eso está bien, porque si no se hace muy pesado, y francamente, puede llegar a envejecer muy mal y que resulte ridículo 70 años después. Porque la primera novela, a todo esto, fue publicada en 1951, pero era una recopilación de relatos iniciada en 1942.

En cuanto Los límites... empezó a describir a Golan Trevize y sus putos cinturones de colores, me fui a la contraportada del libro y busqué la fecha de publicación: 1982. La respuesta a mi pregunta: don Isaac se hacía mayor.

si bien más estiloso


Leyendo la Wikipedia me he enterado de que escribió las secuelas (Los límites..., Fundación y Tierra) y precuelas (Preludio..., Hacia la Fundación) por presión de fans y editores, 30 años después de haberla dejado, si no cerrada, sí terminada. Claro, lo de los relatos cortos era la crema a principios del siglo XX, pero en los 80 ya no vendía, así que se marcó estos rollos patateros en los que cada personaje se desarrolla, no en 20 o 30 páginas, sino en 200. Asimov era bueno con historias cortas. Incluso su novela más famosa, Yo, Robot, es una colección de relatos (que, por cierto, os recomiendo ENCARECIDAMENTE que leáis) escritos para revistas de ciencia ficción; la aclamada El Fin de la Eternidad no sigue esta estructura, pero tiene 200 páginas (y mola bastante, por cierto). En general, lo que siempre me ha gustado del autor es su frescura y su ingenio, cualidades que resaltan en una historia corta, pero que en Los límites... se pierden en una trama que no me engancha (llevo más de un mes con el libro) y que considero demasiado mística  y lenta. Y encima, qué manía de meter los robots (apuesto a que también fueron exigencias editoriales) en una saga que estaba muy bien sin ellos whatsoever.

La moraleja de esta entrada es que os leáis las novelas (de esta saga) de los años 40 y 50, de verdad, pero que evitéis el resto, por mucho que os interese saber si el Segundo Imperio Galáctico llega a buen puerto o no. Ya os digo yo que, Hari Seldon mediante, tardará sólo mil años, que se os pasarán mucho más rápido que Los límites de la Fundación.

Que quede claro: Isaac Asimov era el p*** amo. Me encantan (la mayor parte de) sus novelas, pero es que encima se dedicó a escribir sobre divulgación histórica científica o lo que quieras. Se trataba de un hombre inteligente y culto, profesor universitario de bioquímica, que fue nombrado doctor honoris causa por varias universidades; era progresista, feminista, propalestino, y todo apunta a que bastante majo también.

martes, 12 de marzo de 2013

Habladme de los Beatles

Siempre se dice, ¿no? "qué buenos son los Bítels, cómo me gustan" y luego resulta que todos conocemos los veintipico singles y poco más. Al menos así me pasaba a mí, pese a las numerosas veces que mi amigo Judío me aseguraba lo profunda y de calidad que es su discografía. Con Iris oí alguna canción más (concretamente Norwegian Wood, pionera en el uso del sitar), y Raúl, mi compañero de piso, se enamoró de In my life y la reprodujo un par de veces, así que decidí quitarme el gusanillo y dedicarle tiempo al grupo, que si dicen que fue el mejor grupo del siglo XX, algo farían.

Total que me puse el Rubber Soul en Youtube, y luego el Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band, y el Revolver, y el álbum blanco (The Beatles), desembocando a la postre en Pink Floyd y su Dark Side of the Moon, que no es los Beatles pero es música inglesa buena de todos modos. No oí ninguno de los cuatro primeros discos, porque me cansa un poco el rollo, y aunque el resto de las canciones sean la segunda venida de Jesucristo no me apetece oír otra vez Love me do. Y yo que sé, como si no hubiera discos donde elegir. El día siguiente (que debió ser el viernes) me puse otra vez todos estos y Abbey Road. Y, tío.

No voy a decir que he desperdiciado mis oídos escuchando otra música, porque esa otra música ha sido rock añejo, sobre todo, pero me sorprende no haber sido consciente de las cosas que hicieron estos británicos, así como que no se conozcan en general. Desde las canciones más tontas tipo When I'm Sixty-Four a las baladas como If I Needed Someone todo es impresionante. Y luego tenemos las canciones que mucha gente conoce, por ejemplo Lucy in the Sky with Diamonds o While My Guitar Gently Weeps. Y me pregunto: ¿por qué no están en todas partes? ¿Por qué no las ponen en todas las radios todos los días? ¿Acaso hay algo mejor?

En general, de todos modos, me quedé con la sensación de que las mejores canciones eran las que no cantaba (y diría compuso, pero tampoco me apetece comprobar, canción a canción, si son suyas, porque en general los créditos iban para Paul y John por igual) Paul McCartney. Let it be y Hey Jude son canciones muy buenas, que me gustan mucho, pero tío, no se puede plantear una banda de rock con un share de señoras mayores y niñas de quince años. Cosas como You Won't See Me, que no pueden ser más ñoñas. Si se trata de baladas, en el mismo Rubber Soul tenemos In My Life, que tanto gusta a Raúl, con razón, pienso yo; escrita por Lennon, y Wait, que escribieron juntos. Y que yo creo que están bien conseguidas.

Que no es que no me guste McCartney. También mi padre dice que de joven le molaba más Lennon, y ahora al contrario. Pero tampoco conozco canciones posteriores de McCartney así, molonas (por favor, recomendadme algo en los comentarios), mientras que Lennon sí que tuvo lo suyo y me gusta bastante.

 y el tío componía estas cosas, hombre, quita pallá

George Harrison, por su parte, era un genio de la guitarra, cosa que no creo que sorprenda a nadie. Si no se le hubiera ido tanto la olla con el misticismo indio y el sitar y eso, creo que habría sido mucho más reverenciado en su carrera en solitario. Y en cuanto a Ringo Starr, al que admiro por su capacidad de ser casi un extra, no enfadarse con nadie y forrarse, luego se sacaba canciones intrascendentes pero pegadizas: todos sabréis de Yellow Submarine, pero también Octopus's Garden o Don't Pass Me By. Que no son ningún paradigma de la música rock, pero oye. Y encima está hecho un chaval con 72 años.

está más guapo que a los 20 
En fin. Me pregunto qué habría sido de Lennon si no lo hubieran matado, si se hubieran vuelto a juntar en los 90 como otros grupos de su época, y si será verdad que McCartney es una señora vieja en el fondo.

jueves, 14 de junio de 2012

Dio, qué grande eras

http://grooveshark.com/s/Dream+On/2GxQhn?src=5

En esta versión, Ronnie Dio canta Dream On, de Aerosmith, con el virtuoso guitarrista Yngwie Malmsteen a las cuerdas. La letra es preciosa, Malmsteen es un portento, pero la versión es verdaderamente genial por la fuerza que imprime el difunto cantante, que le da mil vueltas, en mi opinión, a la vocecilla de Steve Tyler.

En serio, oírlo cantar "sing with me, just for a day, maybe tomorrow the good lord will take you away" es indescriptible...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Dio

Hay veces que empiezas a oír una canción, o bien lleva sonando un rato, y de repente te das cuenta de que la voz del que canta te está atrapando. Hay algo en su timbre, en su modulación, en qué se yo, que te atrae inexorablemente.

Yo tengo esa sensación casi cada vez que oigo la voz del difunto Ronnie James Dio (1942-2010). Algunos de mis lectores conocerán al bajito vocalista de Rainbow, Black Sabbath y DIO de primera mano; a los que no les animo a escuchar alguna de estas canciones: Holy Diver o Heaven and Hell, por ejemplo.

Ronnie no tenía unos pulmones poderosos como los de Ian Gillan (Deep Purple) ni una variedad de registro como Rob Halford (Judas Priest), y eso sólo hablando del jevi; si nos metemos en la música en general estoy seguro de que habrá mucha gente que sabe más que yo del tema que podrá criticarlo en profundidad.

Pero hay algo en su manera de cantar que me transmite energía. Es esa carraspera que no tiene, ese grito que nunca estalla... Tal vez esa contención, que hace pensar que hay mucho más debajo... Da la sensación de que cuando Ronnie James Dio cantaba, lo estaba sintiendo profundamente.

Además, inventó lo de los cuernos en los conciertos