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miércoles, 15 de mayo de 2019

West Coast is the best coast

El próximo viernes, día de las Letras Gallegas, Iris y yo nos vamos a la costa Oeste de Estados Unidos. Nos han invitado a una boda en Portland (Oregón), así que allá nos vamos, via San Francisco y Yosemite, y volviendo por Seattle.


Los novios son Kaylyn y Evan, que estuvieron en nuestra boda. Kaylyn es una auténtica enamorada de Baiona, y los dos disfrutaron mucho de nuestra pequeña costa oeste. Ahora les devolveremos la visita. Tengo muchas ganas de conocer San Francisco, también conocido como el Vigo americano (tienen hasta su versión del puente de Rande y de la Isla de San Simón), y Seattle (que debe ser como Ferrol), pero lo que más me llama es el parque nacional de Yosemite.

Colgaremos fotos de nuestro viaje, ¡estad al loro!

domingo, 5 de mayo de 2019

Luna de miel (I)

Nuestra luna de miel comenzó el 26 de agosto del año pasado. Tras un frenético último día empleado en finalizar el equipaje y cambiar un vuelo a última hora, salimos de Vigo en dirección a Nairobi, pasando por Madrid y París. Hasta Madrid viajamos con mi amigo Cristóbal, que se volvía a Eindhoven, donde vive, y fue muy agradable comer con él como despedida. Luego, cada uno por su lado, y nosotros llegamos al aeropuerto Nairobi Kenyatta con las primeras luces del lunes 27.

Tras un pequeño trámite fronterizo, salimos al exterior del aeropuerto, donde nos estaban esperando nuestros dos compañeros de viaje: Tom, el chófer, y "Antonio" (Tony), el guía. Tom, que es de una tribu cuyo nombre nos evade ahora, era delgado, de cándida sonrisa y hablar muy sosegado. Llevaba una gorra blanca como la furgoneta Toyota que conducía. Tony, de la mayoritaria tribu Kikuyu, era corpulento, de ojos vivos y lenguaraz. Hablaba español decentemente y hacía numerosas bromas de todo tipo. Estos dos nos llevaron hacia el norte, al centro del país, a la Reserva Nacional de Samburu.

Samburu es el nombre de la tribu que vive en esa zona del país, que tiene un clima continental europeo y una orografía agreste de suelo arcilloso. Este parque, que es de tamaño reducido, tiene, sin embargo, muchísima fauna y de muchos tipos. Entre la entrada y el hotel, vimos algunas gacelas, numerosas pintadas o gallinas de Guinea, y hasta una jirafa, que nos llamó muchísimo la atención. Poco sospechábamos entonces la cantidad de animales que íbamos a ver ese mismo día.

Gallinas de Guinea.¿No os parecen dinosaurios?
En el hotel nos estaban esperando para comer, y comimos, y en verdad nos plugo. Nuestro alojamiento era una cabaña de terracota con dos camas, rodeada de sus congéneres y de la sabana, por la cual rondaban unos antílopes diminutos llamados tik-tik, unos pájaros como Zazú el del Rey León, que se llaman cálaos, y ocasionalmente babuinos. Con los babuinos hay que tener cuidado, que son peligrosos como hinchas del Liverpool en Mallorca.

¿dices que se perdió en su propio museo?
 Después de comer nos fuimos de safari, de nuestro primer safari, en el que estrenamos el teleobjetivo nuevo de Iris (un regalo que le hice con sus amigas por su cumpleaños), con todo éxito. El modus operandi del safari consiste en dar vueltas por la sabana, los guías comunicándose por radio con otros guías para informarse de los movimientos de los animales. Cuando descubren un animal, ya sea por su vista y experiencia, ya porque se lo chivan los compañeros, acercan el coche a este para que lo veas. Y lo acercan MUCHO. Hasta el punto de que, en ocasiones, yo me agobiaba, porque me daba la sensación de que estábamos estresando al animal. Aunque, en general, ellos aparentaban completa indiferencia frente a nuestra presencia.

esta leona pasó a 20 cm de mí, al otro lado de la puerta de la furgoneta. Y en ese momento había 10 coches a su alrededor
este es de teleobjetivo, no de estar cerca
 Estuvimos en Samburu dos noches, y de safari tres veces: la tarde de llegar, y la mañana y la tarde del día siguiente. El recorrido que más me gustó fue por la mañana, cuando hicimos una incursión, cruzando el río Ewaso Ng'iro a la reserva adyacente de Buffalo Springs. Esta zona estaba completamente desierta de visitantes, con lo cual teníamos una sensación de amplitud y de aventura mucho mayor. Las fotos a continuación son todas de Buffalo Springs:

aquí un Samburu cruzando el Ewaso Ng'iro







El resto del tiempo estuvimos en Samburu Samburu, que como os he dicho está lleno de vida. En general, fue un inicio maravilloso de viaje. Nos hizo un tiempo estupendo y estuvimos constantemente rodeados de fauna increíble, y el hotel nos gustó mucho (hasta tenía una piscina de la que dimos buena cuenta). De hecho, tuvimos una suerte excepcional el segundo día, cuando pudimos ver el más esquivo de los carnívoros africanos: un leopardo, tumbado a la bartola en un árbol.

por supuesto, estaban todos los coches del parque rodeando al animal

domingo, 4 de marzo de 2018

Enzo en la jungla



El fin de semana pasado, Saktish organizó un viaje a Endau Rompin, un parque nacional al norte del estado de Johor en el que me encuentro. Y hasta ahora no he tenido ni un momento para relatar una de las experiencias más bonitas e intensas de mi viaje. 

Saktish me recogió a las cinco y media de la mañana del sábado, puesto que el trayecto hasta el parque es de unas tres horas. En el coche iba también Amirul Fahmi, otro chaval de Dyson, y luego recogimos a "Fred" Wong (su nombre real es Hang Hua, pero es costumbre entre los chinos escoger un nombre occidental para relacionarse con occidentales), que es el jefe de Saktish. El viaje fue bastante bien, con algo de lluvia tropical, y algo de Camarón de la Isla (le regalé a Saktish La Leyenda del Tiempo, para que conociera algo de lo más pintoresco de nuestra música patria).

Después de llegar a las lindes del parque y tramitar la burocracia para poder acceder, nos recogió un 4x4 que nos llevó a una zona de la jungla acondicionada para visitantes, que es donde pasaríamos la noche. Nos llevó un buen rato, por una carretera bastante accidentada y con numerosos charcos. Al poco de llegar al campamento se puso a llover a mares, por lo que recuperamos algo de sueño con una buena siesta.

en una casita como esta estábamos nosotros
Llovió durante un buen rato, y se nos hizo un poco tarde para andar por la selva, con lo que optamos por otra actividad: un pequeño rafting por el río. Además, previamente, los guías del parque nos enseñaron un poco de la cultura aborigen: una cabaña con varios utensilios y un murciélago muy alterado por la visita, y una cerbatana con la que nos hicieron una demostración. La cerbatana me llamó mucho la atención, por ser muy larga (más de un metro) y extraordinariamente precisa. El paisano clavó el dardo en el puro centro de la diana, pero incluso nuestros inexpertos intentos fueron muy prometedores. Los propios guías eran también aborígenes, que en malayo se dice orang asli (literalmente "hombres originales"), y solamente hablaban malayo. Hoy en día, la mayoría de orang asli viven de rentas de tierras que el gobierno malayo les concedió como medio de ganarse su favor en momentos complicados de la historia del país. Teóricamente, son étnicamente distintos de los malayos malayos (coño, es que es un lío, me refiero a los nacionales que no son ni chinos ni indios), pero yo no pude apreciar diferencias muy llamativas, o que no pudieran ser particularidades del individuo.

Entre la cerbatana y el rafting, el cual, por cierto, estuvo muy bien, tuve mi primer encuentro con una sanguijuela, que son muy frecuentes en la jungla, especialmente después de llover. Las malditas pachat acabaron siendo las protagonistas del fin de semana...

Después del río, de una ducha y una cena, Fahmi, Saktish y yo nos dimos un pequeño paseo (abortado ante la miríada de sanguijuelas), pero lo más interesante vino por la noche, cuando el guía nos llevó por esa misma zona y vimos un pequeño camaleón y una enorme polilla.


Al día siguiente, el orang asli vino a recogernos temprano, machete en ristre, para llevarnos hasta una cascada río arriba. Este paseo fue lo más impresionante de la visita: un camino serpenteante, subiendo y bajando entre luces y sombras, sorteando árboles extraños, vadeando arroyos, agarrándonos a cuerdas para no perder pie en la escurridiza tierra de un naranja intenso, sorteando estrechas cornisas y parando cada cinco minutos a quitarse las pertinaces sanguijuelas. Las sanguijuelas son legión en el suelo húmedo del interior de la jungla, especialmente en las zonas con hojarasca. Son rápidas, son tercas y son resistentes a pisotones; de hecho es probable que aprovechen la coyuntura para trepar por tu zapato. Cuando están en el camino, se ponen de pie, muy erguidas, y otean el horizonte, agitando el otro extremo en todas direcciones, no sé si oliendo, sintiendo el calor o viendo a su presa. Al sentirte, se dirigen hacia ti con una determinación terrorífica, moviéndose de una manera que sería ridícula si no fuese tan rápida y si no tuviese como fin chuparte la sangre. 

He de decir que, pese a todo, no tuve tan mala fortuna con ellas. Llevaba unos tenis viejos y unos calcetines más viejos todavía, rociados de antimosquitos, lo cual ralentizaba el avance de los gusanos vampíricos una vez se habían aferrado a mis zapatos. No así Fahmi, que llevaba unos zuecos de esos de plástico, y  cada poco tenía que quitarse cinco o seis de cada pie. Y el aborigen, que iba en CHANCLAS, debía haberse frotado los pies a conciencia con tabaco, porque no parecía tener mucho problema con ellas. 

Sanguijuelas al margen (y que conste que por lo menos, ni duelen ni pasan enfermedades, ni son más que un incordio asqueroso), el paseo fue precioso. Los verdes de los bosques tropicales tienen una cantidad abrumadora de matices, como una lima que ha madurado más por un lado que por otro. La vegetación es exuberante, y parece que los árboles tengan una reserva infinita de energía y recursos, de tan grandes que crecen, y tantas ramas y raíces que echan. El paisaje, cada vez que salíamos al río, era de película, y daba para hacer cientos de fotos. La temperatura debía oscilar los treinta grados, y la humedad era cercana al cien por cien, y tardamos un par de horas hasta llegar a la cascada en cuestión, así que me di un baño que me supo a gloria.

Aquí con Saktish y mi camiseta empapada
Estuvimos un rato largo en la cascada y luego emprendimos el regreso. A medio camino de vuelta, el guía nos ofreció llevarnos a otra cascada, cosa a lo que accedimos. Esta ruta era toda por la rivera, a menudo vadeando el río, con lo cual nos libramos de los pequeños monstruitos durante ese trayecto. En esta otra poza ya nos bañamos los cuatro (el guía no se mojó ni los pies, curiosamente), y pasamos otro rato muy agradable.


Ya terminando la excursión, me di cuenta y me congratulé del hecho de que nuestra comitiva estaba compuesta por cinco personas, de cinco etnias diferentes, con cinco diferentes creencias religiosas. Qué queréis, me hacen gracia estas cosas.

Próxima entrada: ¡Singapur!

jueves, 22 de febrero de 2018

Singapur y Malaca

little India en Singapur
¡Hola otra vez! Al final, este sábado pasado decidí visitar Singapur, y como meta me puse ir hasta un rocódromo. Por un lado, porque la escalada es adictiva y ya tenía ganas; por otro, porque me apetecía pasear por Singapur no como un turista, sino como una persona más. Ya tendré tiempo de hacer turismo durante el fin de semana que pase en Singapur. Así que a la frontera me dirigí con mi ilusión, mis pies de gato y mi pasaporte.

El proceso de entrada en Singapur es largo y laborioso, puesto que hay que coger un autobús desde Johor Bahru, pasar por dos controles fronterizos, y coger otro autobús una vez en Singapur, para ir al sur del país. No toda la isla está cubierta por la ciudad; antes al contrario, hay varias grandes zonas verdes, y una gran zona industrial que es bastante distinta del núcleo urbano característico de Singapur. Este último tiene grandes avenidas, algo más sucias de lo que esperaba (por lo que había leído, pensaba que se trataba de una de las ciudades más limpias del mundo), rodeadas de muchísima vegetación y ocasionales edificios tradicionales. O al menos son ocasionales en las zonas por las que paseé yo, que no fueron más que una fracción de la ciudad.

Caminé un buen rato hasta que llegué al estadio en el cual estaba el rocódromo, en el cual me quité el mono con un buen rato de bouldering y escalada con cuerda. A la salida decidí ir hasta Little India en bicicleta. Resulta que en Singapur hay varias empresas de compartición de bicicletas completamente gratuitas, que supongo que pagará el ayuntamiento o gobierno o lo que tengan.


Little India es muy parecida a Big India, pero más limpia y con menos gente (y ninguna vaca, ni sagrada ni profanada). Aproveché para renovar mis protectores de pantalla del teléfono y para comer un plato de lentejas indias por cuatro dólares singapurenses. 

En general, Singapur me resultó un poco soso. Me lo habían pintado muy bien, pero me pareció tremendamente utilitario, residencial, como una gran urbanización. También es cierto que no fui a la zona supuestamente más interesante, y que era el año nuevo chino, con lo que mucha gente estaba ausente y muchos negocios, cerrados. Un poco acalorado, y después de perderme un poco con los autobuses, me volví a Johor a media tarde, justo a tiempo para que cayera encima mi primer chubasco ecuatorial.

El domingo lo pasé en Malaca (o Melaka), una ciudad que está a unos 230 km de Johor, y que me describieron los malayos como "a heritage city", "una ciudad con patrimonio". Para llegar hasta allí cogí un Uber con un chino muy majo que no tardó nada, y un autobús con un conductor que no sabía leer que tardó cuatro horas.

La mejor descripción que se me ocurre de la ciudad es "Malasiaña". Estaba bastante llena de turistas y lugares de moderneo, con muchos graffitis y rinconcitos como el barrio de Madrid. Me encantó desde el primer momento, y deambulé por la mayor parte del centro, visitando la mezquita más antigua de Malasia (al parecer), uno de los templos budistas más importantes, una iglesia portuguesa que luego fue holandesa, y un agradable canal con mucha animación durante la tarde-noche.

el canal de Manuela Malasaña
La historia de Malaca es fascinante. Fue fundada en el siglo XV, por Parameswara, un príncipe hindú del reino de Sumatra,  que escapó de su anterior reino en Singapur a raíz de una invasión del Imperio Mayapajit de Java para acabar arribando a lo que hoy es Malaca. El sultanato de Parameswara se caracterizó por su tolerancia religiosa, que culminó en un muy beneficioso acuerdo comercial con China (cuyo enviado imperial, a la sazón, era musulmán) que atrajo a comerciantes musulmanes de la India mogol. La posición privilegiada de Malaca en el estrecho homónimo les permitió controlar las rutas comerciales y prosperar enormemente, hasta que los portugueses la invadieron en 1511. Los portugueses, en la tónica propia de los católicos del siglo XVI, no continuaron con la tolerancia religiosa, lo que llevó al abandono de este puerto por parte de los comerciantes indios. Sin embargo, para entonces, las culturas indias, chinas y malayas se habían combinado en Malaca de manera única para dar lugar a la cultura mestiza que hoy se conoce como baba nyonya, de la cual os puedo decir que hacen unos guisos para chuparse los dedos.

Malaca pasó por manos holandesas, británicas y japonesas (durante la Segunda Guerra Mundial) antes de integrarse en el actual estado de Malasia. Fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2008, y lo cierto es que los malaqueños se aprovechan sobremanera del tirón turístico que esto les proporciona.

la misa de año nuevo en el templo Cheng Hoong Teng
Por la tarde, me tomé un café con hielo que fue el mejor café que he probado en una nación de la Commonwealth y cené con Saktish y su compañero de piso, Kashveen, que pasaban por Malaca después de haber pasado el fin de semana con sus respectivas familias, y me hicieron el favor de recogerme, y de invitarme a cenar. El único inconveniente de un día espléndido en Malaca fue el hecho de que era la operación retorno del año nuevo chino, y estuvimos atascados cien quilómetros en la autopista... Y no os exagero nada. Llegué al hotel a las tres y media de la mañana, para desgracia de mi reloj interno, que, el pobre, no entiende nada.

Este fin de semana que viene lo pasaré en un parque nacional a la altura de Kuala Lumpur, así que ¡espero tener mucho que contar! ¡Un abrazo!

no me digáis que no son unos hippies

viernes, 16 de febrero de 2018

Desde Malasia con amor

Héteme aquí en Johor Bahru, en el sur de la Malasia peninsular, donde Dyson tiene unas oficinas y unas plantas de producción. Me han mandado a transferir un proyecto, y estaré aquí hasta el 9 de marzo.

un cachito con sabor malayo
Dyson no repara en gastos cuando nos manda de viaje, y para empezar, me recogió un chófer de Emirates (que es algo que hacen cuando viajas en business) en mi casa de Malmesbury; eso sí, a las 4:30 de la mañana. El madrugón sirvió para llegar a Heathrow sin complicaciones, y pronto estuve en la increíble sala de espera de Emirates Airlines. Me habían hablado de ella, pero hasta ver el tamaño del salón con tropecientas butacas y un desayuno increíble no me daba cuenta del lujo asiático que suponía.

ojo al detalle del Rolex de pared

El avión, un Airbus A380, también era digno de ver. El asiento era enorme y muy cómodo, había un cajón para los zapatos, una tele bastante hermosa y una copa de champán esperándome. La verdad que me parece un lujo innecesario. La idea es que el viaje no se haga pesado y luego podamos trabajar sin problemas al llegar, pero esa idea se viene abajo cuando tienes en cuenta el jet lag, que por cierto, a mí me pegó bastante fuerte el primer día. Habida cuenta que los aviones de vuelos intercontinentales son siempre más cómodos, creo que sería mejor plan coger un vuelo en Turista y luego dormir bien al llegar.

Mi vuelo, después de una escala en Dubai en la que cambié a un (menos impresionante) Boeing 777-800, aterrizó en Singapur Changi a las 8 y poco de la mañana. Los trámites fronterizos fueron sorprendentemente sencillos, y en poco tiempo estaba con un chófer llamado Man que me llevó a Dyson Malasia, que está en Senai, a una hora y media del aeropuerto, más o menos.

Johor Bahru está a poco menos de dos grados Norte, y el clima es ecuatorial puro. 30 grados consistentemente durante todo el día, humedad muy alta y repentinos chubascos. El aire es más puro que en las ciudades indias, y en general está todo más limpio que en India, y hay menos gente. La sociedad malaya es bastante heterogénea, con malayos, chinos e indios como grupos étnicos más importantes. Tanto chinos como indios son comunidades asentadas antiguamente, aunque hay una buena porción de inmigrantes de segunda o tercera generación. Mi anfitrión en Dyson Malasia, Saktish, es malayo, pero sus abuelos son indios tamiles; él habla algo de tamil con su madre.

Resulta que hoy es el primer día del Año del Perro en el calendario lunar chino, una celebración muy importante, tanto en China como en cualquier lugar donde haya una gran comunidad china. Así que hoy es un día de vacaciones, y en general esta semana había poca gente en la oficina, así que Saktish y yo comimos solos el miércoles en un restaurante que podría haber sido transportado, con todo su personal, desde Bombay en helicóptero. Nos comimos un thali con algo de pollo, y Saktish se sorprendió cuando me vio comer con la mano (la derecha solamente, claro), igual que él.

con su tharka dhal y todo 
Estos dos días, Saktish me mostró la oficina, los laboratorios y todo lo necesario para que me sepa mover, y he conocido a algunos de los ingenieros con los que trabajaré, pero entre el terrible desfase horario que tenía y la festividad, no he tenido mucho trabajo. El miércoles me fui al hotel a eso de las 3.

Mi ma, el hotel. Para que os hagáis una idea, pensé que, debido a mi estado atontado por el sueño, había aceptado un cambio de habitación a una más lujosa. Así que después de una ducha y varios correos al Reino Unido, bajé a la recepción, donde muy educadamente me dijeron que no, que todo estaba bien. Ya más tranquilo, procedí a dormir 12 horas, para recuperar.

un cuchitril...
...en un paraje desolador
Ayer fue un día de bastante trabajo, y además resulta que por un malentendido, acabé no recibiendo el coche de alquiler que esperaba, así que me trajo Saktish al hotel a las 9 y no pude hacer nada interesante, más que cenar en el restaurante, lleno de chinos celebrando nochevieja. Probé unas nécoras muy especiadas y muy raras, pero nada demasiado interesante. Creo que me gusta más la comida india. Por cierto que ayer comimos (junto con otro compañero) en un restaurante malayo, cuya gracia era probar una salsa llamada sambal, que es extremadamente picante. Y se conoce que estoy ya acostumbrado al picante y ¡pude con ella!

Hoy he trabajado desde el hotel, y a eso de las cuatro me he ido a dar una vuelta por los alrededores. Esta zona tiene bastante actividad, y al parecer muchos bares "hipsters", según el propio Saktish. Comí en un puestecito panyabí, con un té masala muy rico, y luego me tomé un helado en un sitio en el que te lo hacen en el momento. Y del que, cuando me iba, salió el camarero a decirme respetuosamente que eso era autoservicio y que, por favor, recogiera la mesa. Se ve que han aprendido hostelería de los ingleses.

También encontré y visité un templo hindú, que siempre son muy entretenidos, llenos de policromías y dioses interesantes. Se puede ver que los indios son sobre todo sureños porque hay menos Krishna y Lakshmi y más Kali y otros de cuyo nombre no puedo acordarme.

sí, me he afeitado para ir al trópico, llamadme loco
Mañana cruzaré el ancho estrecho que nos separa de Singapur para dar un paseo por ella, y el domingo lo pasaré en Malaca, que me han recomendado mucho. ¡Ya os contaré que tal!


domingo, 26 de febrero de 2017

Indian wedding

Hace una semana y media estábamos Iris y yo, de nuevo, en India. Sí, somos algo monotemáticos, lo reconozco. Pero en este caso la razón del viaje era la boda de Akanksha, la que fue compañera de Iris en el primer estudio en el que trabajó cuando vivió en Ahmedabad. Nos invitó a nosotros y a otros dos chicos españoles que estuvieron en dicho estudio por aquella época, Kepa y Fernando, pamplonica y bilbaíno y muy salaos.

Aprovechando el viaje pero sin ánimo de complicarnos la existencia con una visita elaborada, decidimos pasar unos días en Goa, haciendo algo de turismo y mucho de playa, para además coger algo de color de cara a la boda. Luego volamos a Pune, Maharashtra, como señores, nada de coger trenes ahora que somos DINKs. Hay que gastar.

En Pune nos recibió la familia de Akanksha como huéspedes de honor: nos dieron alojamiento en un hotel de la familia (una habitación enorme para los cuatro), nos dieron de comer y cenar a diario, nos llevaron en coche a todas partes hasta extremos absurdos como cruzar la calle, y nos hicieron partícipes de todas las celebraciones, incluyendo las privadas que tienen lugar únicamente con los familiares de la novia y algunos pocos amigos cercanos.

Como la ceremonia de untarse en cúrcuma la cara...
...o la de la jena en las manos
Eso de la jena es muy curioso. Se trata de un pigmento vegetal con la consistencia de una pomada, que se aplica mediante una especie de manga pastelera. Luego se deja secar durante dos horas, tiempo en el que no puedes tocar el diseño sin estropearlo. A partir de ahí, otras veintipico horas en las que no has de tener cuidado, pero tampoco lavarlo, porque está impregnando la piel. Luego se cae o se retira como una costra y queda el diseño durante una semana larga. Es divertido. Al parecer es una cosa de chicas, pero nos hicimos uno cada uno.

El primer día de celebraciones consistió en estas ceremonias privadas, y nosotros también tuvimos que practicar nuestro baile de Bollywood para la boda en sí, ya que nuestro intento de colar la Macarena como baile regional no pasó los exigentes filtros de Akanksha, que nos mandó a su coreógrafo. Acabamos preparando una coreografía con la canción Señorita de la película Zindagi Na Milegi Dobara (que trata de tres indios de despedida de soltero en España), que aunque ni de lejos tan elaborado como el baile de la peli, causó sensación al día siguiente, el Sangeet.


El Sangeet ocurre antes de la boda propiamente dicha y es una fiesta de noche en la que (al menos en nuestro caso) los amigos de los novios, y algunos familiares, y los novios mismos. bailan, cantan o de otro modo actúan para solaz del resto de invitados. Y mientras tanto hay de comer, y luego pincharon un poco de dance indio e internacional y la chavalada se volvió medio loca bailando.

De acuerdo con la fascinación india con las fotos, nos sacamos cientos de las omnipresentes selfies aquella noche:
Rahul, Enzo, Rahul, Iris, Kepa y Fernando preparados para la acción
con Rahul y Akanksha

aquí con Pulak, el fotógrafo,  y Tysia
Total que una sudada considerable (no olvidemos que es clima tropical y que los kurtas son calurosos), al igual que la diversión. Además, le pedimos a Chinu (Shashank, el hermano de Akanksha) el favor de conseguir unas cervezas para tomarnos discretamente en la habitación (ya que en esta boda no hubo ni alcohol ni carne) y el muchacho se presentó con un cargamento de birras, una botella de vodka y cuatro botellitas de whisky. Debió pensar que como occidentales, seríamos bebedores consumados. Por supuesto le pedimos que él y sus amigos (incluyendo el coreógrafo) nos acompañaran, lo cual fue genial porque nos contaron sus aspiraciones y sus intereses, que incluyen la serie de Narcos... Chinu y su amigo Omkar se saben varias frases de la serie en castellano y las soltaban de cuando en cuando, para nuestro deleite.

El día siguiente era el de la ceremonia propiamente dicha, que tuvo lugar en un hotel de cinco estrellas a cierta distancia del nuestro, a lo largo de toda la mañana del día 15. Akanksha y Ojas estuvieron varias horas bajo un palio, haciendo las ofrendas de rigor mientras un par de brahmines recitaban los salmos. Alrededor de este palio, y curiosamente agolpados en la sala del hotel, se encontraban los asistentes, esforzándose por ver los detalles del rito. Mucha otra gente rondaba la terraza donde por la mañana nos pusieron algo de desayunar y a mediodía de comer...

sí, llevo cera en el bigote. Cortesía de Chinu
Los novios vestían el traje tradicional marathi, se regalaron unos anillos gordísimos y en un momento dado quemaron coco o algo similar que levantó una humareda preocupante y que yo no pude menos que ver como una oportunidad de negocio para los purificadores de aire de Dyson.



La boda se prolongó, como he dicho, varias horas, mucho más que una ceremonia cristiana. Sin embargo, esto no era todo, pues aún quedaba la Reception por la tarde-noche. Esta se trata de una celebración abierta al público, en un campo con un gran escenario en el que están los esposos y sus madres, por el cual pasan los invitados a presentar sus respetos y ofrecer los regalos (a Akanksha y Ojas les encantó la fuente de Sargadelos que les regalamos, traída desde el fin del mundo para ellos; nos escribieron unos pocos días después deshaciéndose en agradecimientos...), y sacarse una foto, claro. Además de eso, había un enorme bufé con platos 100 % veg pero también 100% non veg, para los amantes de la carne que sea pollo. 

Teniendo en cuenta que eran 800 invitados, a los que sumar los eventuales que se acercaran a última hora, estuvimos poco con Akanksha y Ojas en ese momento. Pasamos más tiempo con el resto de amigos y familiares, hasta que Akhilesh, el coreógrafo, nos llevó al hotel en su coche; al día siguiente partíamos temprano para Bombay.

La experiencia, en resumen, fue impresionante. Tanto la caleidoscopia propia de este país en sus vestidos, comida y decoración, como el impresionante y edificante trato que nos dieron los Mishra, que no nos dejaron pagar una comida, ni el hotel, ni el transporte; que se preocuparon hasta extremos insospechados de nuestro bienestar, que, en suma, nos dieron el trato de huéspedes de honor, nos dejaron a los cuatro sorprendidos y encantados. Además, pudimos ver muchos detalles desde dentro, que de otro modo nos hubiéramos perdido. Como lo de que te estampen cúrcuma en la cara.

PLAF

lunes, 17 de octubre de 2016

Whatever happened?

¡Hola! Sucede que llevo sin internet una buena temporada. Allá por el 26 de septiembre nos mudamos de casa: a mí me llevó dos horas, a Gareth dos días y a Ben una semana. Ahora vivimos en Seedwood Cottage, una casa preciosa, igual de venerable que la anterior y mucho más nueva en el interior. En esta, incluso tengo una habitación.

Además, en septiembre estuve lleno de eventos. El fin de semana del 9 estuve en Vigo para celebrar el sexagésimo cumpleaños de mi madre, el siguiente estuve en Birmingham con los covarrubios Diego (que vive allí) y Artista; el siguiente a este fui de viaje a Bélgica con los compañeros de la universidad. Y el fin de semana anterior al pasado vinieron Iris y su hermana a Mamsbri.

El cumpleaños de mi madre fue excepcional. Tuve que hacer una filigrana para llegar a Vigo, llegando a Madrid el viernes por la noche después de 7 horas de viaje (con numerosas esperas). Dormí en casa del inefable tío Cal por su cercanía al aeropuerto, aunque lo que se dice dormir dormí una hora, porque el resto de la noche la pasamos jugando a juegos viejos de la NES, bendito sea Cal. En Vigo estaban ya mi abuela Mimí y mis tías Lucía y Selica, que se quedaron hasta el lunes. El sábado aproveché para ver a los amigos y el domingo tuvimos el gran festín, con cientos de camarones, percebes, quesos asturianos y la de mi ma. Y la mi ma sopló las sesenta velas de un soplido y nos dejó a todos con la boca abierta. Mi madre es puro rock.

ojo a mi abuela grabando la jugada
ZAS
si no os digo que son sesenta...
El fin de semana en Birmingham estuvo muy bien. Lo pasamos jugando a juegos de mesa sin cesar, que es lo mejor que se puede hacer. También nos comimos una señora fabada el domingo, además de bebernos media botella de whisky escocés que tenía yo de una fiesta anterior. Además, paseamos un poco por Birmingham, que resultó tener bastante más encanto del que yo pensaba. Tanto Diego como mi padre (que estuvo hace 30 años, bien es cierto) me lo habían pintado horrible, ¡y no lo es tanto! Podría ser peor, podría ser Swindon. O Getafe.

os prometo que ni son novios ni nada

arriba: no Getafe

Me encantó ver a Diego y a Jaime y espero que puedan venir a Malmesbury a repetir, al igual que el resto de covarrubios. A Diego lo vi anteayer sábado en Bath con Zsofi y su madre (de él), aprovechando que estaban de visita; este año nos vamos a ver mucho, estoy seguro...

Lo de Bélgica fue un plan propuesto por Cristóbal allá por abril, que se encargó de organizar él solito. Se trató de viajar a las Ardenas, alojarnos en una casa rural, hacer turismo de la Segunda Guerra Mundial, beber cerveza belga y hasta hacer deporte. En mi caso, debido a que había comprado el billete antes de saber que estaría en Reino Unido, tuve que cogerme un par de días de vacaciones para viajar a Madrid y luego a Bruselas. No pasa nada, así Iris y yo fuimos a cenar el jueves.

El plan salió a pedir de boca. La casa era estupenda, la compañía excelente y de buen humor, el tiempo sorprendentemente bueno y la zona preciosa. El museo de la guerra de Bastogne resultó ser muy interesante y extenso, visitamos una abadía donde se hacía la cerveza Leffe (el museo era un poco reducido, pero las cervezas y el Chester donde nos sentamos eran tope de gama), nos montamos una cata de quesos y cervezas belgas y el domingo bajamos unos cuantos kilómetros en piragua. Incluso, algunas personas se mantuvieron cobardemente sobrias todo el rato. Es la mejor experiencia que he vivido con esta pandilla, y tengo muchas ganas de repetir el año que viene...


escondido entre los quesos protestantes hay un San Simón ahumado

Mira qué diazo 
El finde con las Astor fue genial también. Belén estuvo hasta el domingo e Iris hasta el martes, y yo me cogí dos días de vacaciones. Alquilamos un coche para poder movernos por la zona, y vaya si lo hicimos. Visitamos Bristol con el primo de ellas, Fon, que es Dysoneer también; estuvimos con Gareth y sus padres en Westonbirt Arboretum, un bosque protegido precioso; visitamos las construcciones neolíticas de Avebury y Stonehenge, que no sólo son interesantes en sí sino que están en sendas áreas naturales preciosas; seguimos el río Avon hasta Salisbury de maravillosa catedral y medievales casas y hasta la hermosa Bath; amén de pasear por el bonito Malmesbury. Para colmo, nos hizo un tiempo tan bueno como lo tuve en Bélgica, o mejor.

viendo Bristol desde lo alto con Fon

en Stonehenge de guiris 
y para que veáis que en este país hay sol. A veces.
Así que eso. Por lo demás, en el trabajo bien, ya asentado y en mitad de mi tercer y último mes de prueba. Echo de menos a Iris un montón, como era de esperar; mis compañeros de casa son geniales y gracias a ellos tengo muchos conocidos y planes de ocio; este jueves la gente de mi equipo vamos a escalar todos juntos y me estoy acostumbrando a cenar pronto. Un besote.

lunes, 12 de octubre de 2015

Moroccan madness

"¿Has estado alguna vez en Casablanca?" preguntó José Ángel (mi jefe) el miércoles de la semana pasada.

Resulta que en mi trabajo perseguimos asiduamente las licitaciones públicas relacionadas con aeropuertos y navegación aérea, entre otros temas aeronáuticos. Para los que no lo sepáis, una licitación es un proceso por el cual una administración pública pide que alguien, quien sea, le preste un servicio o le de un suministro. Los interesados en este trabajo deben aportar una oferta técnica (cómo lo van a hacer y con qué medios) y una oferta económica (cuánto va a costar), amén de una cascada de documentos burocráticos diversos. Tras esto, un comité designado por la administración evalúa la oferta más interesante en cuanto a calidad y a precio y adjudica la realización de trabajo al oferente.

El caso es que, por segunda vez en un mes, surgió una oportunidad en Marruecos, concretamente con la Office National des Aéroports (ONDA). Tuvimos que pedir corriendo la citada cascada de documentación, yo mismo me encargué de varios trámites burocráticos (pienso escribir una guía de legalización de documentos para quien le pueda servir), y me mandaron a mí, debido a mis conocimientos de francés, a Casablanca, el lunes, para retirar el aval del banco y entregar el pliego en el aeropuerto Mohamed V el martes a las 10, hora local, que es una hora menos.

El lunes a las 7:45 estaba en la oficina para ultimar los detalles, imprimir algún documento y marchar pitando al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas Coca Cola. Este día coincidió con el mayor atasco en Madrid de 2015, por lo cual el jefe se retrasó, el mensajero se retrasó, y el taxista que me llevó al aeropuerto se tuvo que meter en dirección contraria para llegar a tiempo. El tipo del mostrador de facturación me metió un par de sustos diciendo cosas como "No te puedo dar la tarjeta de embarque... de mañana", y llegué al avión sudando como un pollo del calor y de los nervios.

Por suerte, el vuelo (con Royal Air Maroc) fue muy agradable y el paso por el aeropuerto de Casablanca fue rápido e indoloro. Enseguida llegué al lujoso hotel en que me alojé durante una noche, me duché y cogí un taxi a la ciudad, Casab como dicen los lugareños. 

El taxi era un Mercedes blanco de los años 80 bastante reventado y el taxista, Said, era un fenómeno barbudo que se saltaba las reglas de circulación aunque no hiciese falta. Acabó siendo mi compañero de viaje la mayor parte del tiempo que estuve allí, puesto que actué como en India y le pedí que me esperara mientras realizaba todos los trámites. Hasta tengo su teléfono para la próxima vez que vaya a Casablanca.

Este día, además de confundirme dos veces de sucursal, me fue imposible retirar el aval en el banco, para desesperación mía y de mi jefe (con el cual hablaba por teléfono cada poco) y a pesar de los ruegos e insistencia con los que molesté a Madame Abidine, a truly remarkable woman. Se conoce que el señor Director General tenía que firmar la autorización para emitir el aval y aún no le había dado tiempo, pobriño. Así que le dije a Said que me acercase a la mezquita de Hassan II, una atracción turística de la ciudad. Este fue todo el turismo que hice, aunque mereció la pena el corto paseo al lado del Atlántico.



De vuelta al hotel, donde trabajé un poco más para tener todo cerrado para el día siguiente y donde cené algo decepcionantemente poco tradicional. Por cierto que la gastronomía marroquí no se dignó a hacer acto de presencia en toda mi estancia, salvo unas lentejas en el desayuno del martes. 

Porque el martes desayuné, dejé los bártulos en recepción y esperé a mi austero conductor, con quien me había citado a las 7:30 hora local. A pesar del atasco de la entrada de Casablanca, llegué al banco antes que la mencionada señora Abidine, la cual, a su llegada, me condujo a la planta en la que me tendrían que dar el aval, si me lo daban.

A las 9, después de una espera bastante tensa, una empleada me dio el dichoso documento y bajé volando al taxi, a tiempo de meternos en otro atascazo. Mientras metía la documentación en el sobre correspondiente y cerraba la caja en la que iban los tres sobres de la oferta, le dije a Said "Tenemos que estar en el aeropuerto a las 10 menos cuarto", y el respondió "pas de problème". En ese momento yo pensé que iba a fracasar y no podría llegar a tiempo. Poca fe demostraba en las habilidades de Said, que poniendo el coche a 140 y adelantando por todos los huecos disponibles recuperó el tiempo perdido en el atasco y me dejó en el aeropuerto a las 9:43. "Appelle-moi la prochaine fois que tu es à Casab" [Llámame la próxima vez que vengas a Casablanca], me dijo; yo le dije merci beaucoup salam alikum.

A la hora señalada me encontraba en la dirección de la ONDA esperando la sesión de apertura, nervioso como el que más por si cometía alguna incorrección. Quitando que casi entrego mi pliego para la licitación 183 en lugar de la 180, todo salió bien. Así que me dirigí al hotel en la lanzadera que ponen a tal efecto, resolví el asunto del checkout (no exento de ciertos inconvenientes que me tuvieron que resolver desde Madrid) y me volví al aeropuerto para comer y realizar un último trámite en ONDA.

A las 15:55, después de la cola más ineficiente de control de pasaportes de la historia (único momento en que verdaderamente me tocaron las narices en el viaje) y de que cambiasen la puerta de embarque destrangis, estaba subiendo al 737-800 en el que volaría a Madrid, agotado pero satisfecho por el deber cumplido.

Una pena no haber visto más de Casablanca, que me recordó más a Portugal que a India, y cuyo tráfico, en el fondo, tampoco es tan malo. Habrá que volver.

domingo, 29 de marzo de 2015

Bebidas indias (2)

Hablando con Iris recordamos que sí tenemos fotos tomando chai. Concretamente, en Benarés, el barquero al que contratamos mediante el hotel nos invitó a esta bebida. El barquero se llamaba Dablu, y era bajito y ancho de hombros. Aparentaba treinta y pocos, aunque probablemente tuviera veintialgo, sonreía mucho y mascaba paan. Vivía en una casita de cañas al lado del río, sobre unos ghats (las escalinatas famosas).

Uno de los días que tenía que llevarnos se durmió y no apareció hasta que nosotros ya nos habíamos ido a pasear por la ciudad. Cuando nos vio, más tarde, se deshizo en disculpas y nos prometió que al día siguiente no faltaría. Así fue, puesto que llegó media hora antes de lo convenido, que eran las seis de la mañana (para ver amanecer en pleno Ganges). Y por congraciarse con nosotros fue por lo que nos invitó:



domingo, 8 de marzo de 2015

Bebidas indias

La bebida más emblemática de la India es el té, como ya sabréis. Concretamente, el que más se ve es el Masala Chai, té negro con una mezcla de especias picantes, que se toma con leche y azúcar. Los indios están todo el día bebiéndolo en vasitos pequeños de plástico o cerámica. Numerosos puestos ambulantes lo venden en la calle; en las tiendas te lo ofrecen mientras te enseñan el género; en el tren, en cada parada entran vendedores chillando "garam, garam chaiiiii, garam, garam chaiii!".

Curiosamente, no tenemos ninguna foto de chai de nuestro viaje de otoño, pero sí de otras bebidas:

me bebo un coco 
Tienen en India un Kas de limón que se llama Limca y sabe regular. A Iris le gusta, a mí me parece un poco esaboría.

merendando en una azotea en Udaipur...
También existen varias cervezas, como la Kingfisher, que es bastante famosa y bastante decente. La Cobra, en cambio, es una mierda. El resto del alcohol brilla por su ausencia: los cubatas estaban restringidos a Goa y sus bares playeros, el vino ni lo vimos.

... y cenando en una azotea en Udaipur


Pero lo mejor de lo mejor eran los zumos de Goa, hechos con fruta tropical fresquísima:

si sólo hay que ver lo feliz que está

Aunque no os engañaré: lo que más bebimos fue agua. Nos bajábamos un par de botellas al día simplemente caminando por la calle, más lo que bebiésemos en las comidas...

pani, pani!