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jueves, 3 de septiembre de 2026

Amelia

Tengo una hija que se llama Amelia. Es chiquitita, no solo porque tiene tres años, sino por su tamaño. A lo mejor es porque se adelantó tres semanas, o quizá porque sus padres tampoco son tan grandes, quién sabe.

Amelia tiene la cara redondita y rizos castaños que en verano se vuelven rubios como el trigo, y le gusta sonreír y dar besos, pero también correr y andar en patinete. Y jugar a la pelota, le encanta jugar a la pelota. Ya sea al fútbol, al baloncesto o a las palas de playa, puede tirarse horas. Cuando hay niños mayores jugando al fútbol se acerca y se queda absorta en el partido; a veces la invitan a unirse y luego se sorprenden de lo bien que se maneja. Es una niña de pelotas.

Amelia era un bebé muy tranquilo, no lloraba casi nada y dormía mucho rato. Estuvimos valorando cambiarle el nombre a Mari Paz. Pero eso fue antes de empezar a andar, y a correr, y a caerse de puro intrépida. Tiene ya varias cicatrices de esas que tienes que explicar a tus compañeros de universidad o de trabajo: un tajo en la oreja, que casi se la parte entera, recuerdo de nuestra mesa de centro; tres puntos en la frente al mero día siguiente, con la de mis padres; y dos puntos en la sien con una tumbona del patio de mis suegros. Por ahora no tenemos que lamentar nada más importante; toco madera.

Amelia es testaruda e independiente, como muchas mujeres de su familia, pero también empática y cariñosa. Le gusta mucho estar con sus abuelos, y con sus papás, claro, pero yo creo que lo que más le gusta es estar con su hermano. Como supongo que les pasa a todos los hermanos pequeños, tiene auténtica fascinación por él e imita sus comportamientos constantemente. Y él siente una mezcla de orgullo y celos: a veces la protege gallardamente y le enseña a dibujar o a bailar; a veces se pone nervioso porque ella se inmiscuye en su Dibujo de Dinosaurios Número 159. Pero claro, ¿cómo no va a querer participar de algo tan guay, Eneas?

Amelia es un sol que nos calienta cada día con su espontaneidad y su alegría. Cuando vamos a hacer un recado, la gente nos trata mejor, porque claro, quieren quedar bien con ella, quién no querría. Las vecinas en edad de ser abuelas, o el portero del edificio, se deshacen en carantoñas y zalamerías. Ella dice hola, Jojje, o adiós, Jojje, pero yo sé que en el fondo está pensando "vamos a ver, ¿dónde está la pelota?"

Ayer estábamos en el supermercado, cada uno con su carro de compra, y me dio la manita. Y yo pensé que poco más le puedo pedir a la vida, la verdad.





miércoles, 17 de diciembre de 2025

Y qué importa ser poeta, o ser basura

 En este prolongado entierro de mi adolescencia que comenzó en 2020, el último protagonista ha sido el inefable Roberto Iniesta, líder y alma de Extremoduro, que se fue hace hoy una semana. Muchos han sido los homenajes en las redes sociales, de faranduleros o políticos. Me chista que ensalzan su delicada poesía de los últimos años (sin duda, fantástica) y que las instituciones quieran ahora hacer ver lo mucho que lo apreciaban.

 La auténtica constante de la vida de Robe fue su rechazo al orden establecido. Y ese riff diabólico, esa transgresión, es lo que reverbera en nuestros corazones. Es lo que hizo que miles de jóvenes de los noventa no pudiésemos dejar de escucharlo, y que seamos ahora tan conscientes de que esa juventud ya se acabó. Y algunos miramos al suelo con tristeza y aún duele más verse las pezuñas pegadas al camino alquitranado.

 La gente de mi generación no creció oyendo material defectuoso en pabellones gigantescos con zonas VIP y pintas de cerveza a 12 euros. Nosotros crecimos gritando "¡¡Mierda!! ¡Qué mierda más gorda, qué asco de idealismos sociales! Qué asco de ilusiones, solo llenas de falsas esperanzas..." al son de sus canciones en radiocasetes en locales llenos de humo. Robe era puro punk; de la calle vino y la calle lo alzó al estrellato. Ni la Junta de Extremadura ni el Cabildo de Plasencia, ni TVE ni la SER le echaron un solo capote cuando empezaba, y solo cuando ya era el líder indiscutible del rock patrio le empezaron a hacer la rosca. 

 Y, por supuesto, la situación es análoga para los músicos actuales. El mismo Robe, al recibir la medalla de Extremadura, reclamó ¡locales para los jóvenes! Esos que "todavía no saben que son" creadores. Cuando ya llevaba 20 años de experiencia, lo único que había cambiado es que a él sí le hacía caso el establishment.

Son muchas las palabras del maestro que me vienen a la cabeza en contraposición a sus (sin duda, fantásticas) poesías citadas esta semana, pero creo que me quedo con estas: iros todos a tomar por culo.

jueves, 21 de julio de 2022

Paradise


 El otro día paramos en la playa de Patos a ver el sol ponerse junto a las Cíes. Os regalo una foto de la ocasión. 

Cafectuosamente: Nicola Cremoso

 


En junio estuvimos de viaje por Portugal y compramos café en el Pingo Doce. En concreto hemos probado ya el Nicola "Cremoso", que efectivamente resultó tener mucho cuerpo y, en seco, textura aterciopelada. De sabor también estaba rico, sin amargor, pero tampoco me sorprendió. En general, en Portugal nos ganan en el apartado cafés, y este diría que es gama media.

Por cierto, una cosa que me pasa mucho en casa de mis suegros es que si hago el café yo, mi suegra observa siempre que está especialmente rico. Yo le digo que lo que hay que hacer es cargarlo bien. Sospecho que a Julio no le encanta el café, puesto que a pesar de tener una cafetera muy atómica la llena poco y le sale aguado. Así que mi consejo a los cafeteros incipientes es: apretad el café bien en las cafeteras italianas o espresso, merece la pena. 

viernes, 25 de febrero de 2022

Dolores se llamaba Mimí

Dicen que, a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. 

- A los que aman (Isabel Coixet, 1998)

Ayer tomé el móvil al despertarme, con Eneas dormido al lado. Lo primero que vi fue un mensaje de mi madre de las tres de la mañana a toda la familia Hurlé: "a la una de la mañana se murió Mimí. Fue costoso pero rápido". Mi abuela sucumbió a la infección que la tuvo en la cama el último mes de su vida. Estuvo lúcida hasta el final, arropada por sus hijas e hijos, en su casa, en la habitación con las fotos de sus nietos, su bisnieto y su marido, los libros apretados en las estanterías y las gastadas camas de madera maciza. Los detalles aparentemente sin importancia es con lo que me quedo en situaciones dolosas...

María Dolores Mimí Eusebia Hurlé Álvarez de la Rivera, nacida en Avilés y la menor de seis pintorescos nombres de ópera, deja un hueco en nuestros corazones tan grande como su imponente estatura, disminuida por los años. Dentro de sus posibles, hizo lo que quiso con su vida, al menos la parte de la que yo fui testigo. Se dejó las canas hace treinta años, fumó tabaco negro hasta los ochenta y cinco, y cuando lo tuvo que dejar de verdad (no como las veces que lo iba a dejar pero en realidad no quería), lo dejó de golpe. No se tomó ni una pastilla hasta casi el final de su larga vida, y cuando ya estaba desahuciada médicamente aguantó con dignidad los dolores, manteniendo su genio ("eres muy necio", le dijo a su hijo hace dos semanas en mi presencia; "yo sabré lo que me conviene", apostilló) cuando, aun sin nadie decírselo, ya estaba claro que pintaban bastos.

Mi abuela tenía un carácter espontáneo, directo, rayando lo brusco. No era muy dada a los besos ni a los abrazos, salvo a mí y a mi hermana (y más recientemente, a mi hijo). Su cariño se expresaba de manera más prosaica, principalmente con cantidades copiosas de comida ("hice setenta y dos croquetas, tocamos a seis cada uno. Bueno, yo ocho, porque me comí dos mientras las hacía") y con elaborados jerséis, mantas, faldas y un sinnúmero de confecciones textiles que olían a humo de Ducados hasta el segundo lavado.

Ni por sabido, ni por previsible, duele menos; nadie quiere que llegue el día de decir adiós. Yo solo sé que la voy a recordar todos los días.

Adiós, abuela.

 



viernes, 10 de diciembre de 2021

Merry Christmas, Britain

As we approach Christmas, the nights get longer and the days colder, my mind goes back to my time in Malmesbury, Wiltshire. I invariably recall the dark evenings of late Autumn, our damp backyard, cozy house, Gareth's old car, Ben's old cat, the ivy on the Cotswold stones of our house and the neighbouring ones. Christmas in the Southern English countryside had a different feeling to that of the urban Spain I'm used to. It starts earlier than here, but it also ends earlier, with almost no celebrations in January (oh, how I rambled about the Three Wise Men, and how sneakily Arkham opened one of the gifts I had for that day laying on my room...). It's also more... Northern, for lack of a better term. It tastes of mince pies and mulled wine, instead of polvorones and cava, it smells of firesides and pub ales, it brings memories of snow, quietness and funny sweaters.

I never wrote about the good lot I met at Malmesbury. Long Charlie, with his good mood, who despite his long arms was in fact a very good climber; Adam who always came up with new plans and challenging questions; Sophie, who always smiled and got us hiking on each of her birthdays; Dan, always busy, always giving; Bhanu and Sonika, the most charming couple; María, who like me bore the flag of Galicia thousands of miles from it; Brian Roantree, who learned to climb with me; Paul and Sarah, who met me on my very first weekend and kept track of my story until the end, with an endearing postcard on my wedding; James, who has a true hoard of premium whisky almost only for inviting people; Andor and his odd high-spirited pessimism; big Adrián, who picked me up from the airport on the very first night and became a good friend; the rest of the Spaniards with whom I shared many  common experiences and funny accent; Adel, who taught me to count in Hungarian...

I recall amazing conversations with Ben about the wildest topics, over a couple glasses of wine, with Arkham purring in the middle. I remember Gareth cooking sauces for hours at a time while discussing science, and laughing at my attempts to teach him Spanish. Or the countless hours of boardgames with them and Tom and Juliet, the two kindest souls I ever met, literally incapable of saying a bad word. I remember dearly how good of a friend Ashley was, even though I often poked her for being so Britishly shy. I miss the prosaic, direct style of Nolan, who always had my back when I needed him; as I do the moments of revelation in the talks with Carlos Dorado, who made me reflect on so many things.

Then there was the people of my team: wry Andy who was probably the best boss I've had; lively Stu, who always supported me; and Matty, who at first I didn't understand but I realized in the end was so strong and sincere...

Many people in Spain wonder how I could be so happy in England, away from my girlfriend, just after Brexit happened, especially during the cold Winter nights. It was because I met a welcoming community of amazing people, who were open to foreigners (or foreigners themselves), eager to propose and partake in new experiences and extremely generous with their time and belongings. They included me in their plans, they drove me everywhere, they gave me a bed when I needed it, helped me with English, put up with my endless rants about language and geography, and made me feel loved. 

That's the Britain I got to know - the one that always comes to mind as we approach Christmas, when the nights get longer, the days get colder and you spend time with your friends and family.

Merry Christmas to all.

jueves, 7 de octubre de 2021

Qué edificio en ruinas ni qué niño muerto

En Vigo,  en la calle Rosalía de Castro, anexo al colegio Niño Jesús de Praga, hay un edificio a medio construir, desde hace, al menos, treinta años. La obra está absolutamente parada desde entonces (lo sé porque mis padres viven al lado desde 1991), siendo los únicos cambios la adición de algunos elementos protectores en caso de caída de escombros. Desde fuera se alcanza a ver algo de vegetación en los pisos inferiores. 


Lo siguiente es elucubración mía:

En algún momento de mi vida, ese edificio se derrumbará parcial o totalmente, causando la muerte a varios niños de entre tres y quince años, y quizás a alguna monja. El colegio quedará cerrado durante meses, con lo que el resto de niños perderán la mayor parte del curso, amén de vivir traumatizados en mayor o menor medida. A no ser...

A no ser que la alcaldía de Vigo tomase riendas en el asunto y actuase con todas las medidas a su disposición para resolver este potencial desastre público. 

viernes, 24 de septiembre de 2021

Winds of change

En febrero me quedé sin trabajo. En marzo empecé un curso de Inteligencia Artificial. En abril, después de que un par de personas apostasen por mí, empecé a trabajar en Borgwarner Emissions, Thermal & Turbo Systems, una multinacional de automoción con una sigilosa sede en Zamáns, Vigo. En junio, Eneas dejó Madrid y la adorada escuela infantil de los Gavilanes y se vino a Liméns con mis padres a pasar el primer mes de verano. En julio, Iris dejó su trabajo y nos mudamos definitiva y trabajosamente. En agosto, Iris consiguió trabajo en Bimba y Lola, como arquitecta, sí, tienen de eso. En septiembre, mes luctuoso, Eneas empezó la guardería en Vigo.

Además, llevamos tres cuartos de año con una nevada monumental, lluvias torrenciales que se lo llevan todo, un volcán en erupción y una pandemia que no acaba. Me pregunto, ¿qué nos depararán estos tres meses que quedan?

lunes, 19 de abril de 2021

 Dice "tchis" y sonríe pícaramente, mientras avanza vacilante, agarrándose a una mesita o a un radiador, hacia su objetivo. Su meta es acaso un mando a distancia, acaso una miguita de pan que distingue hábilmente desde la distancia, o tal vez una Cosa Nueva que es necesario Explorar, Tocar y Morder. Mamá y Papá vigilan con sus propias sonrisas, atentos a un paso en falso que pueda acabar en caída propia o ajena. De repente se abre la puerta y entra la Abuela, o la otra Abuela, o el Abuelo, o incluso el Abuelo, y Eneas grita de emoción: "uuuu-uuu", y le brillan los ojos mientras agita todo el cuerpo. El visitante corre hacia él, provocándole inmensas carcajadas con las que enseña los dientes, los asentados y los incipientes. Si le ofrecen las manos, las agarra con las suyas, fuertemente, y da pasitos hasta pisar las extremidades de su víctima, abrazándola y acercándole la cabeza, como se besan los leones.

martes, 2 de febrero de 2021

La azotea


La azotea de mi edificio, donde están los trasteros y los aparatos de aire acondicionado, mira al oeste, como la ventana de la cocina de mi abuela. En la azotea nunca hay nadie, aunque a veces hay ropa tendida de nuestros vecinos, que tienen un niño algo mayor que Eneas. Entre sábanas y pantalones ondea la ropita de Nico, jugueteando en el aire fresco.

Allí arriba siempre hay tranquilidad: los ruidos de los coches suenan distantes y amortiguados, como si estuviesen muy lejos. Y, como nunca hay nadie, es un buen sitio para leer, o para mirar a lo lejos y pensar. 

Desde la azotea se puede subir aún más, por una escalerilla de servicio, para mirar en todas direcciones. Se ven los rascacielos de Plaza de Castilla muy cerca, se ve la Torre Picasso, se ve mucho Madrid y algunas cosas que no son Madrid. Al noroeste, en el horizonte, está la sierra, muchos días entre la bruma, otros nítida, siempre apetecible.





miércoles, 30 de septiembre de 2020

Kant y la ética de los ingenieros

Cuando tenía diecisiete o dieciocho años, en clase de filosofía de segundo de Bachillerato, descubrí a Immanuel Kant. Prácticamente todo lo que sé de filosofía se lo debo a ese maravilloso profesor, Jorge Pérez Yagüe, un auténtico sabio que podía explicarnos la teoría de la Relatividad o la teología de San Agustín indistintamente. Años después intenté leer la Crítica de la Razón Práctica, en dos ocasiones. La primera vez no pasé de las primeras páginas; la segunda aguanté cien páginas antes de sucumbir ante la horda de oraciones subordinadas, no sin antes comprobar por mí mismo la extraordinaria profundidad de las tesis. Por tanto, en todo lo que sigue, sabed que he leído las fuentes, pero me fundamento en las enseñanzas de mi profesor.

El pensamiento de Kant tiene dos puntos principales: la deconstrucción del funcionamiento de nuestro pensamiento (la razón pura) y la aplicación de nuestro pensamiento de manera práctica (la razón práctica); la segunda de ellas se considera la moral kantiana y es de la que quiero hablar.

La razón práctica, discutida de modo impecablemente pedante en la crítica del mismo nombre, se puede resumir en un "imperativo categórico" expresado de dos modos equivalentes;  uno de los cuales reza así:

Actúa siempre de modo que tomes a la humanidad, tanto en otros como en ti mismo, como fin y no como mero medio.

La otra enunciación del imperativo categórico es algo más compleja, pero viene a decir "trata a los demás como quieres que te traten a ti", con el corolario "no seas capullo y finjas que crees que esta cosa loca que solamente te gusta a ti les va a gustar a los demás". En fin, creo que la idea está clara. Lo interesante del pensamiento kantiano es que esta regla moral no está supeditada a un fin. Es decir, no es una llave con la que acceder a un premio, ni un consejo para triunfar en la vida. Es, simplemente, lo que Kant considera que es la mayor expresión posible de libertad de un ser inteligente; la única manera en la que se puede actuar si uno sigue un proceso lógico. Es, por tanto, una conclusión lógica basada en la razón, es decir, una verdad. A no ser que podáis encontrar fallos en la lógica de Kant (buena suerte en esa labor).

En mi (admitámoslo, corta) vida laboral me he encontrado con numerosos ingenieros e ingenieras ideológicamente agnósticos. Que consideran que todos los políticos son iguales, y el ejercicio de la política, estéril. Que piensan que los problemas de los países se resuelven con tecnócratas que trabajen duro (muchos ingenieros en España piensan que trabajar muchas horas es sinónimo hacer bien su trabajo) y con fríos conocimientos técnicos. Que desprecian las humanidades: la historia, la filosofía, la lengua y la literatura; aunque abrazan la seudociencia social de la Economía mediante el sempiterno MBA. Que no leen nada que no sea un manual, porque consideran que es una pérdida de tiempo.

Curiosamente, muchos, si no todos, estos ingenieros e ingenieras, han pasado por un proceso educativo extremadamente estricto (yo mismo he estado en exámenes con 66 % de suspensos, la mitad de los cuales eran ceros); la mayoría de ellos han estado un par de años más en la carrera de lo que esperaban cuando la empezaron. Y ese proceso toma mentes ya de por sí bien formadas y las educa en el rigor hasta el punto de la neurosis, en materias extraordinariamente complejas para cuya superación no es suficiente con hacerse una idea general. Es llamativo que este viaje deje a los egresados libres de todo espíritu crítico en el contexto moral y de humanidades, salvo el bagaje que cada uno tuviera cuando comenzó la carrera.

La gran mayoría de ingenieros e ingenieras que conozco es perfectamente capaz, desde el punto de vista intelectual, de entender a Kant (o, al menos, de entender el mensaje, explicado por un profesor de filosofía). También es capaz de discutir sus conclusiones y la aplicación práctica de su imperativo categórico. Y sin embargo, a menudo, este colectivo desdeña las consideraciones éticas por considerarlas poco prácticas o incluso irrelevantes. Y personalmente, sospecho que tiene mucho que ver con el pensamiento neoliberal, a cuyos proponentes no les interesa que la ética se interponga en el camino al dinero. Al patrón no le interesa que sus trabajadores cualificados piensen demasiado en la ética de sus actos, sino que produzcan ese trabajo puramente técnico y tremendamente lucrativo. Sobre todo para quien extrae la plusvalía: el precio de la hora de ingeniería tiene una distribución asimétrica respecto al aporte de valor.

Mi mensaje a mis compañeros de fatigas en el campo de la ingeniería es el siguiente: sois parte de la intelligentsia. Las humanidades, y en particular la ética, son campos que os esperan con los brazos abiertos, si los tratáis con el mismo respeto que al Álgebra de primero de carrera. Y, del mismo modo que parecía que eso de las matrices no iba a ningún lado, pero luego resulta que todo en ingeniería es invertir matrices de autovalores de 30 x 30, creo que concordaréis conmigo en que, en la vida, todo es aplicar el imperativo categórico de Kant. Es vuestra responsabilidad como individuos pensantes, y realmente es el pleno ejercicio de vuestra libertad individual, el actuar de modo que toméis a la humanidad, tanto en otros como en vosotros mismos, siempre como fin y nunca como mero medio.

domingo, 7 de junio de 2020

Cafectuosamente: Marcilla y Bonka


El primero de los cafés de esta entrada es el Marcilla Gran Aroma, de tueste, por supuesto, natural. Nos terminamos el paquete y aún no sé a qué sabe. Nuestra conclusión es que es café. Sin embargo, es anodino, incluso un tanto insípido. Me parece muy apropiado para una oficina en la que la gente, cuando le preguntas "¿qué tal?", te contesta "aquí, de lunes", antes de dar un sorbo a su café con cuatro píldoras de sacarina y continuar su presentación de Power Point.

El paquete, eso sí, es muy cómodo.


El siguiente café comienza con el hándicap de ser una marca de Nestlé, Bonka. En general, huimos de los productos de Nestlé, porque la multinacional suiza es el mal, pero este café asegura ser de cultivo sostenible y tiene varios sellos de sostenibilidad. En aras de completar el estudio, decidí probarlo. Y cuál no sería mi sorpresa al ver que es uno de los mejores que hemos probado. Muy suave, con mucho cuerpo y con un matiz que yo llamé chocolatoso, pero el paquete dice que es de madera, y en cualquier caso está muy rico. Me da pena que no vaya a poder ser este el café que tome habitualmente, porque me ha gustado tanto como el Colombia de Hacendado.

Hasta la próxima y recordad: ¡café hervido, café perdido!

sábado, 6 de junio de 2020

No spicy


Acabo de hacer poha para desayunar. La poha es un aperitivo marati (de Maharashtra, el estado indio al que pertenece Bombay), que me chifla y que me resultó muy difícil de encontrar en nuestro último viaje. Por suerte, me traje varias bolsas del ingrediente principal, que son copos de arroz deshidratados. Hace años que los traje de India, y ocasionalmente los cocino. He pensado en compartir mi receta. Se puede tomar en cualquier momento del día, y si nunca habéis desayunado picante, es sorprendentemente agradable en días de calor como el de hoy en Madrid.

Lo primero es conseguir los copos, o un sustituto. Desconozco si se venden en España, y tiene pinta de que sean un poco complicados de hacer en casa (son granos de arroz ya cocido, aplastados y deshidratados). Se me ocurre que se pueden sustituir por arroz largo, cocido del día anterior y atemperado.


Suponiendo que tengáis los copos, hay que hidratarlos (en un colador bajo un chorro de agua) y reservarlos.

En una sartén, puse un poco de mantequilla a derretir, y en cuanto estuvo líquida añadí una cucharada de cominos enteros. Ojo con los cominos que se queman enseguida. Luego, corté cebolla* (en este caso roja porque era la que tenía, da un poco igual) en cachos pequeños y la añadí, al igual que dos cayenas machacadas. En palabras de Iris, esto le dio "el toque de picante perfecto", pero, claro, ella vivió en India. Para el español medio, seguramente estuviera absurdamente picante para un desayuno. Si no te gusta mucho el picante, sugiero poner las cayenas enteras y retirarlas antes de servir.

Cuando la cebolla se doró, añadí un puñado de cacahuetes. Solamente al final se echan los copos de arroz, y yo también aproveché mi fondo de armario oriental para añadir una cucharada de garam masala. Que si no tienes, no pasa nada (puedes conseguir un efecto similar con pimienta, nuez moscada y clavo).

Recordad que para ser auténtico, se ha de comer con la mano, en cuyo caso no os toquéis la cara luego, que lleva cayena. Recomiendo acompañar con masala chai hirviendo bebido en vasos de chupito.

Namastë!

*En India también comimos a veces aloo poha, que cambia la cebolla y cacahuetes por patata, pero a mí me gusta menos.


domingo, 10 de mayo de 2020

Cafectuosamente: Hacendado Espreso Crema Crema

El domingo pasado, como concesión por el día de la madre, preparé un descafeinado en la cafetera italiana. La otra opción de descafeinado es esa ponzoña de los sobres, que debería estar prohibida. La marca vuelve a ser Hacendado y el sabor es "3-Medio".


No sabía a nada especial, pero confirmo que es café. Incluso engañó a la adicción.

Por otro lado, este fin de semana hemos empezado otro paquete más de Hacendado:

ya viene pisando fuerte: "CREMA CREMA"
En cuanto lo abrí, quedó claro en seguida que se trataba de otro nivel a los dos anteriores. Para empezar, el olor es más penetrante y más apetitoso. Además, la molienda es más fina, casi como canela:

casi como CREMA CREMA
Este, al igual que los dos anteriores, lo tomé con leche Únicla (vacas felices) entera (arterias felices). Es el primero que me ha gustado de verdad. Un sabor intenso a café de verdad, sin matices agrios y con fuerza. ¡Hurra! He podido establecer una comparación. Seguro que si sigo así convergeré al café perfecto.

sábado, 2 de mayo de 2020

Cafectuosamente

Hola, soy Enzo Garabatos y soy adicto al café. Si no me tomo uno por la mañana estoy medio idiota hasta la hora de comer, y si no me tomo el de sobremesa no soy capaz de aguantar una reunión. He llegado a la conclusión de que no tengo que tomar cartas en el asunto, ya que no tiene contraindicaciones (al menos tomando tres al día como tomo yo). Además, si lo dejase y me desintoxicase, volvería a hacerme adicto en tres cafés. Prefiero la vida con café.

Sin embargo, para ser tan cafetero, no tengo nunca muy claro qué marca comprar. Hay un par de ellas que compro por inercia (Saimaza o Marcilla), y a menudo compro cafés por el hecho de ser fairtrade, respetuosos con la naturaleza y los productores, ya sabéis. Mientras viví en Inglaterra era básicamente mi vara de medir; en España esa "moda" no ha llegado y no hay facilidades para comprar este tipo de productos. Pero llegará, que ahí hay negocio.

En fin, que he decidido, por mi propio beneficio, empezar a evaluar los cafés que compro y tomo en casa, aunque solamente sea para poder decidir cuál me gusta más. Vaya por delante que todos estos cafés han de ser de tueste natural (ni mezcla ni, mucho menos, torrefacto. El torrefacto es veneno), y que los hago en una cafetera italiana como dios manda, nada de nespresos ni mierdas. Las cafeteras semiprofesionales de café espreso son muy guays pero yo no tengo ni considero que sean necesarias para hacer buen café. La cafetera Bialetti es perfecta, en su sencillez, elegancia y funcionamiento.

Por otro lado, tomo el café con leche, largo de café. Leche de vaca. Para la gente preocupada por el bienestar de las vacas lecheras, sabed que comparto tal preocupación, habiendo visto de cerca las instalaciones ganaderas de Asturias. Por eso, hace un año y algo que compro leche de vacas "felices", o al menos que hagan gala de ello en el envase (perdonadme si no hago una campaña de investigación sobre las etiquetas de bienestar animal, eso lo dejamos para el año que viene). En cuanto a la gente que le echa "leche" de soja, pues allá vosotros, sarna con gusto no pica.

Sin más preámbulos, hablemos del primer café, que por ninguna razón en particular es de marca Hacendado, línea "Colombia", variedad "2 - afrutado y equilibrado". Preparado para la sobremesa de hoy y tomado con leche Unicla.

Bialetti OG
Afrutado, afrutado, no sé yo. Me parece un poco agrio. No me fascina; de hecho, me he tomado la taza entera mientras escribía esta entrada, prácticamente sin enterarme. Supongo que me ha quitado el mono.

Lo que es inaceptable es que el abrefácil se ha roto al abrirse. Aquí va un consejo para los diseñadores de envases: renunciad al abrefácil. Prefiero que sea difícil y vaya de cara, que el engaño de que va a resultar fácil. Me cago en mis muertos.

Hala, cuando abra el siguiente paquete compararé.

viernes, 3 de abril de 2020

Eneas

Era la hora bruja cuando lo vi por primera vez, después de un largo y extraño día en La Paz. Corrían los tiempos de la cuarentena, y todo el mundo llevaba mascarillas sanitarias que daban un calor insoportable. La espera había sido larga y el desenlace fue largo también en la noche que conocimos a Eneas.

Yo trataba de estar a la altura de las circunstancias y me enorgullezco de que no me pudieran los nervios, ni el cansancio. La última noche, entre las escapadas nocturnas de Iris, el calor y darle vueltas a la cabeza, apenas había dormido cuatro horas. El conductor que nos había traído a La Paz esbozó un rictus de disgusto al ver dos pasajeros (la cuarentena impide viajar excepto en solitario, salvo casos de fuerza mayor), hasta que comprendió nuestro motivo. Ese fue el único momento de contrariedad que yo me encontré hasta el temido momento de los empujones. El resto del día, a decir verdad, había sido mucho menos trepidante de lo que yo esperaba.

En el paritorio, al caer la tarde, todo se aceleró y cobró un cariz más visceral. Epidural, líquido amniótico de la ruptura de la bolsa, contracciones fuertes y una dilatación tan veloz que sorprendió a la propia matrona, pujos, sudor, sangre, esfuerzo. Fue entonces cuando empecé a tener miedo: ¿por qué tarda tanto? ¿Se está haciendo daño ella? ¿Se está haciendo daño él? ¿Tendrán que llevarla a quirófano? ¿Va a salir todo bien?

Entra y sale la matrona, vienen auxiliares con ominosas herramientas de frío metal y un manantial de gasas verdes, sale y entra la matrona, pujo tras pujo tras pujo, vienen dos ginecólogos, son muy jóvenes, ella empuja y se oyen las herramientas trabajar rápidamente, el ginecólogo pone su mano sobre la barriga de ella y empuja también, pujo, asoma una cabecita, pujo, pujo, y una masa de carne rosa, se diría que humeante, se precipita sobre ella, auxiliares lo limpian con paños calientes y ella, que se estaba rompiendo hace un minuto, que ha hecho el mayor esfuerzo que he visto hacer nunca, en ese momento, en la hora bruja, canta con una voz tan pura de alegría, tan tierna, tan desprovista de cansancio, dolor o incluso el recuerdo de este mediante el alivio:

"¡Hola! ¡Mi amor! ¿No querías salir? ¡Qué guapo eres!"

Con suavidad, la limpian, la curan, y como los tramoyistas de un escenario mágico, van desapareciendo en la noche, dejándonos solos a los tres. A ella, a mí, y a Eneas.


martes, 24 de marzo de 2020

A ambos lados de Tutatis

Se murió uno de los últimos baluartes del cómic francófono. Albert Uderzo se ha ido a los 92 años con Charlier y Giraud (Teniente Blueberry), Morris (Lucky Luke), Peyo (los Pitufos), Franquin (Spirou y Fantasio), Hergé (Tintin) y su inolvidable compañero René Goscinny. Astérix y Obélix están huérfanos de lápices y voz.

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Salut, Albert! Bienvenue au ciel! (Getty images)
El cómic francobelga en general, y Astérix en particular, han sido una constante en mi vida desde que aprendí a leer. Mi padre tiene todos los álbumes de Astérix, y mi tío Rafael prácticamente todos los de Tintín; desde bien pequeño yo sacaba los Lucky Lukes de la biblioteca de Soto de Luíña o la del Fontán de Oviedo, acompañado de mi abuelo o de mis tíos; ya algo mayor y por mi cuenta me aficioné al crudo realismo de Giraud y Charlier en Blueberry. Junto al romántico Príncipe Valiente de Hal Foster, la mayoría de estos títulos tenían en común, y en contraposición al cómic americano, la autoría continuada por parte del mismo equipo creativo (especialmente en el caso de Astérix y Tintín, hasta hace bien poco). Esto implica una acusada personalidad de las creaciones, intrínsecamente ligadas a la de los artistas. En los casos en los que el o los autores originales pasaban la batuta, lo hacían, normalmente, a una nueva generación debidamente adiestrada e instruida en el respeto al material original, cosa que en los tebeos de Marvel brilla por su ausencia.

Astérix y Obélix me han acompañado en todo momento, siendo el cauce habitual de complicidad con mi padre. A lo largo de numerosos viajes por Europa, caminábamos sobre las huellas de nuestros héroes, recitando diálogos de sus aventuras, intentando encontrar las tonterías de Camaracum y el bosque de los Carnutes. El genial dúo narrativo de Goscinny y Uderzo consiguió producir una obra que se mantiene fresca cuantas veces la leas, desde la más tierna edad hasta la más madura. Cada lectura permite encontrar un matiz, un juego de palabras, un guiño, un detalle pictórico nuevo. A medida que crezco, descubro mensajes nuevos en estos tebeos, sin que esos mensajes hicieran que, a los seis años, me apasionasen menos.

Hoy brindaré a la salud del cómic francés, de Astérix, Obélix y sus maravillosos creadores. Por Tutatis, Belenos y Belisana.

Repose en paix, Albert, René; on ne vous oubliera jamais. Merci pour tant de bons moments.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Consecuencias

Decía el lunes que esta crisis podía tener consecuencias positivas para nuestra sociedad. Algunas de ellas no se están haciendo esperar: en Madrid, la boina de contaminación se está haciendo más liviana y se duerme mejor porque hay más silencio. En Venecia, los canales están más claros y se han llenado de peces y cisnes. En Cerdeña, han vuelto los delfines a los muelles al reducirse el tráfico de ferris. Y, al parecer, las omnipresentes casas de apuestas que han proliferado en los últimos años corren el riesgo de quebrar.

Sirvan estos ejemplos de reflexión sobre lo mucho que hemos cambiado el mundo y lo poco que lo apreciamos día a día. Bueno, y los locales de apuestas que se vayan a la mierda.

lunes, 16 de marzo de 2020

Campechanía

Nos hemos enterado estos días de que Juan Carlos I el Campechano se lucró [presuntamente] ilegalmente con sus contactos en Arabia Saudí. Bueno, lo hemos confirmado [presuntamente], porque cualquiera con dos dedos de frente se lo podía imaginar. El tipo, incluso, [presuntamente] le dio un buen pico a su amante, la cual ahora le acusa de amenazas para que no lo contara.

La noticia acaso más sorprendente es que el siguiente Borbón, Felipe VI el Preparado, ha renunciado a su herencia (o a la parte "cuyo origen pudiera no estar en consonancia con la legalidad", que es una forma muy larga de decir "ilegal"), y le ha cortado el grifo a su viejo. Que ya era hora. Al parecer también, el Preparado conocía estos hechos desde hace un año, razón probable por la que el Campechano no tiene actividad institucional desde mayo de 2019, según él mismo se ha encargado de recordar en el comunicado de la Casa Real.

Os recomiendo leer las reflexiones de Nacho Escolar a este respecto. Las más interesantes para mí son el hecho de que el público general se entere ahora, en plena PANDEMIA!, y el que no se puede renunciar parcialmente o prematuramente (es decir, antes de la defunción que la ocasiona) a una herencia. Lo segundo significa que el Preparado solamente ha expuesto una declaración de intenciones, un "no pasa nada, yo controlo", sin ninguna validez legal.

Lo primero, es de suponer, es una manera de mitigar el impacto de esta noticia. Para empezar, puede que pase desapercibida para alguna gente concentrada en la cuarentena y en su estado de salud o el de sus seres queridos. Para continuar, incluso quien se indigne a este respecto poco puede hacer más allá de expresarlo en redes sociales. Obviamente, no habrá ninguna manifestación en contra de la monarquía. Por otro lado, los políticos no están ahora para hablar de este tema (bueno, a lo mejor los chalaos que mandan en Cataluña sí), con la responsabilidad que tienen ahora mismo sobre los hombros.

Sin embargo, entroncando con lo que dije ayer, la población española está ahora mismo en la jornada de reflexión más larga de la historia. Todos estaremos en casa quince días pensando en lo que queremos hacer al salir. La meditación ante la adversidad también incluye el juicio de los que se suponen representantes de todos los que la sufren. Me pregunto si en unos meses no nos acordaremos de que en Zarzuela nos amenizaron la primera jornada de cuarentena con relatos de corrupción y nepotismo.

A menudo, hablando sobre la República, me dicen que ese sistema costaría tanto, si no más, que la monarquía. Al margen de la verdad de esta afirmación, suponiendo que no se pudiera diseñar un sistema que ahorrase dinero, me parece que se pierde de vista un principio importante: lo que ganaríamos en dignidad.

domingo, 15 de marzo de 2020

Coronavirus

El miércoles o el jueves salía yo de trabajar y hacía un día estupendo. Sol sin quemar, los almendros en flor, multitud de pájaros (algunos poco frecuentes como verderillos o carpinteros rojos), y calma. Ya habían cerrado las universidades y colegios, pero aún no nos habían puesto en cuarentena, por lo que se veía gente por la calle, pero poca. La sensación general era de precavido sosiego.

En ese momento me embargó una inexplicable felicidad. Tras semanas duras en el trabajo, por motivos que no vienen al caso, llevaba un tiempo deprimido. Me notaba muy cansado al final de cada día y desde luego estaba preocupado, pagándolo a menudo con la pobre Iris, que ya tiene bastante llevando a Eneas dentro. Y sin embargo, la epidemia de coronavirus, de algún modo, puso las cosas en perspectiva. Ya no parecían tan graves mis problemas cotidianos, en parte; por otro lado, me pareció una vivencia insólita y fascinante.

No quiero frivolizar con el riesgo que entraña la pandemia. Sin embargo, creí ver en ese momento la oportunidad para nuestra sociedad de librarse de lo accesorio y valorar lo imprescindible, lo que nos hace humanos. La solidaridad. La alegría. Las ganas de hacer feliz a los demás. La perseverancia.

Por no hablar de lo sano que puede ser tener tiempo para meditar, leer, hacer trabajos manuales, preparar habitaciones de bebé... en definitiva, pausar y pensar.

Creo sinceramente que nuestra sociedad saldrá de esta más sana.