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jueves, 25 de abril de 2019

Caleao


realizarse es trascenderse más allá de los hechos hasta alcanzar
cierto tipo de equilibrio, como, por ejemplo, un árbol.
Hace muchos años, con mis padres (pero sin Constanza), hice una ruta de montaña en el asturiano parque natural de Redes, concretamente alrededor de Cabeza de Arco en Caleao. Esta montaña me fascinó, y desde entonces he querido volver. Sin embargo, los amigos que nos habían acogido se separaron y nunca más tuvimos la ocasión de hacerlo. A menudo he hecho comentarios a mis padres sobre este lugar, pidiéndoles que volviéramos, y esta Semana Santa lo hicimos, por fin.

Caleao es un pueblo diminuto colgado en un desfiladero al final de una carretera del Concejo de Caso. Para llegar a él, igual que para Gistaín en los Pirineos, es necesario pasar por algunos túneles excavados crudamente en la roca viva, que tienen toda la pinta de quedar tapados por la nieve en invierno. Imagino que el pueblo vivió de la agricultura y el pastoreo de subsistencia, y ahora parece hacerlo del turismo rural, a juzgar por el nuevo bar y pequeños hoteles de montaña que se encuentran ahora en el pueblo. A pesar de las modernizaciones, el pueblo estaba más o menos como lo recordaba. Y la montaña, exactamente igual.

Enfrente de Caleao empieza el camino de los Arrudos, que es bastante famoso y es lo que podríamos denominar un sendero "comercial": ancho, cementado en gran parte, con carteles explicativos y barandillas sobre el río. Nosotros no hicimos esa ruta, sino la PR-AS-124, que es más exigente, y por tanto, menos transitada. Sube por el valle de Xulió, asciende por la ladera de Cabeza de Arco hasta llegar a un collado entre esta y el Retriñón, y luego baja por la ladera del otro lado hasta desembocar en el Desfiladero de los Arrudos. Son unos 14 km si no se sube a Cabeza de Arco, y unos 16 si así se hace.
La ruta la acometimos los cuatro Gafu, Iris, y mi prima Camino y su novio Álex. Camino es geóloga y muy montañera, y Álex es bombero y un armario empotrao, así que son muy buenos compañeros de caminata. Salimos alegremente y con un tiempo excelente del pueblo, subiendo por el falso llano rodeado de hayas que es el valle de Xulió. Antes de salir del hayedo nos perdimos varias veces, yendo un rato por el cauce del río, y escogiendo un camino equivocado en otra ocasión. El camino está marcado, pero en muchas ocasiones faltan indicaciones, o son ambiguas. Pero en cuestión de hora y tres cuartos salimos a un ensanchamiento del valle, con unas cuantas chozas para pastores o ganado, con el prao encharcado y un sol increíble. Hasta ahí, solamente nos cruzamos con un paisano que iba a tope, subiendo por la parte difícil de la ladera.

subiendo el valle de Xulió
 En esta parte, quizá porque este año ha habido desplazamientos del terreno debido a la nieve y las tormentas, el camino estaba muy complicado de seguir y nos volvimos a perder, hasta que Álex, que llevaba un GPS, se dio cuenta y propuso bajar hasta el río otra vez por una bajada un tanto accidentada. Si lo hubiera propuesto otro, igual habríamos retrocedido para encontrar el camino bueno, pero si esto te lo dice un bombero, la verdad es que te quedas más tranquilo, así que hicímoslo.

La subida de esta vega al collado fue, sin duda, la parte más dura, y nos llevó otra hora. Os aseguro que el esfuerzo merece la pena. Iris se quedó boquiabierta al ver las vistas, y yo sentí ese regocijo que te embarga cuando vuelves a ver a alguien o algo que hace años que no ves, y es exactamente igual que como recordabas, y ese pequeño temor que te rondaba la cabeza se disipa, y se te olvidan las preocupaciones de repente.

la comitiva en el collado. Al fondo, el pico Retriñón
 Allí nos paramos para comer, salvo Álex y Camino que se animaron a remontar Cabeza de Arco. Los demás consideramos que la subida iba a ser demasiado exigente, pero mi padre, Iris y yo sí que ascendimos a unas pequeñas lomas sobre el collado. Luego comimos nuestros bocadillos de la abuela (de carne mechada), o nuestras ensaladas sin gluten, cada uno lo suyo, y echamos una pequeña siesta al sol del mediodía, por supuesto sin dejar de sacarnos unos obligados selfis. En este collado sí que nos encontramos con tres o cuatro parejas de montañeros, pero en general teníamos la montaña para nosotros.

Después de folgar, comenzamos el descenso hacia los Arrudos. Camino, que como ya he dicho, es geóloga, y mi madre, que es bióloga pero ha dado Geología en el instituto durante treinta y cinco años, iban indicándonos los numerosos ejemplos de estratos del suelo, diferentes composiciones geológicas del terreno, y dando una clase práctica en general. La verdad es que la zona es perfecta para este tipo de menesteres; por la noche, Camino me mandó un mapa geológico del área y es un sueño para cualquier geólogo.

Iban las dos como locas señalando piedras
 Esta bajada es más complicada de lo que parece en un primer momento, y nos llevó un buen rato. En la ocasión anterior en que hicimos la ruta, nos había pillado la lluvia bajando, y tuvimos que cobijarnos en uno de esos refugios de pastores, que estaba abarrotado de senderistas que habían tenido la misma idea. Sin embargo, esta vez, la hierba hasta amarilleaba de lo seco que estaba todo, a pesar de una cascada que se oía desde bien lejos y con cuya agua, más abajo, llené mi cantimplora (por cierto, que estaba exquisita).

Tras algo menos de una hora, llegamos a los Arrudos y su sendero amplio, y desde ahí fue un paseo sencillo hasta Caleao, con más gente pero tampoco mucha. Y esta ruta también es espectacular a la vista, y es muy recomendable para un grupo al que le imponga la versión que hicimos nosotros. Me quedé con ganas de volver a ver un descenso alternativo que habíamos hecho la otra vez: un estrecho sendero alfombrado con hojas de haya, empinado y encantador. Sin embargo, nada empañó un maravilloso día de montaña, en un paraje espectacular, con una compañía inmejorable y un tiempo ideal.

- Un arbol. - Un árbol. - No, un arbol
Ni siquiera las siete garrapatas que me descubrí el domingo. Claro, echando la siesta entre bosta de vaca, qué esperábamos.

viernes, 19 de abril de 2019

Derrota en Peña Mayor

Llevo un año y algo obsesionado con la montaña. De pequeño, mis padres nos llevaban muy a menudo, pero desde que vivo en Madrid, he ido tres o cuatro veces. En Inglaterra hice algunas rutas, pero lo que se dice monte, solamente en Gales. Así que estoy decidido a ir mucho más. Este curso empezamos por la sierra de Huétor en octubre, y espero que vaya a más.


Hace una década, mi familia y yo, con mi tía Selica incluida, nos perdimos en Peña Mayor, entre Nava y Pola de Laviana, en el centro de Asturias. Teníamos que dar la vuelta a la citada peña, pero nunca llegamos a encontrar dónde, por lo que seguimos recto hasta encontrar un bar en el que preguntamos "¿Dónde estamos?". Resulta que nos habíamos pasado por un rato largo y estábamos en Condado. Al menos, como recuerda Constanza, tomamos café de pota.

Hace horas, Peña Mayor volvió a derrotarnos a los cuatro y a Iris, esta vez por medio de la niebla, en lugar del subterfugio. Conseguimos avanzar más que la vez anterior, pero tuvimos que darnos la vuelta para no arriesgarnos a perdernos y despeñarnos.

o a que nos comiese un trol
La ruta que rodea Peña Mayor sale de Melendreros, o de Fayacaba, que es el pueblo de al lado, y después de una subida bastante dura (por lo empinado y por estar cementada, que resbala), llanea un poco y permite respirar. Pasando a la derecha de cercados de ganado bovino y ovino (e incluso caprino) y rodeando un par de casas de piedra preciosas, acaba dando a una pista que por un lado baja a Entralgo y por el otro sube a "Campa Gües", un bar inverosímil en un collado precioso. Allí, un paisano montañés nos dio indicaciones para llegar al pozo Funeres, y más allá, a la antena de telecomunicaciones que marcaba el puerto. Nos dijo que iba a abrir la niebla, porque había viento, y también que teníamos para cuatro horas de camino hasta terminar la circular.

a la izquierda está el bar Campa Gües. Por esta loma subimos, y luego subimos otra más casi igual
Tras unos veinte minutos o media hora desde el bar, llegamos casi por sorpresa al pozo Funeres. El pozo es tristemente célebre por ser usado por los fascistas en 1948 para asesinar a nueve personas relacionadas con los maquis. Es una cavidad profundísima, de la que no se ve el fondo desde arriba, pero sí se puede ver una placa conmemorativa de 1984.


aquí el pozo y unos que pasaban por allí


Después de Funeres, anduvimos entre los espinos albares y la niebla tratando de volver a ver la antena que habíamos escudriñado en algún momento de breve claridad. Queríamos evitar cometer el mismo error de la vez anterior, y terminar esta dichosa ruta. Así, acabamos zigzagueando por la ladera arriba, y ¡por fin!, encontramos la antena y un camino como dios manda que llevaba hasta ella. A su pie, aprovechamos para comer algo y para planificar el resto del camino.

y para hacernos selfis, por supuesto
Sin embargo, nos dimos cuenta de que no teníamos ni idea de cómo continuar. El camino moría en la caseta de telecomunicaciones. El GPS de cada móvil nos situaba en un sitio distinto. Los mapas eran de difícil adecuación al territorio. No hay señalizaciones ni hitos en la cumbre. No había gente. Estábamos un poco perdidos, otra vez.

por si fuera poco, nuestro guía se había vestido de camuflaje de niebla
Tras mucho trasiego con libros, mapas y móviles, y gritarnos un poco en alegre españolidad, decidimos tomar la cresta en sentido opuesto al que habíamos llevado hasta entonces, es decir, ya comenzando el segundo tramo del circuito. Sin embargo, al poco de andar por la cara nordeste de la cresta nos percatamos de nuestro error. Allí no había camino ni nada parecido, y transitar entre la hojarasca de las hayas que cubren las traicioneras piedras de caliza se hacía muy complicado. Así que propuse y fui secundado en volver a la cresta y tomar el lado opuesto, tan carente de hayas como de camino. Por aquí seguimos un rato más sin saber nunca muy bien si era el camino adecuado.

arriba: el camino transitable
Así que nos paramos a comer nuestros bocatas de tortilla, esperando que la niebla se levantase de una vez, cosa que no sucedió. Ante esto, dimos la vuelta por el camino andado (a excepción de la debacle del hayedo), por la antena, el zigzag, los espinos, el pozo, una loma y después la otra. Y al llegar allí, se levantó la niebla por fin, lo cual, aunque ya no nos permitió hacer la ruta como queríamos, sí nos dejó ver una bandada de buitres muy de cerca, y todo el valle de Melendreros muy de lejos, llegando hasta, qué sé yo, el Entrego o algo por el estilo.

tal que así
Tras una parada técnica en el famoso bar, ya no nos quedó más que bajar triscando por el monte, cada vez más soleado. A pesar del chasco de Peña Mayor, fue un día estupendo, con una temperatura excelente, ninguna molestia en cuestión de domingueros (nada más que apacibles montañeros y montañeses), en el que vimos unos cuantos pájaros y hasta pudimos disfrutar de las vistas. Así que todo muy guay.
 
TODO MUY GUAY


martes, 16 de abril de 2019

Hace ya años que no escribo regularmente. Creo que es porque ya no lo necesito tanto, aunque lo disfrute igual. Y no lo necesito tanto porque hago más cosas a lo largo de mi día que las que hacía en mis últimos años de universidad, cuando abrí este blog. De hecho, a menudo pienso "me gustaría escribir sobre esto" cuando estoy en mitad de una actividad, o descubriendo un sitio nuevo.

Alguna gente me ha preguntado por el blog, gente que se había acostumbrado a seguirlo, y yo mismo echo de menos contar mis vivencias y mis impresiones, y también escribir en sí, pensar en las palabras que voy a usar y componer el texto. Y, por supuesto, escoger las fotos y sus correspondientes pies.

Así que, en beneficio de todos, voy a ponerme una meta similar a la que me fijé en 2013, y que traté de repetir en 2015 con mucho menos éxito. En este caso, me comprometo a escribir tres veces por semana, y contaros mis impresiones sobre Singapur y Kenia, nuestros planes presentes (como el viaje a Estados Unidos) y otras cosas que se me han quedado en el tintero en los últimos años.

os puedo hablar de mis lecturas playeras, por ejemplo.
Necesito un nombre. Se me ocurre Fol de abril.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Arkham el gato (2008-2018)

Esto es una versión traducida de esta otra entrada.

Conocí al gato de Ben la misma fresca noche de agosto en la que llegué a Malmesbury. Ben me dijo "Este es Arkham", y yo pregunté: "¿como el asilo de los cómics de Batman, o como el pueblo de las historias de Lovecraft?", a lo que él contestó "Ya me caes bien". En esa época, Arkham era muy activo, arañando la moqueta de las escaleras y corriendo de aquí para allá por la casa al pasar la gente. También era propenso a morder y arañar sin provocación, y al principio guardé una distancia respetuosa. Pero pronto me encariñé con él, y él conmigo, probablemente gracias a que yo le daba de comer algunas mañanas, o cuando volvía del trabajo antes que Ben, cosa que sucedía a menudo.



A Arkham le gustaba pasar el día alrededor de la casa en la que viví de prestado durante un tiempo (en el famoso armario de Harry Potter), The Mundens. Desaparecía entre los arbustos y dejaba el generoso jardín, a veces para cazar pájaros, a veces para pelearse con otros gatos o arrimarse a gatas. Desde luego, extrañó ese estilo de vida cuando nos mudamos a Seedwood Cottage, que no tenía jardín digno de tal nombre y estaba demasiado cercana a la carretera como para dejarlo suelto los primeros meses. Así que se acostumbró a los interiores, especialmente en las largas noches del invierno inglés, y nunca volvió a ser tan aventurero como antes. De hecho, empezó a perder peleas con gatos más jóvenes en la primavera, una de las cuales le dejó una herida bastante fea en una pata delantera.

todos estábamos en el comedor jugando a algún juego de mesa, y él tan pancho en los calcetines
Arkham fue uno más de la familia de Seedwood Cottage. Ben lo quería como un hijo, y Gareth mantenía una distancia fría que escondía un cariño mutuo. Y yo no creo que haya conocido a otro animal como él. Era muy parlanchín (casi parecía que hablase contigo, aunque sobre todo para pedir comida), curioso y buen cazador. Ronroneaba como un trueno y frecuentemente. Por las mañanas me ponía nervioso con sus maullidos constantes y cortos hasta que comía, pero al final... al final los echaba de menos en las cada vez menos ocasiones en que se saltaba una comida. También atacó un cacho de tocino que me había traído de España para fabada, pero no pasa nada. Lo arreglamos como adultos.

Llevaba pocho desde el otoño pasado. Ayer, Ben nos contó que estaba en las últimas, y esta mañana se murió. Su tumba estará en el jardín de The Mundens, como le corresponde.

No era más que un gato. Y nada menos.

Adiós, amigo.

Arkham the cat (2008-2018)


I met Ben's cat the same crisp summer night that I got to Malmesbury. Ben said "This is Arkham", and I said "Like the Asylum of Batman's comic books? Or like the town in Lovecraft's stories?", to what he replied "I like you already". At the time Arkham was quite energetic, scratching the stairwell carpet and dashing through the house at the sight of people. He also was prone to biting and scratching, and the first days we gave each other some distance. But he quickly grew on me, and I on him, likely due to me feeding him in the mornings, or whenever I got from work before Ben, which was often.



Arkham liked to spend the day somewhere around the Mundens, the house where I was couchsurfing for a while (in Harry Potter's room, a cupboard under the stairs). He would disappear among the bushes and leave the garden, sometimes hunting birds, sometimes fighting other cats or seducing lady cats. He surely missed that when we moved to Seedwood Cottage, which did not have a garden (not a big one at least) and was too close to the road to let him wander for the first few months that we spent there. He got used to being inside, especially in the cold winter nights that followed, and he never became quite as adventurous as he used to be - in fact, he started losing fights the following spring, one of which left him with an ugly wound to the fore leg.

everyone was in the other room playing games, while he was taking full advantage of the drying socks
Arkham was one more of the Seedwood Cottage family. Ben, as his owner, loved him like a son, and Gareth and the cat kept a respectful distance from one another, but secretly were fond of each other. Myself, I don't think I've ever met such a cool animal. He was extremely vocal (as in, almost talking to people - admittedly mostly to demand food), curious, and a good hunter. He purred like a helicopter and in almost any circumstance. He often drove one crazy in the morning, meowing until he was fed, but I ended up missing that in the, ever rarer, ocasions that he wasn't around. He also attacked a streak of Spanish bacon that I'd brought home on Christmas, but it's cool. We settled that up like adults.

His health had been deteriorating since last autumn. Yesterday, Ben told us that he was terminal, and he passed away this morning. He will rest in the Mundens' garden, as he should.

He was just a cat. None less.

Goodbye, mate.

jueves, 27 de septiembre de 2018

About time


(this is the English version of this)

Last August 24, Iris and I got married, after a flash 13-years-and-10-month courtship. Three days before that, I left England for Spain. And one day before that, I left Dyson, after working there for two wonderful years. Iris and I thought the best for the couple was to settle in Madrid, at least for now. The things I do for love.

We'd been preparing the D-Day for a year and a half, ever since, on a beach in Goa, I showed her the ring by surprise (while she was dozing on the towel, and her answer was a hugely open stare and "What are you doing?"). As the date got closer, and even though the important preparations like the church¹, venue, phographers or disc jockey were set, my anxiety increased. I was never worried about marriage itself, you see, but about all the details, since we wanted everything to be perfect. Me being in the middle of moving out of Britain and job seeking only added to said anxiety. In retrospect, I should have left Dyson earlier, if only to be a bit more relaxed to focus on the wedding. Anyway.

The days prior to the wedding were a carousel of commitments, phone calls, choices, confirmations and cancellations, trying to round up the details, of which the most important was likely the bus to take the invitees from one place to the other. I don't recall much of that frantic time, other than the weather being amazing and that we were both really excited to have so many relatives and friends visiting Galicia for the first time, and how they were slowly arriving from all around Spain and some  from overseas.

like these three, here visiting Santa Tecla's summit
Friday morning came eventually, of which I remember going for a walk with my friend from university, Cristóbal, to take my mind off the hassle. In the afternoon, after a light lunch, my uncle and acting godfather, Rafael, took me to the taylor to get dressed. The photographer, David from Fluxus, also came to capture the process (that was kind of the point). Once ready, we picked my mom up, waited  twenty more minutes for her to get her head dress ready and we set off to Baiona, where the act took place.

As I said, I wasn't nervous till then, only concerned with every detail. But as I got off the car, among all the friends and family groups, my heart jumped in my chest: I hadn't realized how many people, and how many different groups, were there: lifelong friends from Vigo, friends from the university years, Brits and Americans, family from all over...

After clumsily greeting some invitees, we had to come in - against all expectation, Iris was almost there! I almost assumed she was going to be from half to three quarters of an hour late. But, maybe thanks to the insistence of Fátima (her choffeuse²), she was so on time that about half the people were still outside the church. My mother and I rushed on the red carpet, to the point that the photographer had to ask us to slow down lest he fell. Iris and her father did a lot better.

also, look at her mom. Doesn't she look like she's attending the Oscars'?
The religious act went greatly, and I didn't stutter or shake when I put the ring on Iris's finger - I didn't even cry! There is this tradition in Spain about giving each other thirteen coins symbolically (you know, one for each month plus one in case), and both my nephew and Iris's niece, who were carrying the coins and the rings respectively, did that brilliantly too. Afterwards, my nephew, Iñaki, told his mother "Mom, they returned them!" with great concern... Oh, I missed kissing the bride, because the priest didn't explicitly tell me so, and I do as I am told. What he did say was "it's done, you're married", to what my father in law replied "Cool, can we leave then?". Manolo, the priest, suddenly looked super serious and snapped "NO". Everyone else only heard that, and it was really funny.

but then we had mass, and that's not funny. It's serious stuff.
After the service, signatures and photographies, we went out to be cheered and photographed even more and even better. The Britons were endearingly waiting for their turn to congratulate us, only to be constantly overtaken by eager Spaniards with less of a personal space sense. I had to turn to them myself, or else they might still be there!

Diego, the guy with the pink tie, on the other hand, is the opposite - always the first to cheer the couple. He uses basketball tactics for that
The reception and party were in the pazo de Cea, in the nearby town of Nigrán. "Pazo" is Galician for "palace", but a more accurate translation would be "manor". They tend to be seventeenth- or eighteenth-century houses for minor nobility, usually in granite, with a sizeable garden as far as Galicia goes. Iris and I had been to this particular one before, and I was captivated by the fact that there were frogs in the pond. Frogs! Come on. The staff was wonderful, both during preparations and in the day, and to top it off, the catering they work with is a local restaurant with one Michelin star, casa Solla.

Our friends Fátima and Manu drove us there and then lost time intentionally and quite blatantly, so we could arrive just in time for a surprise: a bagpipe group with dancers for a traditional regueifa! This is a folk dance in which the bride has to carry a loaf of bread on her head. If it doesn't fall off, the marriage will be blessed with fortune and children; but if it does, it'll be doomed for all eternity (I think). In this day and age, like champions for a duel, it is professionals who perform the dance, which helps. This was a gift from Iris's twin aunts, Cris and Luz, and an amazing one. It was something we had in mind, but ended up choosing a pop duo over it, so I am really glad we had it after all.

that girl has a lot of merit, and the one with the bread too
We've been told the cocktail was great. We chose to have a long cocktail and a short dinner, primarily because in other weddings we've been to, we tended to arrive to the dinner already full with the usually delicious bites. I say we've been told because we missed a good part of it due to the photos, although not as much as we feared thanks to the extreme proffessionalism of David and Lorena. They were both quick with the couple pictures and really comprensive (and comprehensive) with the groupal ones. I am really keen to see their pictures.

This was all to the music of the aforementioned duo Sobre todo Ella ("Mostly Her"), which was great. Several people asked us about them, to attend their gigs afterwards. They also were nice enough to adapt (on a very short notice on my part) a very nice song by the Mexican singer Natalia Lafourcade, which they made us dance to (quite difficult with a bride's dress, it turns out).

the people make the party
We also took the chance to have the invitees solve a quiz about the invitees themselves. The idea was to mix the different groups and make them get to know each other, and I reckon they did a bit. What I almost managed to do, amused by the sound of my own voice as I told everyone the right answers (and, shamefully, only remembering half way through about the non-Spanish speakers), was to make the staff super nervous - we were an hour late for dinner...

After having a few bites that were left for us, Iris and I entered the hall to the sound of Glory Days, which made me very happy. It was just a great moment, seeing all at the same time, with that upbeat song, everyone standing up, singing or clapping, and arriving to the table with our parents, and everything was beautiful. And I didn't cry there either!

 I have not got a good picture of this moment, though there must be some
I remember little of the dinner itself, for I started being extremely hot, but my mother forbade me from taking my jacket off, because protocol (as it has been established, I do as I am told). I almost passed out. In fact, we two gave away a couple of birthday cakes (I know, having your birthday be on someone else's wedding day, so rude!) and some flowers, and I couldn't keep up with Iris or the music. Oh, by the way, the DJ suggested a tune by Lenny Kravitz which worked great. I don't know, maybe it's super common in your country, but in Spain it was refreshing instead of the go-to alternative.

We had another surprise after the dessert, in this case from my mother, with the help of my mother in law and my uncle Rafael. The latter explained my family's tradition of opera names (my great-great-grandfather was an aficionado opera singer and his son named his kin after characters like Tosca, Aida, Mimí...), and then presented a soprano and pianist that performed four jaw-dropping arias. My friend Denis told Rafael: "I've never been to an opera, but I've been to quite a few weddings, and this is the most beautiful thing I've seen in one". If only I could've taken the jacket off. Seriously, mom.

After that, Belén (Iris's sister) and Julio (their father) gave a speech each, which I would like to read now, since I was so suffocated that I lost track sometimes (seriously, mom), although I must admit I did cry a couple of times here. Less than Julio, anyway.

After that... drinks, laughs, and general foolery. Borja, the DJ, did an outstanding job, even though some friends mentioned they missed some more rock music. We put out a fussball after midnight , which lots of people took as something perfectly normal (it was my idea!); we danced, especially Tom "by the way, I am amazing at salsa" Middleton; I finally took off the jacket, but not the waistcoat; we drank all the coffee liquor; drunken friends approached our parents to said how much they love us... And the last song was our song, and the remaining invitees, which were lots³, made a circle around us, and they sang with us, and boy I cried there, though less than Juliet, anyway, and the music faded as the people converged on us like it was a film.

Many people say one's wedding day flies, and I've even heard of some people who didn't enjoy it as much. But, at least in our case, everything was so beautiful, and it turned out so well, everyone was so happy to be there, and so handsome, the staff was so good, that the day didn't fly: it's just that I wish it had never ended.

no context is given for this picture
¹ So, I got married by the Catholic rite, which I do not profess nor practice. But, like Iris said to an acquaintance: "I'll get married in a church because I am a Catholic, and he will because he's marrying me".
² I kinda like choffeuse as feminine for choffeur. I made it up.
³ My friend Abel said to me: "The first bus being at half two sounded like too late at first, because I am not so fond of weddings. However, I am having such a blast that it's half past four and it feels so early!"

Ya era hora


El pasado 24 de agosto, Iris y yo nos casamos, después de un rápido noviazgo de trece años y diez meses. Tres días antes, yo había vuelto de Inglaterra a España para quedarme. Cuatro días antes, había dejado Dyson, tras dos años y dos semanas estupendas trabajando allí. Decidimos que lo mejor como pareja era instalarnos en Madrid, al menos durante el momento. The things I do for love.

Llevábamos año y medio preparando el día D, desde que en una playa de Goa le presenté el anillo por sorpresa (mientras dormitaba en la toalla, y su respuesta fue abrir mucho los ojos y decir "¿Qué haces?"). Y conforme se acercaba la fecha, a pesar de que los preparativos importantes como iglesia¹, pazo, fotógrafos o disc jockey ya estaban confirmados, mi ansiedad iba en aumento. En ningún momento me preocupé del hecho de casarme en sí, sino de todos los detalles, ya que queríamos que todo saliese perfectamente, como os podéis imaginar. El que yo además estuviese pendiente de mudarme de Inglaterra y buscar trabajo no hizo sino añadir a esa ansiedad. En retrospectiva, quizá tendría que haber dejado el trabajo antes, para contar con más desahogo para hacerlo todo. En fin.

Los tres días anteriores a la boda fueron una vorágine de compromisos, llamadas, decisiones, confirmaciones y descartes, intentando terminar los detalles, de los cuales el más importante probablemente fuera el autobús para transportar a los invitados de un sitio a otro. En la memoria no me quedan muchas cosas de esas horas frenéticas, salvo que hacía un tiempo excelente y que estábamos los dos muy ilusionados con la multitud de familiares y amigos que conocerían Galifornia por primera vez, y que fueron llegando de todas partes de España y algunas del extranjero.

aquí con un puñadico el jueves
Llegó, como todo llega, la mañana del viernes, de la que poco recuerdo salvo dar un paseo con Cristóbal, el aeronáutico, para despejar la cabeza. Y por la tarde, después de un almuerzo frugal, mi tío Rafael, que es mi padrino en funciones, me llevó a Boxer, la tienda en que compré el traje, para vestirnos allí. Y también vino (esa era la gracia) el fotógrafo, David de Fluxus a inmortalizar el proceso. Una vez vestidos, recogimos a mi madre, esperamos veinte minutos a que le pusieran el tocado y nos marchamos a Baiona, en cuya colegiata tuvo lugar la ceremonia.

Como he dicho, hasta entonces no había estado nervioso, simplemente agobiado por todos los preparativos. Pero en cuanto me bajé del coche de Rafael, entre los numerosos grupos de amigos y familiares, se me desbocó el corazón: no había caído en cuánta gente, y cuántos grupos diferentes, estaban allí presentes: los amigos de toda la vida de Vigo, los de las dos escuelas, los del Covarrubias, los familiares de aquí y de allá...

Después de saludar torpemente a unos cuantos invitados, tuvimos que meternos en la iglesia. Resulta que, contra todo pronóstico, Iris ya estaba casi llegando a Baiona. Yo me esperaba que llegase entre media hora y cuarenta y cinco minutos tarde, pero, probablemente por la insistencia de Fátima (que era su chofeusse²), llegó tan a tiempo que aún estaba media concurrencia fuera del templo. Mi madre y yo entramos por la alfombra roja a todo trapo, hasta el punto de que David tuvo que pedirnos que aminoráramos, para no caerse. Iris y su padre lo hicieron mucho mejor.

mira mi suegra, que parece una actriz
La ceremonia fue estupendamente, y ni me tembló la voz ni el pulso al ponerle la alianza a Iris para desposarla, ni lloré siquiera. Los niños de las arras y alianzas eran respectivamente mi sobrino Iñaki y la sobrina de Iris, Julia, y lo hicieron muy bien y estaban monísimos. Luego, Iñaki le dijo a su madre, todo preocupado: "Mamá, ¡me las devolvieron!". Como el cura, Manolo, no dijo "puedes besar a la novia", pues no nos besamos (yo es que soy muy obediente). Lo que sí dijo fue "pues ya estáis casados, ¡ya está!", a lo que mi suegro, Julio, contestó "Pues ya nos podemos ir, ¿no?". Manolo se puso súper serio, lo miró y le espetó "¡No!". Fue muy gracioso. 

ya la misa no fue tan graciosa. Es una cosa seria.
Después de las consabidas lecturas, hostias, firmas y fotos, salimos a que nos jalearan los asistentes, y a posar para fotones. Diego San Felipe siempre es el primero en dar un abrazo a los esposos, es genial: se pone hasta nervioso por si alguien se le adelanta.

mirad cómo protege la canasta para pillar el rebote
El convite, y la folixia, fueron en el pazo de Cea, que está en Nigrán y es muy bonito, como todos los pazos gallegos. "Pazo" significa, literalmente, "palacio" en gallego, pero una traducción quizá más acertada sería "mansión". Son casas de nobles menores del siglo diecisiete y dieciocho, normalmente de granito, con una finca generosa, dentro del minifundio propio del noroeste. En este habíamos estado Iris y yo en una ocasión, y a mí me cautivó el hecho de que el estanque tuviese ranas. ¡Ranas! Es genial. El personal del pazo fue excepcionalmente bueno, tanto durante la preparación como durante la boda en sí, y por si fuera poco, trabajan con casa Solla, un restaurante pontevedrés con una estrella Michelin.

Fátima y Manu nos llevaron al susodicho y perdieron tiempo de manera poco disimulada, ya que nos esperaba una sorpresa al llegar: ¡un conjunto de gaitas que nos bailó una regueifa! Esto es una antigua costumbre gallega que consiste en que los novios bailen, ella con un pan en la cabeza: si el pan no se cae, el matrimonio tendrá buena fortuna y muchos hijos, y si se cae, desdichados los esposos. Hoy en día, como si de campeones para un duelo se tratase, bailan profesionales, lo que también ayuda a que salga bien. Fue un regalo de las tías gemelas de Iris, Luz y Cris, y uno gratísimo. Contratar a gaiteros era algo que barajamos y desechamos en favor de un dueto de pop, y me alegro de haberlos tenido de todos modos.

esa chica tiene un mérito enorme. Y la del pan, no te cuento.
 Se conoce que los pinchos fueron un éxito. Habíamos apostado por hacer un cóctel largo y una cena corta, entre otras razones porque en las bodas ajenas nos tendíamos a quedar llenísimos con los canapés, que suelen ser deliciosos. Digo que se conoce, porque nos perdimos un buen rato entre pitos y gaitas y fotos, tanto en pareja como en grupo. David y Lorena se portaron como los profesionales que son y fueron súper rápidos con las fotos de pareja, y muy comprensivos con las fotos de grupo, y tengo muchas ganas de ver el resultado de su trabajo. Todo esto amenizado por Sobre todo Ella, el dueto del que os hablaba, que se salió. Varios invitados nos preguntaron por su nombre para acudir a sus conciertos. Además, tuvieron el detalle de adaptar (con muy poco tiempo, por mi culpa) una canción muy bonita de Natalia Lafourcade, con la que nos sacaron a bailar a los esposos.

sin vosotros no somos ná, como Chita sin Tarzán, como un triste bigotito sin Aznar
También aprovechamos el cóctel para proponer y resolver un juego de preguntas a los invitados sobre los mismos invitados. La intención era que, ya que había tantos grupos diferentes, se mezclasen y conociesen un poco. Y creo que lo conseguimos un poco. Lo que casi consigo, en el momento en el que me estaba gustando con el micrófono, desvelando las respuestas, es que a la muchacha del pazo le diese un telele, por el retraso que llevábamos. Pero bueno, no se enfadó, sino que cuando todo el mundo pasó al cenador nos sacó una bandeja con un par de cada pincho para que comiéramos algo, y en verdad os digo que así ficimos.

Y luego entramos al salón con Glory Days, que me hizo mucha ilusión. Ese momento me encantó, porque pudimos ver a todos a la vez, y la canción entró muy bien, porque mola muchísimo, y todo el mundo estaba sonriente, la mayoría de pie y cantando o aplaudiendo, y llegamos a la mesa con nuestros padres y todo fue muy bonito. Y ahí tampoco lloré, que conste.

de esto aún no he visto una foto buena, ¡pero las habrá!
De la cena en sí recuerdo poco, porque empecé a tener un calor muy agobiante, y mi madre me prohibió terminantemente quitarme la chaqueta. Un abrazo para los amigos más protocolarios, que tampoco se la quitaron hasta que yo lo hice; si pasasteis calor, imaginaos con chaleco. Casi me desmayo. De hecho, dimos un par de tartas de cumpleaños y tres coronas de flores a nuestras tías maternas, y yo ya no podía ni bailar al son de las canciones. Por cierto, que para dar las tartas nos sugirió el DJ (Borja de Tocata DJs) una canción de Lenny Kravitz que está muy bien, en lugar de la famosa esta de Parchís, que yo aborrezco.

A los postres, y creo que después de dar el regalo a los acertantes de todas las preguntas esas (una botella de licor café de Julio), nos esperaba otra sorpresa increíble preparada, en este caso, por mi madre, con la ayuda de mi suegra y mi tío Rafael. Este último cogió el micro y nos presentó a una soprano y una pianista, cuyos nombres no recuerdo pero seguro que mi madre lo pone en los comentarios. Después de explicar el contexto (lo de la tradición familiar de poner nombres de ópera), dejó que cantasen cuatro arias preciosas que nos dejaron boquiabiertos. Mi amigo Denis le dijo a Rafael: "Nunca he ido a la ópera y no tengo ni idea. Pero he estado en unas cuantas bodas y esto es lo más bonito que he visto en una boda en mi vida". Solamente lamento no haber podido quitarme entonces la chaqueta. De verdad, mamá.

A continuación, Belén y Julio leyeron sendos discursos, los cuales quiero leer otra vez, porque el calor que tenía me hizo despistarme en algunas ocasiones (de verdad, mamá), aunque aquí sí que lloré un par de veces. Aunque no tanto como mi suegro, que se atascó en tres o cuatro momentos.

Y después, ¿para qué más detalles? Ya sabéis: copas, risas, excesos... ¿cómo van a caber tantos besos en una canción? Borja, el de la música, fue también espectacular, aunque algunos de mis amigos echaron de menos algo más de rock. Sacamos un futbolín a la una de la mañana, que mucha gente asumió como algo completamente normal, y creo que todos disfrutaron. Bailamos, aunque no tanto como Tom (que nos alucinó); me quité la chaqueta por fin; nos bebimos todo el licor café; los amigos se acercaban a nuestros padres a decirles que nos quieren... Y la última canción fue nuestra canción, y los que quedaban (que eran muchos³) nos hicieron un corro, y la cantaron a nuestro alrededor, y ahí sí que lloré, aunque no tanto como Juliet, y la música se difuminó y el corro se cerró sobre nosotros como si fuera una película.

Todo el mundo te dice que se te pasa el día de tu boda volando, e incluso hay quien dice que no se disfruta. Al menos en nuestro caso fue todo tan bonito, todo salió tan bien, todo el mundo estaba tan contento y tan guapo, los profesionales fueron tan buenos, que no es que se pasase rápido, es que me gustaría que no se hubiese terminado nunca.

grrrrracias por venir

¹ Sí, me casé por el rito católico, religión que no profeso y mucho menos practico. Como le dijo Iris a una inquisitiva amiga de un amigo: "Me caso por la Iglesia porque soy católica, y él se casa por la Iglesia porque se casa conmigo".
² Me he inventado el femenino de chófer, un poco porque me da la gana.
³ A las cuatro y media, Abel me dijo "Me parecía muy tarde el autobús de las dos y media, porque yo no soy mucho de bodas, y me lo estoy pasando tan bien que son las cuatro y media y me parece pronto".