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sábado, 19 de mayo de 2012

Cielo Fantasma

Hace un par de años tomé estas fotos en Oviñana, donde veraneo desde siempre. Era agosto, hacia las 9 de la noche. El sol está bajando y los colores que  podéis ver son reales, al margen de la variación natural que tienen las cosas cuando las fotografías. Que no usé ningún programa de tratado de imágenes, vaya. Disfrutad:





miércoles, 16 de mayo de 2012

Iris y Enzo en la Ciudad de las Mil Cuestas

En Semana Santa, Iris y yo pasamos tres noches en Lisboa, en casa de mi madre. No escribí una entrada al respecto porque ¡aún no tenía en mi poder las fotos! Por suerte, ya las tengo, así que ahí vamos.


Salimos de Madrid el primer sábado de vacaciones, en un autobús que se retrasó una hora (para salir, que llegar llegamos bien) con un conductor muy majo y una pasajera conflictiva y gilipollas. Por suerte, sus gilipolleces no fueron a mayores y a la hora prometida estábamos en la estación de Oriente de Lisboa.


que si bien es de Calatrava, no es horrible
Aunque la capital de Portugal sólo tiene medio millón de habitantes, es enorme en extensión, y de la susodicha estación a la casa de mi madre en Bairro Alto hay como unos 11 km. Así que cogimos un metro, y luego un taxi conducido por un señor al que debían sobrarle diez años para la jubilación, que se perdió unas cuantas veces y que apenas podía sacar las maletas del maletero sin ayuda... Pero bueno, nos dejó en la puerta de casa.


el office de la mio ma, de revista
Allí nos esperaba una agradable sorpresa, por un lado porque la vivienda es preciosa (con vistas a la Assembleia da República, muy luminosa, muy diáfana, y sin tele), por otro porque Javi Cerviño (que había estado con su familia porque su hermano acaba de conseguir trabajo en Estoril) nos había dejado una caja de bombones y una nota de bienvenida y recomendaciones. Después de situarnos , nos dimos un garbeo por la zona, brujuleando por las callejuelas empinadísimas del Bairro Alto, pasando por la plaza Luis de Camões y hasta la cervecería esa que antes era una abadía, a Trindade. Como había una cola del quince sólo nos tomamos una birra en el preámbulo y para fuera, pero no me dio tanta pena perderme la experiencia porque tenía pinta de ser un clavo. En cambio, fuimos a cenar a uno de esos sitios enormemente cutres y deliciosos de Portugal, de los de azulejo, mesas de pupitre, poco sitio entre comensales, sopas de verduras y platos a rebosar. Increíble. Creo recordar que se llamaba Casa da India, por si alguien quiere apuntárselo. Rúa do Loreto. Claro que sitios como este son lo que abunda en Lisboa. Hay que dejarse los prejuicios en casa y simplemente guiarse por la afluencia local.


yo en cambio también


Al día siguiente, domingo, tocaba visitar Belém. Como queda un tanto lejos, decidimos desayunar fuerte y no comer, aprovechando que nos habían recomendado, tanto mi madre como Javi, el Pão de Canela, una cafetería famosa por su bufé libre de desayuno. Bua. Nos pusimos como curas entre miles de bollos, el exquisito café portugués, fruta, mermeladas, zumos... ¡los portugueses son de buen diente!






Total que nos fuimos a coger el tranvía (carísimo) que nos llevase a Belém bien entrado el mediodía. Nos bajamos donde el Monasterio de los Jerónimos, por supuesto, cabe donde tenía lugar un mercadillo muy portugués, con bagatelas y chirindrangas. Nos dedicamos a pasear por el mismo y vagar disfrutando del efímero buen tiempo, parando finalmente para dibujar el monasterio en nuestras libretas Moleskine. Así nos las gastamos.


yeah
En fin, lo visitamos por dentro y por fuera, nos cayó una granizada tan absurda como corta y luego nos dirigimos al Centro Cultural, que básicamente es un museo de arte contemporáneo. Cosa que yo no digiero muy bien que se diga. También nos dio tiempo a acercarnos hasta la Torre, aunque no entramos porque ya habíamos estado ambos y sabemos que no tiene ningún interés por dentro. Porque está vacía. Por último, para finalizar el pack del buen guiri, nos tomamos uno de los famosos pasteles de Belém, aunque no en el sitio al que va todo el mundo sino a otro que nos recomendó mi madre. Los pasteles están ricos, pero teniendo en cuenta el nivelón que presentan los lusos en la repostería, no son para tanto.

Después de esto nos volvimos andando all the way back to home, lo que fue un paseo considerable. Ya no quise hacer más que cenar, ver una peli (la de Criadas y Señoras, muy buena, oigan) y sobar, e Iris fue comprensiva conmigo.




lo cual teniendo en cuenta lo que nos esperaba al día siguiente no es tan raro

El lunes seguimos la siguiente ruta: Mirador de São Pedro de Alcântara‎, Praça do Rossío, Alfama, Castelo de S. Jorge (donde no entramos porque costaba más que cenar), Catedral (al lado de la cual comimos, entre otras cosas, el famoso bacalao lisboeta), Praça do Comércio, las largas calles de la Baixa, el elevador de Santa Justa (aunque subimos andando porque había una cola infinita), las enrevesadas calles de Bairro Alto otra vez, y a casa. En la Baixa nos tomamos un cafelito en un local muy interesante, de estos que conjugan cafetería extravagante con tienda de ropa barateira, llamado A Outra Face da Lúa. Muy recomendable, con buen servicio y, por supuesto, una tarta de manzana estupenda. En Rossío nos encontramos con unas turistas viguesas (desconocidas), bajando del Castelo pegamos la hebra con un chico de Guinea-Bissau que tocaba el xilófono de manera alegre y ambulante, y en lo alto de Santa Justa nos hicimos sacar una semella:

luego me dicen que Madrid es todo cuestas. Toma castaña
Al día siguiente ya tocaba tirar para Vigo y pasar el resto de la Semana Santa en casa, amén de celebrar algún que otro cumpleaños, pero antes de eso nos fuimos al jardín botánico, que parece una selva de lo frondoso y salvaje que está. Lo que queríamos ver específicamente, de nuevo recomendados por Cerviño, era el Borboletario (mariposario en español). Por ser la época del año que era, no estaban muy activas, pero pudimos observar unas cuantas orugas gordechas y una mariposa cuya especie he olvidado pero que se camufla como una hoja, además de algunas Papilio machaon revoloteando. Fue una experiencia curiosa, sobre todo porque no nos esperábamos que las mariposas estuvieran vivas.

o que los árboles fueran tan riquiños!


Un viaje que le recomiendo a todo el mundo, cuando tenga un puente libre pero no haya billetes interesantes de Ryanair.

martes, 8 de mayo de 2012

RESEÑA: Los Vengadores (Hulk es el más fuerte)

Acabo de ver Los Vengadores con Diego, en Príncipe Pío por 7 euros y pico. Y ha valido cada céntimo.

Quizá porque no me había hecho ninguna ilusión al respecto, después de la bazofia que la casa Marvel es capaz de lanzar a la gran pantalla (cof cof, DareDevil, cof, Los 4 F y Estela Plateada). En realidad, me acordé de que esta película existía hace cosa de un mes, no había visto ni un trailer y no me había preocupado nada al respecto. Luego salió, y todos mis amigos la pusieron muy bien.

el martillo de Thor no lo levanta ni el Supes
La peli no es demasiado pretenciosa y conoce sus límites y su público. Evidentemente se nos plantea una trama de las de salvar al mundo, cosa que a algunos puede cansar; pero si alguna vez unos personajes se merecieron esa tarea, son los Vengadores. Para luchar con delincuentes tienes a la policía, para atrapar asesinos en serie a Harry el Sucio, para detener a un conspirador de nivel mundial a James Bond y para pararle los pies a Loki y un ciento de extraterrestres a ellos. Esto es así. Por otro lado, se respeta mucho a los fans de los tebeos (desde mi punto de vista, que soy uno de ellos), con detalles como palabrotas, María Hill, el helitransporte de S.H.I.E.L.D., la flecha-trampa de Ojo de Halcón, la inmovilidad de Mjölnir, la "A" del final...
Hulk es el más fuerte que hay, y la escena post créditos es muy prometedora (SPOILER). Ah, además se agradece que dejen fuera a Lobezno, que siendo un tipo crema cansa un poco que lo metan con calzador.

Entre las cosas malas, demasiados culos gratuitos de Johansson, la cual de por sí es un tanto gratuita; ninguna víctima mortal aparente en la batalla final (los malos casi parecen soldados imperiales de la Guerra de las Galaxias); Jarvis sigue siendo un ordenador y Gwyneth Paltrow sólo sale dos o tres minutos (esa chica debe bañarse en sangre de doncella o algo). Además, como le comentaba a Diego hace un rato, Hollywood tiene un problema con los arcos. Se piensan que son escopetas o algo. Y no.

Jarvis viene siendo el mayordomo de los Vengadores. Tienen mayordomo. Eran los 60.
Lo mejor de la peli probablemente sea Robert Downey Jr.. Este tipo se va a hacer de oro haciendo papeles de sí mismo lo que le queda de carrera: un macarrilla irreverente y borracho que resulta que está forrado y tiene éxito. Incluso en castellano resulta simpático (y eso que cada vez soporto menos los doblajes), y sus gestos y caras no tienen desperdicio. Probablemente sea más cretino que en los cómics, pero es un cambio bastante bien recibido por mi parte. La antiheroicidad le sienta bien a alguien que en el fondo es un niño pijo. Los héroes de verdad son pobres (por eso Spiderman>>Superman).

También Chris Evans es un gran Capi América (si los yankis no fueran tan pesados con su patria y su bandera, el Capitán sería un personaje mucho más valorado. Es un tío guay, aunque claro, si un personaje simboliza tu país, lo normal es que intentes que sea un tío guay),y  mientras que Jeremy Renner no me gusta demasiado como Ojo de Halcón, también Loki y Banner están bastante logrados. Y Samuel L. Jackson es a Nick Furia lo que Michael Caine a Alfred el de Batman: una gloria.

Vaya, que en general ha sido muuuuy satisfactoria y un hartón de reír y de aplaudir, emocionados, las escenazas que sin ser melodramáticas saben llenar. ¿La clave? Que en el fondo es ligera y desenfadada. Y que no sale Tobey Maguire.

Y por cierto que Hulk es el más fuerte.

"Whedon acaba de confirmar que el blockbuster puede tener calidad y su nostálgico corazoncito" (Carmen L. Lobo: Diario La Razón)

sábado, 21 de abril de 2012

Dos cosas buenas

Ayer tuve dos vivencias (un poco) especiales:

porrom pom pom
Este micromachín se paseó por mi calle y pedaleé furiosamente tras él para tomar la foto. El conductor pudiera o no ser Woody Allen, y la maleta de detrás pudiera o no estar llena de billetes falsos.


porrom pom pero
Para cenar, Iris y yo cocinamos una crema de zanahoria. Además llevaba puerro y cuscús, y estaba aderezada con perejil, comino, un chorrito de limón, sal y pimienta. ¡Estaba riquísima!

lunes, 16 de abril de 2012

India (4, Ahmedabad)

El día siguiente comenzó con un desayuno caro (si no recuerdo mal, unos 6 euros) en un lujoso hotel de Ahmedabad. Constanza pidió un donut nosequé, con la esperanza (vana) de que se tratase de algo dulce y remotamente occidental. Era una rosquilla frita. Con JALAPEÑOS. Para desayunar. 

En el otro extremo, mi mousse de azafrán era tan sumamente dulce que dejé la mitad porque empezaba a ver doble. Era lo más empalagoso que he probado jamás. De todos modos, el resto del desayuno fue muy rico, tratándose sobre todo de fruta, zumos y yogures líquidos llamados lassi.

A continuación visitamos el mercado de la ciudad, que ocupa un barrio entero. En uno de sus extremos se encuentra un templo dedicado a la diosa Kali. Aunque, de manera similar a las capillas en las iglesias cristianas, en nichos secundarios hay múltiples imágenes de otros dioses. Un señor diminuto iba de dios en dios, tocando las estatuas con ambas manos y luego llevándoselas al pecho, y luego a la cabeza, mientras musitaba un rezo. En el altar principal, unos hombres repartían pedazos de sandía para realizar ofrendas (me ofrecieron a mí, pero me ofusqué y no supe reaccionar. Me dio un tanto de vergüenza). Fuera, numerosos tenderetes vendían animales para los sacrificios, como cabras o gallinas. ¡La vorágine! Cientos de personas, el sol, los olores y los colores... Llevando veintipico horas en la India ya tenía recuerdos como de una semana.

Ascendimos al edificio del templo, que se trata de un antiguo fuerte, y desde allí tomamos unas cuantas fotos, tanto de nosotros al sol (debían ser las 11 o así, y hacía unos 30 grados ya) como de la gente de abajo:

en esta foto hay inusualmente poco tráfico

Después bajamos otra vez y nos perdimos en el interior del mercado, que como he dicho se extiende por las callejuelas como un río. La multitud se agolpa en estos callejones y es muy difícil caminar. Esto, unido a los toldos que cuelgan entre los edificios para evitar insolaciones (pero que tampoco permiten la ventilación), convierte esta zona en una suerte de selva de colores, sofocante y abarrotada. Acaba uno sudando la gota gorda. Por cierto que los indios ¡apenas sudan! Los conductores de rickshaw y otra gente que trabaja en la calle, lejos de los omnipresentes ventiladores, no portan sobaqueras u otras manchas de sudor en sus impolutas camisas claras.

Como ya habré comentado, mi hermana se agobia en lugares tan estrechos, así que no nos demoramos demasiado en el lugar. Lo cual significa que lo cruzamos de la manera más rápida posible y debimos tardar cuarenta y cinco minutos o algo por el estilo, tal era la aglomeración.

Salimos a una zona más abierta, cerca de la cual se encuentra una mezquita muy bonita y bastante antigua. Por supuesto, hay que descalzarse antes de entrar, y tuve suerte de que nadie se quejara de mis pantalones cortos (como se verá en una futura entrada, no siempre fueron tan permisivos). Al acceder, sí que nos exigieron lavarnos los pies y la cara en una alberca techada en el medio de un patio abrasador, por el cual se extendía una megaesterilla para no quemarte los pies. El agua estaba estancada, y como los musulmanes han de acudir unas cuantas veces al día al servicio religioso, podemos aventurar que nos lavamos la cara con la misma agua en que cuatrocientos indios de clase baja se habían lavado los pies.

el 80% de las personas de esta foto tuvieron diarrea esa semana


Lo que no te lava, te hace más fuerte.

Y ahora que hablo de aguas, es de interés comentar los puestos ambulantes de agua fresca. Son carritos con mil botellas con el líquido elemento, en ocasiones con gotitas de limón. Tú pagas una cantidad (normalmente muy baja), te bebes el contenido de la botella y devuelves la botella al carrito para que el encargado la rellene.

y luego intentas con todas tus fuerzas no contraer cólera
A eso sí que no nos atrevimos; ni siquiera Iris llegó a usar ese servicio, y eso que bebimos cierta cantidad de agua del grifo (depurador automático mediante).


Eh bien, seguiré contando otro día que tengo clase. ¡Salud!

jueves, 12 de abril de 2012

India (3)

Hace ya tiempo que dejé a medias mi relato de la India. Hoy trataré de hacer memoria y contaros un poco más de nuestras andanzas.

Decíamos ayer que habíamos comido en una casa de comidas en lo alto de un edificio, con su particular sentido de la higiene. Después de aquello visitamos el Sabarmati Ashram, la residencia de Mahatma Ghandi durante 12 años, y también el punto de partida de su "Marcha de la Sal".

Para hacerse una idea, Ghandi usó esta residencia como lugar de meditación a la par que escuela de oficios en el período anterior a la rebelión (pacífica) contra el Imperio Británico. Con sus enseñanzas buscaba la iluminación y   el valor, tanto para sí como para sus compatriotas, lo que a su vez llevaría a una autosuficiencia de la India que permitiría librarse del yugo imperial.

Hoy día, el Ashram es un museo con relativamente poco interés, en el que se puede observar una exposición sobre la vida de Ghandi, comprar libros y visitar sus habitaciones, en las que quedan algunos útiles y una rueca en la que este hombre se tejía su propia ropa. Además de un par de edificios, el recinto tiene un jardinzuelo que da al río, jardinzuelo que contiene una estatua del pensador.


donde los guiris se hacen fotos, claro

Lo verdaderamente interesante estaba en una dependencia aneja: una ONG trabajaba con niños de los slums, los barrios de chabolas (por cierto, allí es donde tiene lugar el proyecto de fin de carrera de Iris). Cuando nosotros pasábamos por allí, ellos estaban terminando una clase o algo así; a continuación algunos se iban juntos al servicio religioso y otros se volvían a casa (serían musulmanes, me imagino; en Ahmedabad hay un montón y creo que los demás eran hindúes [ojo, no confundáis hindú con indio; una cosa es la religión y otra la nacionalidad. Si quedan dudas con los indios americanos sugiero llamar a estos "amerindios"]). El caso es que en ese momento había un ciento de infantes de seis a doce años, y al vernos ¡se volvieron locos! Nos rodearon, nos preguntaban ¿güich countri?, nos daban la mano, reían, gritaban, nos decían su nombre, admiraban el pendiente en forma de llave que llevaba Constanza, y cuando empezamos a sacar fotos no sabían que hacer para salir en el máximo número de ellas.


Como me he criado en Vigo, ciudad navajera y drogata, en cuanto los chavales se agolparon en torno a nosotros una vieja fibra me puso en guardia, me subió un poco de adrenalina: estar rodeado me agobió un poco, vaya. Pero la alegría infinita e infinitamente pura de estos niñitos, que no poseen nada y que por el esfuerzo de unos voluntarios tienen la oportunidad de salir del pozo social en el que han nacido, derritió todas las barreras que yo levantase. Estos niños no querían dinero, no esperaban nada de nosotros. El mero hecho de vernos y tocarnos era para ellos mágico. Os prometo que es más sobrecogedor eso que cualquier monumento que haya visto en mi vida. Y tengo cable.

Ahh... En fin, ese día acababa, y llegaba el momento de preparar la cena española para los compañeros de piso de Iris.

Aquí he de hacer un paréntesis. A la sazón, Iris vivía con las siguientes personas: Arno, alemán de Alemania, Raphael, Oliver, Ramon y Michelle, suizos de Zúrich, Kaylyn y Thomas, yankis de América; Liam, inglés de Inglaterra, Raj, indio con pasaporte australiano, y Søren, chipriota-suizo-neerlandés de Sudáfrica. Sin embargo, antes y después de nuestra visita, tuvo otros compañeros adicionales, hasta un máximo de 13. Vivían en un chalet con cuatro habitaciones, a razón de cuatro camas por habitación. Una cocina, dos baños, un gran salón, terracilla y azotea. Muy apañado.

Todos estos muchachos eran muy majos en general. Arno, Raj y Kaylyn eran los más enrollaos y Oliver parecía un noble del siglo XIX al que se le hubiera ido la pinza y viviera totalmente inmerso en la cultura local, a lo Lawrence de Arabia. Sólo se vestía con dhoti y aparentaba estar todo el rato adormecido. Muy loco.

A estos paisanos les servimos pá amb tomata, gazpacho, morcilla de burgos, queso manchego, jamón ibérico y licor café. Fue muy gracioso porque, sajones ellos, querían cenar a las ocho, pero claro, latinos nosotros, estaba listo para las diez. Devoraron los productos de la tierra como lobos. Y les encantó. Como pa no.

Lo último reseñable es que descubrí el dueto mejicano Rodrigo y Gabriela, que se conoce que es muy popular en  EE. UU. y Canadá, y me encantó.

¡Otro día más y mejor!

domingo, 8 de abril de 2012

19 horas de cumpleaños

El viernes, Javier Cerviño cumplió 25 años (Lezana también, conste, e Iris al día siguiente). Para celebrar tamaño evento nos juntamos la guardia pretoriana y los alegres asociados en casa de Pablito y Bea, que se mudaron a la misma hace nada. El plan era churrascada por la tarde y luego marcharnos a Beluso (parroquia de Bueu), a la casa que el bueno de Cerviño (padre) ha convertido en un artículo de revista de viajes, para comer más y pasar la noche.

esta es la de Pablo y Bea
La casa de Pablo y Bea está cerca de Chaín (o de Gondomar. Sitios vigueses campestres) y es enorme para dos personas, con un hermoso jardincete (en Galicia esto se llama finca), dos pisos, cochera, cobertizo y barbacoa. Tienen incluso una huerta en proyecto, que me da que cuando la vuelva a ver estará produciendo ya. Vamos, está que te cagas. Es una casa fría, como todas las casas del Atlántico, pero no nos arredramos ante tales cosas. Para eso íbamos a hacer fuego. 

"Échale más de esto. Verás qué bien."
A eso de la una ya estábamos quemando leña, opinando sobre cuánta brasa nos iba a hacer falta para ocho quilos de churrasco y bebiendo la mejor cerveza de España. Y disparando con escopetas de bolas, poniendo música del Xabarín club y jugando con un boomerang... que acabé mandando al tejado segundos despés de que Pablo dijera: "el que lo guinse va a por él". No fui a por él. Me habría pillado la lluvia, por cierto.

Y es que como a las tres empezó a llover y recibimos la noticia de que los Montys (que celebraban el cumpleaños de Fudo... da igual, no os quedéis con los nombres), que a la sazón estaban en Cabo Home, se estaban mojando y por favor, si podían venir a compartir la casa. Compartir es vivir así que se vinieron. Aún tardaron un rato en llegar, con lo que pudieron disfrutar de nosotros comiéndonos nuestro churrasco mientras el suyo se estaba haciendo.

Burla burlando la sobremesa fue pasando, llegó Diego de un viaje y se nos unió, y en seguida fue hora de ir tirando para Beluso, parroquia de Bueu. Que ya iba cayendo la tarde y nos apalancábamos en el salón. Total que para Beluso tiramos, previa parada técnica en Vigo. Antes se tardaba una hora y media en llegar; ahora, con la vía rápida (AKA la carretera de la muerte) se hace mucho más corto, en todo caso llegamos ya de noche y rápidamente preparamos la cena.

"Exquisito!"
Cerviño, cocinero por tradición familiar, nos cebó a base de bien: empanada, tortilla, ensalada, una tabla de jamón de Teruel, otra de ibéricos y otra de quesos, escalopines al Cabrales ,arroz al romero por si alguien se quedaba con hambre... Todo regado con cerveza y un par de botellas de sidra. A eso hay que añadir las tartas que Li dispuso con las velas, las cuales sumaban un número que podría o no haber sido el correcto. En todo caso el homenajeado las sopló y le cantamos Cumpleaños Feliz.

Y hablando de cantar, Javi se llevó la flauta travesera, Li la guitarra eléctrica y Lucas la trompeta y amenizaron la velada a ratos. A otros ratos jugamos al Trivial, al Scattergories o al Guitar Hero, charlamos sin más y bebimos gintonics (o licor café o cubalibres, según). Hasta hubo un amago de partida de rol, que quedó en unas cuantas hojas de personaje.


Nos acostamos a las siete de la mañana, hora arriba o abajo, en pura tradición de Beluso (parroquia de Bueu). Estuvo genial.