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sábado, 14 de julio de 2012

Seis de la mañana


Ayer estuve en casa de Pedrito (tiene 25 tacos y es más alto que yo, pero los motes son eternos) toda la noche. Llegué a eso de las ocho y media para pintar miniaturas, y así estuvimos un rato en su cocina, con las pinturas, el plástico y el maldito cianoacrilato (pegamento para plásticos y dedos). Pero como al rato llegó otro amigo, Lucas, decidimos hacer algo más interactivo e improvisar una partida de rol.
bienvenidos a mi adolescencia

El sistema elegido fue El Señor de los Anillos, segunda edición. El Máster fue Pedro Luis, y mientras Lucas interpretó a un mago elfo gris con 100 (sobre 100) de Inteligencia llamado Elrond (pero no ese Elrond. Otro), yo llevé un guerrero hombre del Este. Hombre del Este es como decir kazajo, huno o mongol, y es una raza que nunca ha aparecido en los trabajos de Tolkien más que de pasada. ¿Sabéis los del olifante de la peli? Pues esos no. Esos son los Haradrim. El mío se llamaba Ulia Khan y era un bastardo sin escrúpulos, con 27 de Inteligencia y 38 de Intuición. Lo único llamativo era un 96 de Constitución. Para ayudar un poquillo, Pedrito llevaba también un personaje guerrero enano con características altísimas, porque es un cagaflores.

El sistema está basado en Rolemaster, un juego de rol de los 80 que pretendía mejorar Dungeons and Dragons mediante el detallismo absurdo y la contabilidad agotadora. Por la enorme cantidad de opciones y reglas, resultó muy apetecible para mi quinceañero yo, pero ahora me parece demasiado complejo y lleno de tablas, subtablas, referencias y algoritmos. Sin embargo, este primo pequeño es bastante más manejable, con otras dos cosas a su favor: primero, la inmejorable ambientación, de todos conocida, que supone la Tierra Media. En lugar de que un diseñador de juegos se invente un mundo cutre, puedes jugar en el que supuso el nacimiento de un subgénero literario (la alta fantasía) además del trabajo de una vida del genial profesor de literatura John Tolkien*. El otro gran acierto de este libro de rol es el aspecto estético, que es preciosista sin ser barroco y cuidado hasta el menor detalle. Es una gozada leerlo sin ánimo de jugar siquiera.

La aventura duró un par de horas y fue bastante ligera, dando pie sobre todo a que les aburriera con mis lecciones sobre juegos de rol y cómo he ido aprendiendo con los años (13 ya) lo que hace una buena sesión de rol, y un buen director de juego. Le cogí cariño a mi personaje y no descarto que juguemos otra vez este verano. Ojalá.

Lo bueno vino cuando, por enseñarle el Heroquest a Lucas, descubrimos el Risk de la Tierra Media, regalo del hermano mayor** de Pedro a éste. Eran las dos menos cuarto de la madrugada, y yo ya había dicho que me quería ir para casa. Lucas dijo algo tipo "¿Qué me estás contando del Heroquest si tienes aquí el Risk del Señor de los Anillos?"***. Nos miramos. Yo dije: "estoy dispuesto a jugar". Ellos asintieron. Y hubo gran regocijo.

Me tuve que hacer un café, pero el juego nos apasionó tanto que jugamos dos partidas seguidas ("Venga, sin ver la hora", dijo Lucas. "¡A lo loco!", dije yo. "A tope, viernes por la noche" dijo Pedro), hasta que nos dieron las seis. Comiendo manises y bebiendo zumos de melocotón, muy retro todo.

El juego es como el Risk normal, pero con el mapa de la Tierra Media (excluidos Gondor y Mordor, que salen en una expansión, creo). Además de los peones y las cartas de territorio, existen los peones de "Líder", las cartas de Aventura y el marcador de la Compañía del Anillo. Este último no es más que un contador de tiempo que se mueve por el mapa cada turno, emulando el viaje de Frodo y sus acompañantes hasta Mordor; cuando la Compañía llega al final del camino el juego se acaba y se hace recuento de puntos. Lo que consigue es que el juego no se haga tan largo como el Risk normal, lo cual es una ventaja. Ciertas cartas afectan al movimiento de la Compañía, y de ciertas casillas de mapa es más difícil salir (has de tirar un dado y obtener 4 o más). La última casilla es de este tipo, con lo cual nunca sabes si el juego se va a acabar o habrá un turno adicional, lo que añade una incertidumbre muy interesante, que hace cada partida diferente.


La guerra en este juego se ve afectada por el peón de Líder y por las fortalezas (esos símbolos dorados de la imagen), que básicamente mejoran el dado más alto en la tirada de combate. Suponen una ayuda pero no se hacen indispensables. Lo que sí que es vital son las cartas de aventura, que no sólo son trucos que puedes usar durante tu turno para obtener ventajas o refuerzos, sino que también se guardan, una vez usadas, para añadir puntuación a tu total. Un subtipo interesante son las cartas de misión, que exigen que uno de tus líderes (pues puedes tener hasta 2) conquiste o se desplace hasta un punto concreto del mapa, otorgando recompensas en ese caso.

Básicamente es esta la idiosincrasia del juego, que es bastante sencillo si sabes jugar al Risk original, que a Lucas le gustó más que el normal (por el mapa, sobre todo), y que es muy apetitoso por todo el asunto tolkieniano. Se hace ameno por el contador de la Compañía, estéticamente es muy elegante y las cartas y movidas adicionales pueden ser decisivas, pero no entorpecen el juego. Muy guay, oye.


* sin la doble R, parece que queda más mundano, ¿verdad? John Tolkien. J.R.R. Tolkien. Otro rollo.
** Pedrito tiene tres hermanos. El mayor, Carlos, le lleva 12 o 13 años y fue la persona que nos introdujo al mundo del rol, por lo que le estaré eternamente en deuda. Gracias, Carlos.
*** hay que perdonarle a Lucas su desconocimiento de la maravilla que es el Heroquest. Si hubiera jugado alguna vez no se atrevería a hablar así. 

miércoles, 4 de julio de 2012

Mudanzando

¡Hola a todos! El largo e infausto mes de junio me ha apartado de la escritura de este blog. No sólo los exámenes se han cebado en mí (conste que me he defendido panza arriba, con cierto éxito), sino que también me he encontrado con la tarea de buscarme un alojamiento para el curso que viene.

Así es, mis dos compañeros levan anclas: Tamariz el Inocente se va a Salamanca a practicar endodoncias y empastes, y Diego Pesadilla, flamante Ingeniero de Caminos, tendrá la suerte de trabajar en prácticas en Ferrovial, concretamente en las obras de la autopista del Cantábrico en Mondoñedo. Este paradigma dejaba a vuestro seguro servidor con la opción de buscar nuevos ocupantes de piso y la de buscarse otro techo bajo el cual cobijarse. Os ahorraré los tediosos detalles, pero el asunto es que el año que viene viviré al lado mismo de la Plaza de Tribunal, en pleno centro de Madrid (ma non troppo), entre otros con los covarrubios Denis y Adriano.

Denis Calle
Y Adriano Marín
El plan original incluía a Cazcarra acompañándome como ocupante de este piso de altísimos techos y ladrillo rojo, pero puesto que trabaja en Getafe (sur de Madrid) y se desplaza en coche, su actual vivienda cabe el Manzanares le resulta mucho más adecuada. El bueno de él me acaba de llamar no sólo para comunicarme su decisión, sino para animarme a que coja este metafórico tren (y literal piso), que según él es una enorme oportunidad. Y se ha ofrecido a ayudarme con la mudanza. Con amigos así se anima uno. Gracias, Pablo.

En este momento, pues, me encuentro de mudanza, armando cajas, intentando decidir qué me llevo a Vigo a pasar el verano y qué dejo aquí, peleándome con la página web de Renfe para comprar un billete de tren...

Tengo unas ganas inmensas de ver el mar, maldita sea. He diseñado un plan de estudio de verano que me permita disfrutar de la playa y curarme la palidez inherente al estudio; espero también conseguir limpiarme lo que me ha quedado para septiembre. Que son unas cuantas.

Estoy del mismo modo impaciente por ver la nueva casa en la que nos alojaremos en Oviñana mi familia y yo. Después de 16 años alquilando la misma casita de Vivigo, el año pasado mis padres decidieron que sus contras sobrepasaban sus pros (evidentemente, tales contras habían ido empeorando con el tiempo, no es que a mis padres les costase tanto tiempo darse cuenta). Durante gran parte del año no estaba claro que tuviéramos dónde ir este agosto, lo que me causaba una enorme tristeza porque veraneo en ese pedazo de cielo casi desde que nací. Afortunadamente, todo ha salido bien, y viviremos en un caserón cerca del faro.

o sea, cerca de esto
En otro orden de cosas, mi tía abuela Selica ha sido recientemente operada. No hace falta contar los detalles, pero es una señora de más de 80 años con salud delicada, y el devenir del posoperatorio es delicado y crítico para su vida. Quiero mandarle todo mi cariño y ánimos a ella y a todos sus familiares directos, que están pendientes de su estado ahora mismo (¡un beso enorme!).

Y en una nota más animada, sabed todos que el bosón de Higgs (sensacionalistamente conocido como la partícula de Dios) ha resultado existir. He de hablar con mi tío Chilo, que trabaja en el CERN, y que me cuente de primera mano el acontecimiento.

Feliz 4 de julio a todos.

sábado, 30 de junio de 2012

Inciso: Rob Liefeld


Rob Liefeld es un dibujante de superhéroes que se puso absurdamente de moda en los 90. La cantidad de pasta que ganó este tipo sólo es comparable a lo mal que dibujaba. Tan mal, que dan ganas de no volver a leer un tebeo en tu vida:



   

Sí. Así de mal.

jueves, 14 de junio de 2012

Dio, qué grande eras

http://grooveshark.com/s/Dream+On/2GxQhn?src=5

En esta versión, Ronnie Dio canta Dream On, de Aerosmith, con el virtuoso guitarrista Yngwie Malmsteen a las cuerdas. La letra es preciosa, Malmsteen es un portento, pero la versión es verdaderamente genial por la fuerza que imprime el difunto cantante, que le da mil vueltas, en mi opinión, a la vocecilla de Steve Tyler.

En serio, oírlo cantar "sing with me, just for a day, maybe tomorrow the good lord will take you away" es indescriptible...

martes, 12 de junio de 2012

Viajes en el tiempo

He recordado hace un momento una discusión que tuve con mi profesor de la academia el año pasado. Este chico (pues no será más que un tres años mayor que yo), a cuento del estudio de la Electrónica, citó los grandes avances en ordenadores cuánticos que, al parecer, están teniendo lugar, y cómo esto permitiría a la postre los viajes en el tiempo, tema del cual decía saber bastante.

Bueno, yo no sé nada de ordenadores cuánticos, y tampoco he estudiado mucho las teorías del tiempo como cuarta dimensión y todo esto, pero si algo me gusta más que la ciencia ficción, es discutir. Así que en ese momento se me ocurrieron algunos argumentos que no tuvieron cabida en esa conversación, porque estábamos allí para aprender Electrónica. Pero que me quedaron en el coco y que intentaré dar forma.
En la mayoría de las obras de ficción que conozco y hablan del tema, el concepto de viajar en el tiempo tiene dos aplicaciones: ir a otra era y maravillarse del mundo que observas, o tratar de evitar que algo suceda. La primera no tiene mucho interés como caso de estudio más allá del efecto mariposa estilo "no pises esa hormiga, podría ser tu antepasado".


La más interesante es la segunda. En la película (en el libro no pasa) La Máquina del Tiempo, que no es muy buena, se plantean la paradoja siguiente: si el motivo para viajar en el tiempo es desfacer cierto entuerto, suponiendo que lo consigas, esto anula la razón para el viaje puesto que ya no existe tal entuerto. Por consiguiente, uno no viajaría en el tiempo para desfacer aqueste. Etcétera.

Sin embargo, existe una paradoja mucho más interesante: la de encontrarse con uno mismo. En un capítulo de Capitán Planeta, el chico del anillo de fuego tiene que evitar que su pasado Yo impida que el pasado Yo de ambos reciba el susodicho anillo, teniendo una conversación consigo mismo mientras coge felizmente el anillo (incurriendo en las dos paradojas que he expuesto hasta ahora, por cierto).

Si viajas a hace un minuto ¿quién eres tú? ¿El de ahora, o el de hace un minuto? Peor aún, cuando el segundo tú coja la máquina del tiempo, al cabo de un minuto (porque tienes los huevos tan cuadrados que te da igual verte llegar al pasado), ¿qué situación te encuentras? El tú que viajó al pasado ya no está, pero estás tú. Sólo que un minuto desplazado del tiempo original. O bien, cuando el tú que aún no había viajado al pasado lo hace, ¿se encuentra contigo? ¿Qué ve? ¿A sí mismo viéndose? Y si por tus santas pelotas realizas infinitamente este bucle, ¿crearías un ejército de clones con el que dominar la Tierra?

Quiero hacer un inciso para hacer notar que la alternativa a este planteamiento es mucho peor: que llegues al minuto pasado y no te encuentres. Esto significa que mediante el viaje que has realizado, te has suprimido en este instante, y por inducción, en todos los demás instantes de tu vida. Por ejemplo, pongamos que con 60 años viajas al día de tu nacimiento: o bien ves nacer a un bebé que siendo tú no lo es (el caso anterior), o bien de repente tu madre no tiene que apretar porque ahí no hay bebé que valga (porque has viajado en el tiempo pero no en el espacio), o bien apareces en la vagina de tu madre con un cuerpo adulto y la matas. En cualquiera de las dos últimas maneras tu vida cambia de manera radical, o deja de existir. En la primera, no parece que haya problema. Bien.

Supongamos ahora que la máquina del tiempo requiere materia para funcionar, materia que enviar al pasado. Lo que hace es enviar los átomos de tu cuerpo a otro momento. Si ese otro momento es uno en el que estabas, de repente esos átomos existen dos veces. Por la ley de conservación de la masa, tiene que haber otra cantidad de masa igual que desaparezca en este momento. O sea, cada vez que viajas al pasado, Dios mata un gatito. O un saxofonista.

"Marty, en este futuro no hay Jazz." "Oye, no mires ahora pero acaba de llegar un tipo clavado a ti"
Se me ha hecho un poco tarde y no he sido capaz de expresarme con claridad, porque es un tema bien complicado. Lo que quiero decir con esto no es que sea tan difícil que es un rollo y que ya nos preocuparemos cuando haya ordenadores cuánticos. Quiero decir que es un tema repleto de paradojas y absurdos, y la navaja de Ockham me sugiere que la explicación más sencilla es que no puede pasar.

Tal vez otro día le dé más vueltas al tarro, pero hasta entonces, ¡comentad! ¡Con un nombre, si puede ser!

sábado, 2 de junio de 2012

Las pizzas más ricas que jamás me he cocinado

...fueron las que cenamos Iris y yo anteayer. Fue ella la que hizo la masa, lo cual es la clave de que fueran tan increíbles. Se vino a mi casa y la amasó bien finita, y luego las recubrimos de tomate y mozzarella, cebolla, berenjena, calabacín, aceitunas, tomatitos cherry...

y un poco de salchichón para mí
 o, en este otro caso, aparte de la base, cebolla, pimiento verde, aceitunas negras y anchoas. Por cierto que si nunca habéis comido anchoas en la pizza, no sabéis lo que os perdéis. Según mi hermana (que estuvo un año en el sur de Italia) la pizza napolitana lleva tomate, mozzarella, cebolla y anchoas, y no estoy muy seguro de lo de la cebolla.


La masa nos quedó crujiente y fina, y si bien Iris se quejaba de que estaba un poco sosa, sólo se notaba si te comías el borde. Los ingredientes le daban todo el sabor que pudiera faltarle (a mi juicio, ninguno). Todo regado con una cerveza que nunca había probado, una tal Saaz, de Voll-Damn. Checa. Muy rica y muy suave (3,5%) , apropiada para el verano y la época preexamen.


Sobró un poco de masa, y ayer me preparé otra, no fuera a ponerse mala. Esta llevaba un poco de todo:

se puede observar que bebí agua y el postre fueron dos nísperos (espectaculares)