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viernes, 25 de febrero de 2022

Dolores se llamaba Mimí

Dicen que, a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. 

- A los que aman (Isabel Coixet, 1998)

Ayer tomé el móvil al despertarme, con Eneas dormido al lado. Lo primero que vi fue un mensaje de mi madre de las tres de la mañana a toda la familia Hurlé: "a la una de la mañana se murió Mimí. Fue costoso pero rápido". Mi abuela sucumbió a la infección que la tuvo en la cama el último mes de su vida. Estuvo lúcida hasta el final, arropada por sus hijas e hijos, en su casa, en la habitación con las fotos de sus nietos, su bisnieto y su marido, los libros apretados en las estanterías y las gastadas camas de madera maciza. Los detalles aparentemente sin importancia es con lo que me quedo en situaciones dolosas...

María Dolores Mimí Eusebia Hurlé Álvarez de la Rivera, nacida en Avilés y la menor de seis pintorescos nombres de ópera, deja un hueco en nuestros corazones tan grande como su imponente estatura, disminuida por los años. Dentro de sus posibles, hizo lo que quiso con su vida, al menos la parte de la que yo fui testigo. Se dejó las canas hace treinta años, fumó tabaco negro hasta los ochenta y cinco, y cuando lo tuvo que dejar de verdad (no como las veces que lo iba a dejar pero en realidad no quería), lo dejó de golpe. No se tomó ni una pastilla hasta casi el final de su larga vida, y cuando ya estaba desahuciada médicamente aguantó con dignidad los dolores, manteniendo su genio ("eres muy necio", le dijo a su hijo hace dos semanas en mi presencia; "yo sabré lo que me conviene", apostilló) cuando, aun sin nadie decírselo, ya estaba claro que pintaban bastos.

Mi abuela tenía un carácter espontáneo, directo, rayando lo brusco. No era muy dada a los besos ni a los abrazos, salvo a mí y a mi hermana (y más recientemente, a mi hijo). Su cariño se expresaba de manera más prosaica, principalmente con cantidades copiosas de comida ("hice setenta y dos croquetas, tocamos a seis cada uno. Bueno, yo ocho, porque me comí dos mientras las hacía") y con elaborados jerséis, mantas, faldas y un sinnúmero de confecciones textiles que olían a humo de Ducados hasta el segundo lavado.

Ni por sabido, ni por previsible, duele menos; nadie quiere que llegue el día de decir adiós. Yo solo sé que la voy a recordar todos los días.

Adiós, abuela.

 



martes, 24 de marzo de 2020

A ambos lados de Tutatis

Se murió uno de los últimos baluartes del cómic francófono. Albert Uderzo se ha ido a los 92 años con Charlier y Giraud (Teniente Blueberry), Morris (Lucky Luke), Peyo (los Pitufos), Franquin (Spirou y Fantasio), Hergé (Tintin) y su inolvidable compañero René Goscinny. Astérix y Obélix están huérfanos de lápices y voz.

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Salut, Albert! Bienvenue au ciel! (Getty images)
El cómic francobelga en general, y Astérix en particular, han sido una constante en mi vida desde que aprendí a leer. Mi padre tiene todos los álbumes de Astérix, y mi tío Rafael prácticamente todos los de Tintín; desde bien pequeño yo sacaba los Lucky Lukes de la biblioteca de Soto de Luíña o la del Fontán de Oviedo, acompañado de mi abuelo o de mis tíos; ya algo mayor y por mi cuenta me aficioné al crudo realismo de Giraud y Charlier en Blueberry. Junto al romántico Príncipe Valiente de Hal Foster, la mayoría de estos títulos tenían en común, y en contraposición al cómic americano, la autoría continuada por parte del mismo equipo creativo (especialmente en el caso de Astérix y Tintín, hasta hace bien poco). Esto implica una acusada personalidad de las creaciones, intrínsecamente ligadas a la de los artistas. En los casos en los que el o los autores originales pasaban la batuta, lo hacían, normalmente, a una nueva generación debidamente adiestrada e instruida en el respeto al material original, cosa que en los tebeos de Marvel brilla por su ausencia.

Astérix y Obélix me han acompañado en todo momento, siendo el cauce habitual de complicidad con mi padre. A lo largo de numerosos viajes por Europa, caminábamos sobre las huellas de nuestros héroes, recitando diálogos de sus aventuras, intentando encontrar las tonterías de Camaracum y el bosque de los Carnutes. El genial dúo narrativo de Goscinny y Uderzo consiguió producir una obra que se mantiene fresca cuantas veces la leas, desde la más tierna edad hasta la más madura. Cada lectura permite encontrar un matiz, un juego de palabras, un guiño, un detalle pictórico nuevo. A medida que crezco, descubro mensajes nuevos en estos tebeos, sin que esos mensajes hicieran que, a los seis años, me apasionasen menos.

Hoy brindaré a la salud del cómic francés, de Astérix, Obélix y sus maravillosos creadores. Por Tutatis, Belenos y Belisana.

Repose en paix, Albert, René; on ne vous oubliera jamais. Merci pour tant de bons moments.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Es mi deseo y mi voluntad

que si alguien ha de regalarme algo por lo que sea, que se trate de los primeros tomos de la obra  de Yoichi Takahashi Capitán Tsubasa, comúnmente conocido en España como Óliver y Benji. Lo hay en la FNAC.








"Cuando me convertí en un hombre, dejé de lado las cosas infantiles, incluyendo el miedo a parecer infantil y el deseo de ser muy adulto."

--C. S. Lewis